El regreso de LaLiga forzaba al Barcelona a ejecutar otro despliegue concentrado en la visita del Celta al Camp Nou. No querían los catalanes repertir pinchazo tras el empate cosechado en Mestalla y evocar esperanza a sus perseguidores madrileños. Pero le costaría tomar temperatura al envite. Con Sergi Roberto y Jordi Alba como carrileros largos, Busquets era el único mediocentro de un rombo medular que hacía figurar a Iniesta y Rakitic como interiores y Paulinho como falso mediapunta. El posicionamiento y la capacidad de mantener el cuero de los gallegos trompicaría la salida del gigante.
Sólo alcanzó el líder a lesionar a Sergi Gómez en la primera acción (Luis Suárez se ganó la amarilla al provocar un fallo en la anatomía del central) y a lanzar dos contras sobre la meta de Rubén. La primera llegó en el sexto minuto. Messi tomó el cuero en su territorio y cambió el ritmo para desbordar hasta a cuatro defensores, en vuelo, y terminar chutando sin éxito. En el segundo acercamiento contragolpeador, Suárez estrenaría los guantes del portero visitante al cazar otra transición algo desconectada del resto de líneas. Y es que el Celta de Unzué le discutió la posesión al favorito desde el pitido inicial.
El precoz infortunio del joven central devolvió al verde al titular Cabral para cimentar una zaga que contaba con Wass como pareja de Jordi Alba (improvisado lateral) y Hugo Mallo en el perfil diestro. Pione Sisto y Brais Méndez, los extremos celestes, dañaban a sus rivales y eran los principales argumentos de desequilibrio visitante. Su circulación controlaría el ritmo global aunque no generaría inquietud a Ter Stegen. Pero cuando se quemó el minuto 20 los azulgrana ya habían arrebatado el mando y recluido a los vigueses a asumir el modelo de cierre y salida. Con la defensa y su centro del campo tratando de colapsar, en su campo, los pasillos centrales por los que discurre la creatividad de Iniesta y Messi -únicos portadores del pase distinto-.
Pero cuando se estaba constatando el cambio de riendas, Paulinho perdió la pelota. Wass lanzó un pase sensacional al espacio que retrató a Piqué. Iago Aspas culminó la contra venenosa comn un pase que Maxi Gómez remató para el desvío salvador de Stegen. El propio Aspas cazaría el rechace para abrir el marcador -minuto 21-. Pero dos minutos más tarde, la respuesta blaugrana resultó letal. Messi, Suárez y Paulinho dispararon una combinación vertiginosa en la frontal rival y el argentino empataría con un zurdazo que Rubén, fallido, no supo sacarse del cuerpo -minuto 23-. La astucia táctica del Celta y la calidad asombrosa del 10 local confeccionaron un chispazo delicioso.
Hasta el descanso demostraría consistencia sin balón un Barça en asedio. Messi se estrellaría en el poste -minuto 30- después de que Rakitic -en dos oasiones-, Luis Suárez y Jordi Alba no acertaran en el tino final. Los gallegos yacían encerrados. El intercambio de golpes había puesto en preaviso a la vigilancia tras pérdida catalana y en éste, su mejor tramo coral, el espacio de la mediapunta, a la espalda de Jozabed y Lobotka, supuso el escenario ideal para Lionel, el delantero charrúa, Rakitic o incluso Paulinho. Ese era el punto clave para derrocar la resistencia en estático celtiña. Las circulaciones en la frontla visitante eran permanentes y sufrían los vigueses.
Messi regalaba a la tribuna instantes resplandecientes de fútbol técnico al tiempo que Busquets y Umtiti se agigantaban. Y Rubén sostendría a sus compañeros al detener un remate de Paulinho potente al centro de Rakitic -minuto 37-. Perdería concentración y lucidez con pelota un Celta que se limitaría a ganar el descanso. Refrescaron la argucia de la presión elevada para trompicar el devenir pretendido por Valverde y lo conseguirían. El 65% de posesión local no se traduciría en más chuts nítidos. Y una salida postrera de Pione, con Wass y Méndez como acompañantes, forzó a Piqué a sacar lo mejor de sí para evitar el remate de Máxi Gómez. El improvisado lateral eslovaco lanzaría fuera de diana en la última contra del primer actro. Todos sus participantes entendieron que el tú a tú estaba servido. El 1-1, sin más goles, sólo era resultado de una mera coincidencia.
