Opinión

Flandes catalán

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 02 de diciembre de 2017

Buena intención a ilustrarse mostró Carles Puigdemont cuando, hace unos días, acudió a la Ópera de Vlaanderen en Gante. Buen gusto mostró tanto a la hora de elegir la compañía, su abogado Paul Bekaert, como a la hora de aceptar la invitación a la obra El Duque del Alba de Gaetano Donizetti. Puigdemont fue invitado por Aviel Cahn, el director artístico de la Ópera, para quien esto fue una llamada a la “reflexión” sobre la crisis catalana, ya que para Cahn los acontecimientos del siglo XVI y la crisis de hoy tienen un paralelismo obvio.

Sin duda, Puigdemont estaría de acuerdo con Cahn quien llamó aquellos acontecimientos “la ocupación española de Flandes en el siglo XVI” y “la lucha por la autonomía de los flamencos frente al Duque de Alba”. La opera de Donizetti, escrita en 1839, inacabada y estrenada 40 años después de la muerte del autor, fue la base de la opera de Verdi Les vêpres siciliennes, que trata de la ocupación francesa de Sicilia en 1282. El duque de Alba que vio Puigdemont es una obra fuertemente marcada por el romanticismo, donde vemos a la hija del rebelde conde Egmont enamorada del hijo (desconocido) del Duque. Cuando el duque de Alba descubre que tiene otro hijo, le vemos como un padre cariñoso, pero con otros es un “loco furioso” y tirano, cuyo principal motor es su crueldad.

Aunque Puigdemont y Cahn tengan algo de razón al señalar el paralelismo entre la actual Cataluña y el antiguo Flandes español, desgraciadamente para ellos, las coincidencias que pueda haber entre ellos no van en el sentido que ellos quisieren. Desempolvemos los archivos para ver más allá de las interpretaciones románticas y semi-indocumentadas de aquellos sucesos. Uno de los primeros tópicos es la “ocupación” española de Flandes que empezó siglos antes del duque de Alba y de Felipe II. El abuelo de Felipe II, Felipe el Hermoso se casó con la hija de los Reyes Católicos, Juana la Loca, por lo cual la Corona de Castilla heredó Flandes en el siglo XV. Sin embargo, los lazos entre las coronas comienzan mucho antes, como consecuencia de los intereses económicos y políticos que existían entre ambos territorios. Ya en el siglo XII, los talleres de Brujas elaboraban los ricos tejidos de la la lana castellana que llegaba en ingentes cantidades. Muchas distinguidas familias castellanas se instalaron en Flandes y dejaron numerosos edificios donde habitaban. El futuro Carlos V fue criado y educado allí.

El mito de la ocupación y de la brutal opresión no aparece sino en el siglo XVI, el siglo de la lucha entre Reforma y Contrarreforma. Ese mito es una brutal mentira. Jamás hubo ocupación de España. Flandes fue lugar estratégico para los protestantes, por esto la lucha por su control es la clave de todo el drama. Muchos historiadores señalan varias razones para el descontento de la población, pero ninguna es tan poderosa como los ocultos motivos de los señores ansiosos por el poder que permitieron movilizar un sector minoritario de la población contra la legalidad.

La situación en Flandes llevaba años de desasosiego. Aunque Felipe hizo varias concesiones, nunca concedió la predicación en Flandes de los herejes. Durante los años 1560, Flandes fue el objetivo principal para Guillermo de Orange. Él negociaba con los gobernantes flamencos, los atraía para acabar con el poder español. Pero no sólo él, el almirante Coligny y del príncipe de Condé enviaron a Flandes sus agentes calvinistas, destacados por su fanatismo. Si añadimos a esto la llegada masiva de los hugonotes de Francia a causa de las guerra religiosas y los luteranos de Alemania, tenemos todo menos la tranquilidad social. Nadie de las autoridades se opuso a la predicación de las revueltas contra el orden establecido, como si fuera la expresión máxima de la libertad ciudadana. En 1566, mientras en Madrid se negociaban más concesiones, en Flandes las turbas saquearon e incendiaron los templos y monasterios. Las imágenes y las reliquias fueron destrozadas porque para los calvinistas fueron “ídolos”, las tumbas fueron profanadas y muchos religiosos asesinados. La mayoría católica no supo organizarse en contra de los rebeldes y las autoridades no movieron un dedo en su defensa, quedando a la espera de lo que pudiesen conseguir. Aunque también nos quedan ejemplos de heroísmo: las cartas cuentan que la catedral de Bruselas fue salvada sólo por un español armado con una lanza.

Cuando la noticia llegó a la Corte de Felipe, entre muchos pareceres se escogieron el del duque de Alba: “cuando hay pasión y ansias de libertinaje no sirven leyes, ni conversaciones, ni ministros ordinarios, sino hombre de extraordinario poder y energía”. Fue él encargado de restaurar la tranquilidad y convivencia en Flandes. Ocupó con su ejercito las ciudades principales castigando a los rebeldes y presidió el Tribunal compuesto por los flamencos y algunos españoles que decidieron condenar a la muerte por los crímenes de lesa majestad y rebelión a los señores que apoyaron a los protestantes y consintieron las matanzas y profanaciones. Esta decisión de los juristas de la época ahora se conoce como Tribunal de la Sangre. La propaganda de Orange, destrozado por el ejército de Alba, sus libelos contra los españoles, esto es lo que ha llegado hasta nosotros como otra expresión de la leyenda negra.

En fin, ni Flandes ni Cataluña fueron jamás ocupadas, sencillamente, porque no se puede ocupar lo que es tuyo. Cataluña es España y Flandes fue española.