Editorial

Ana, que no Carmena, limpia la contaminación de Madrid

Lunes 11 de diciembre de 2017

La borrasca huracanada que azota España ha resultado más beneficiosa que perjudicial. Las intensas lluvias han resucitado ríos y embalses que agonizaban, ha regado los campos resecos y, junto con los potentes vientos, que han llegado a alcanzar los 150 kilómetros por hora, ha limpiado la persistente contaminación que desde hace meses envenenaba el aire de las grandes ciudades. Y, por suerte, apenas ha causado daños. Se han partido ramas de los árboles, han desmoronado alguna cornisa, pero en ningún caso ha provocado ni siquiera heridos.

La ciclogénesis explosiva, bautizada “Ana”, ha logrado en unas horas limpiar la contaminación de Madrid, mientras que las medidas que lleva tomando el Ayuntamiento desde hace meses solo han servido para provocar enormes atascos. Aún peor: los expertos consideran que cortar el tráfico en la Gran Vía, estrechar muchas calles para dejar hueco a los carriles-bici o reducir la velocidad en la M-30 incrementan los niveles de dióxido de carbono, pues en las inevitables retenciones que se producen, los vehículos multiplican la expulsión de gases contaminantes.

El Ayuntamiento gobierna una ciudad que parece no conocer. Madrid no es Copenhage o Amsterdam, urbes pequeñas y llanas donde se puede circular en bicicleta con comodidad. La capital de España es mucho más extensa, está llena de cuestas y más de un tercio de sus trabajadores viven en el extrarradio, por lo que se ven obligados a utilizar el coche. Los dirigentes deberían tomar medidas eficaces como la eliminación de impuestos municipales a los vehículos eléctricos o híbridos, construir aparcamientos en las entradas a la ciudad de precios reducidos y mejorar el transporte público que, por cierto, es el más contaminante. Los autobuses de la EMT son los que más ensucian el aire por sus viejos motores diesel. Podría comenzar dedicando una generosa partida del presupuesto municipal a renovar la flota de estos vehículos cambiándolos por eléctricos. Reduciendo las dietas y copiosos gastos de los concejales todavía le sobraría dinero para asfaltar mejor las calles.