Iago Aspas y Pione Sisto proseguirían su labor de desestabilización cada vez que recibían el cuero. Exigían estas dos piezas concentración total al repliegue coordinado culé y los visitantes empezaron la reanudación como comenzaron el enfretamiento: presionando arriba y compitiendo por la posesión. Una propuesta arriesgada que a punto estuvo de costarle caro, pues Paulinho se adentró en el área, superó a Rubén pero disparó, angulado, al lateral de la red -minuto 48-. El combate entre iguales seguía vigente.
Por ello, el Txingurri entendío que necesitaba alzar las revoluciones y la velocidad combinativa. En el 57 sentó a Iniesta y dio la alternativa a Denis Suárez. No había brillado el manchego y la mayor frescura y velocidad del joven pujante era el elegido para descomprimir el ajedrez y los tres puntos. Pero la influencia de Aspas revirtió en la anestesia del ritmo. El sistema de Unzué se adueñaría del cuero y del territorio, presionando y gestionando bien el esférico. De esta manera empezaría a jugar con la paciencia de un Barça arrinconado a jugar a la contra. Sin embargo, cuando Roncaglia esperaba en la banda para entrar por el joven Méndez -Wass subiría al mediocampo para trabajar más la profundidad-, Messi y Alba ejecutaron su jugada de toda la vida. El lateral ganó la espalda a la retaguardia oponente y cedió para que Suárez rematara a gol -el primero en casi tres meses en Liga y en casa, en el minuton 62-.
Otro chispazo de otro partido, excepción en la ausencia de juego de toque colectivo, allanaba el terreno blaugrana. Pero el Celta no iba a frenar su ambición a esa altura. Aspas se topó con Stegen en el 67 y Jordi Alba evitó el mano a mano incipiente de Wass con el meta germano. Pero nada pudieron hacer ambos para evitar que Iago rompiera a Umtiti -literalmente, se lesionó el francés muscularmente- y centrara para que Maxi Gómez rematara a las mallas el empate -minuto 70-.
A un cuarto de hora para el final Vermaelen y Alcácer entraron. El primero por el infortunado central francés y el segundo por Rakitic. Y Piqué estuvo a punto de marcar, pero el pase de Messi brillante y el regate a Rubén no concluyó en un chut entre palos. La contrarreloj estaba destada para un Barça obligado a no dejarse nada este sábado. Unzué eligió el minuto 84 para sustituir al apercibido Jozabed y sacar al campo al Tucu Hernández. No despegaba el asalto final barcelonés. De hecho, Stegen salvó a su equipo con una parada meritoria ante el nítido lanzamiento de Pione Sisto.
El desenlace aceleraba el paso del minutaje contra los intereses azulgrana. El Celta mantuvo su buena conservación del cuero y complicó la maniobra final de un Barça acuciado por la presión agresiva de los vigueses. Y la pérdida de tiempo se añadió a las faltas tácticas en la receta de los celtiñas para convertirse en el primer equipo que no pierde en Liga y en el coliseo barcelonés en un año. Alcácer perdonaría la más clara y Lionel mandaría fuera una falta en la frontal que supuso la última acción. Con este empate imprevisto, la brecha culé se desinfla y Messi y Stegen esta oportunidad no fueron suficientes para maquillar la densidad del colectivo.
- Ficha técnica:
2 - Barcelona: Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti (Vermaelen, min.71), Alba; Rakitic (Alcácer, min.78), Busquets, Paulinho, Iniesta (Denis Suárez, min.53); Messi, Luis Suárez.
2. Celta: Blanco; Wass, Sergi Goméz (Cabral, min.4), Fontàs, Mallo; Lobotka, Jozabed (Pablo Hernández, min.84), Brais Méndez (Ronclaglia, min.63), Sisto; Aspas, Maxi Gómez.
Goles: 0-1, min.20: Iago Aspas; 1-1, min.22: Messi; 2-1, min.62. Luis Suárez; 2-2, min.70: Maxi Gómez.
Árbitro: Mario Melero López, del comité andaluz. Mostró cartulina amarilla a Luis Suárez (min.1), Roncaglia (min.74), Jozabed (min.80), Vermaelen (min.83), Rubén Blanco (min.85), Wass (min.86), Pione Sisto (min.88) y Hugo Mallo (min.90+).
Incidencias: partido correspondiente a la decimocuarta jornada de LaLiga Santadner, disputado en el Camp Nou ante 63.208 espectadores, en un mediodía gélido en Barcelona.