Jueves 10 de julio de 2008
En los próximos días, el gobierno de Raúl Castro concederá nuevas licencias operativas de transporte para particulares, tras casi una década de suspensión de este tipo de concesión, implantada en los años noventa. El Gobierno prevé la aprobación de nuevas licencias por los portadores privados, reactivando el trámite en rutas que no están cubiertas por el servicio público. Se espera que la tramitación de nuevas licencias, suspendidas en 1999, permita una mejor conexión con las zonas rurales del país.
La nueva medida se suma a la serie de reformas económicas introducidas por Raúl Casto desde que asumió la presidencia de la isla, el pasado 24 de febrero. Su elección ha supuesto una tibia y tenue apertura: las medidas adoptadas hasta ahora han alcanzado el levantamiento de algunas restricciones al consumo, un mayor (y limitado) margen de actuación de la iniciativa privada y el incremento del papel particular y cooperativo en sectores como el agrícola. La decisión de invertir en el transporte representa una necesidad, ya que ha sido uno de los sectores más castigados por la crisis de los noventa y aún en vía de recuperación.
Sin embargo, el camino resulta aún muy largo. En primer lugar, el Gobierno debe elaborar un plan para tratar de revitalizar sectores claves para la economía del país, como el sector agrícola. La dependencia de las importaciones agroalimentarias resulta delicada y peligrosa, en cuanto la volatilidad de los precios de alimentos y combustibles afecta a la ya precaria economía cubana, dándole aún más un carácter vulnerable e instable. El levantamiento de algunas restricciones al consumo tiene que estar acompañado de un aumento del poder adquisitivo de los ciudadanos cubanos. Medidas para mejorar los salarios resultan urgentes en cuanto, en la actualidad, el salario mensual promedio de un cubano es de 408 pesos, equivalentes a 18 dólares. Aumentar los salarios debe significar también producir más y mejor. La decisión de pagar a los trabajadores “por resultado” representa un primer intento de acabar con décadas de improductivo “igualitarismo”: los salarios deben tener en cuenta la productividad y la eficiencia de los trabajadores. No representa un problema que las reformas sean realizadas despacio; lo importante es que se realicen porque, por tímidas que sean, no olvidemos el dictum kantiano: la libertad es indivisible.
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