Editorial

El Congreso de los Diputados y las Diputadas

Miércoles 13 de diciembre de 2017

La escuálida mayoría parlamentaria del Gobierno y, en especial, la crisis catalana han bloqueado la actividad del Congreso de los Diputados en lo que llevamos de Legislatura. Frente a las 25 leyes aprobadas cuando el PP tenía mayoría absoluta, la Cámara Baja, de momento, solo ha avalado 9, de las cuales, 4 obedecían a la aplicación de ordenamiento de la UE.

El Hemiciclo se ha convertido en el foro donde los diputados dirimen sus diferencias sobre el desafío secesionista catalán. Los debates sobre el control al Gobierno, por ejemplo, se han centrado casi exclusivamente en reprochar a Rajoy la aplicación del artículo 155, la actuación de las fuerzas de seguridad el 1-O, el encarcelamiento de los golpistas o la fuga a Bruselas de Puigdemont. Los ataques al Ejecutivo de Podemos y los grupos secesionistas, con Rufián como grotesco protagonista, han acaparado la atención de la opinión pública. Mientras, la actividad del Congreso de los Diputados languidece.

Sin duda, el desafío secesionista ha derivado en la mayor crisis institucional de la democracia, por lo que el Gobierno se ha visto forzado a centrar los esfuerzos de algunos Ministerios en buscar una salida a la encerrona planeada por la Generalidad. Pero la actividad parlamentaria no puede paralizarse. España tiene más problemas que resolver en el Congreso de los Diputados.

Y resulta aún más chocante todavía, que la escasa actividad de la Cámara Baja se dedique a tramitar y debatir sobre propuestas tan pintorescas como la presentada por Compromís, ese grupo adosado a Podemos. Y es que, este martes, la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados ha propuesto la votación de una iniciativa para cambiar el nombre de la Cámara Baja por ser sexista. La proposición no de ley insta al Gobierno a que en el momento en el que se lleve a cabo una reforma

de la Constitución se incluya el cambio de la denominación para que pase a llamarse exclusivamente "Congreso" sin el añadido "de los diputados”. Parece ser, que algún portavoz parlamentario prefería que se llamara “Congreso de los Diputados y Diputadas”, pero se desechó a última hora.

El analfabetismo de algunos políticos no tiene límites. Desconocen que “el masculino genérico” es una norma de la gramática española. Desde que Bibiana Aído, la ministra de Igualdad de Zapatero, se refirió a los “miembros y miembras” no se había visto nada tan grotesco como la propuesta de Compromís. A ningún hombre, de momento, se le ocurriría exigir por sexista que le llamaran “periodisto” en lugar de “periodista” o “electricisto” en lugar de “electricista” y así podríamos poner miles de ejemplos. Pero la costumbre de los políticos de izquierdas les obliga a alargar interminablemente sus peroratas a la hora de hablar de “compañeros y compañeras”, “diputados y diputadas”…en lugar de emplear el masculino genérico, la norma gramaticalmente correcta de nuestra lengua, sin que ello suponga actuar como un machista.

A Compromís se le ha debido olvidar que en el artículo 14 de la Constitución se habla de que “los españoles son iguales ante la ley”. Un error imperdonable que no haya propuesto modificarlo por “los españoles y las españolas”. Y así se reformarían todos los artículos de la Carta Magna con el apoyo unánime del Congreso. Porque en la política actual nadie quiere ser tachado de machista. Pero mientras la actividad parlamentaria dormita, los diputados se dedican a plantear y debatir durante horas propuestas tan delirantes como la de los diputados y diputadas de Compromís.