Empecemos por reconocer que los médicos te explican muchas veces que las flatulencias no son malas. Es habitual, incluso, que te hablen de los peligros de acumular gases. De hecho, en más de uno es un alivio que, en caso de no satisfacer, puede generar males mayores.
Coincidiendo en que tampoco es lo más presentable según qué circunstancias, entendemos que no es lo peor que le puede pasar a uno. Dicho esto, puede lamentarse el exconsejero catalán Josep Rull de las comidas flatulentas que le servían durante su estancia en prisión porque esto es España y aquí todo el mundo se queja de todo, aunque no se tengan razón ni motivos.
Puede, por otro lado, que no hayamos entendido bien a Rull y cuando hablaba de comida flatulenta hacía una referencia explícita al famoso dicho “mejor fuera que dentro” para refererirse indefectiblemente a su estatus carcelario.
Lo que no parece muy serio es que el candidato de JuntsxCat meta en la misma conversación “nos han querido humillar, pero no nos hemos dejado” y, acto seguido critique el menú de prisión. A uno puede no gustarle la comida que te sirven en la cárcel, lo podemos entender. O, sin ser una crítica general, puede que no te guste una serie de productos en concreto, como a otros no les gustan los caracoles o las judías verdes. Pero lo cierto es que, como todo el mundo sabe, hay momentos en la vida en los que no se puede elegir y estar en la cárcel es uno de ellos. ¡Son lentejas!, que se dice también cuando no hay más remedio. O son garbanzos, que también hay que ganárselos.
Preocupado como se encuentra por su salud, quizá sea más doloroso para el ego y entendimiento separatista de Rull comer hamburguesas quemadas y preparados flatulentos y ver al tiempo cómo uno de los responsables de su situación penitenciaria va a buenos restaurantes o invitado a cenar a la casa de diputados flamencos. Tampoco es de agrado tener que esperar como gran acontecimiento de distracción que te pongan por la tele ‘La que se avecina’ mientras el otro, el huido, disfruta de la Ópera.
En cualquier caso, ¿a quién no le gusta un buen garbanzo de Fuentesaúco o Pedrosillo en el cocido, el potaje o con callos? Leguminosa típica en platos de gran arraigo en nuestro país, puede que ese sea el problema, que se trata de algo tradicional en muchas partes de España y no es del agrado de un independentista andar con las ventosidades del garbanzo y luego tener, además, que aguantar el hedor de las coles de Bruselas.