Los Lunes de El Imparcial

John Connolly: Música nocturna

RELATOS

Domingo 03 de diciembre de 2017

Traducción de Victoria Ordóñez Diví. Tusquets. Barcelona. 2017. 440 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Daniel González Irala



En “Vivo aquí”, ensayo que sirve de epílogo -o prólogo-, a esta antología de cuentos sobrenaturales, John Connolly (Dublin, 1968) nos hace partícipes de sus influencias más importantes a la hora de enfrentarse al género de terror tal y como él lo ha vivido desde su infancia como lector y espectador de cine y series de televisión. Sabiendo que esta tradición no es del todo ajena a su novelística centrada en el detective Charlie Parker, obsesionado por vengar el asesinato de su mujer e hija, y que ya hizo sus pinitos en el relato corto con “Nocturnos”, publicado en España en 2013, de esta amplia nómina de autores y directores o guionistas destacan desde el hoy disputado en Dublín Bram Stoker de Drácula a Stephen King, pasando por los filmes de la Hammer en los que Christopher Lee interpretaba a ese clásico personaje al que hasta Francis Ford Coppola, en otra órbita, trató de reinventar.

Tal y como sigue este texto, y entendiendo que la temática sobrenatural pudiera dar, a pesar de la economía de medios prescrita hasta para dos nouvelles (una de ellas de unas cien páginas) más que interesantes, el componente gótico está más que presente en este volumen nacido a medias del encargo y el trabajo personal más propio. Se trata de “La Biblioteca Privada y el Depósito de Libros Caxton” en que un funcionario retirado y letraherido se encuentra con el fantasma de Anna Karenina para ir a parar a una biblioteca en la que, entre otros sucesos, verá como la megalomanía de Moby Dick y A-hab es censurada por el Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas; y “ El Atlas fracturado”, cuento dividido en cinco partes de inspiración lovecraftiana en que Maggs, un vendedor o tenedor de libros ajeno a la bibliofilia y con tintes importantes de usura que entroncan con Dickens, es encontrado sin ojos en las órbitas y comido espeluznantemente por gusanos de distinta consideración, entre ellos el narrador personaje.

Por otro lado, en “La sangre del cordero” se disecciona el exorcismo que unos padres quieren practicar a su hija, apareciendo cuatro sacerdotes que representan lo opuesto al Vaticano, pero que imaginamos no tan lejos de la curia. “Un sueño invernal”, hiperbreve realmente conseguido, debe su esencia tal vez a la tradición más recóndita dentro del género y es la del poeta Edgar Allan Poe. En “La lamia”, una mujer maltratada llamada Carolyn narra su particular infierno sinestésico sin filtros: “A veces pensaba que todos los perros de la calle debían haber estado ladrando su nombre”. “El Rey Hueco” es un homenaje a las leyendas medievales que aquí en España tan bien supo llevar al papel Gustavo Adolfo Bécquer.

En “Sobre la anatomización…” partimos de la imagen de un cuadro de un pintor de segunda fila, que nos devuelve a la idea de la muerte como disección, algo perturbador desde un punto de vista físico en tanto en cuanto esta pudiera esconder el origen de horrores aún mayores.

Por último, nos quedamos con la pieza de reminiscencias bíblicas “Lázaro”, un personaje lejano conocido por aquel mensaje de “levántate y anda” y que, sin embargo, a través del narrador confiesa: “Nunca está cansado, no tiene hambre ni sed, nunca está contento, ni triste, ni enfadado, ni celoso, lo invade únicamente el letargo y las ansias de dormir pese a no necesitarlo”.