Opinión

Autónomos del mar

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 20 de diciembre de 2017

Para muchos lo de acabar el año equivale a hacer borrón y cuenta nueva. Yo soy más de cambiar el calendario de pared con sus grandes números, su santoral y las diferentes fases de la Luna. Es cuestión de gustos. Eso sí, cada vez elijo el almanaque de mayor tamaño. Prefiero que los días sean vistosos, con espacio para escribir recordatorios: 15 de enero 9,30 horas oftalmólogo Doctor Apresto Castroverde de Hinojosa y Sánchez de Mediavilla (ir acompañado, dilata pupila).

Otra de las cuestiones a tener en cuenta por estas fechas son los deseos. Por lo general los buenos. Ya saben, parabienes y besamanos durante época de sonrisas enlatadas, bolsas, muchas bolsas, paquetes con lazos dorados o rojos y multitud de chispeantes mensajes de paz. Luego la cosa se extingue sin previo aviso y sin saber el por qué se hace el silencio.

En España también acostumbramos a escribirnos una carta a nosotros mismos, es decir, a los Reyes Magos. Curiosa misiva que siempre regresa a nuestras manos después de viajar hasta Oriente sin franqueo alguno y sin que el servicio de Correos nos cobre por ello. Lo que sucede es que encargamos que nos traigan cantidad de cosas y resulta que somos nosotros los que tenemos que ir a por ellas. Es algo muy extraño.

Que somos unos maniáticos y que estamos llenos de manías, pues sí. Ya me dirán qué necesidad hay de cerrar un año para el día siguiente volver a abrir la misma casa e idéntica tienda. Ahora bien, de todo lo expuesto me quedo con la carta que uno se escribe así mismo. Me gusta porque en ella cabe todo. Desde pedir el juego de la Oca hasta exponer las procacidades de cierta clase política. Créanme, no es afán de pedir por pedir; uno ya está en esa etapa de lo prescindible y procura dar valor a lo material en su justa medida. No soy egoísta, por lo tanto suelo pedir una sola cosa. Veamos: “Queridos Reyes Magos, resulta que la UPTA (Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos) nos alerta sobre el escándalo de la cotización por formación de los autónomos del mar. De manera que a la clase política y en especial a la que gobierna no cabe otra que pedirles nos traigan una solución inmediata para un sector en crisis profunda.

Miren ustedes, 14.500 autónomos cotizan en concepto de formación la interesante cantidad de 2 millones de euros al año, sin embargo, el sistema no les permite bonificarse. Esta situación, que puede parecer de menor importancia, es una tragedia en las comarcas que viven fundamentalmente de los recursos marinos. La gravedad de esta sinrazón es que se trata del único colectivo obligado a cotizar el 0,7 por ciento al sistema de formación, y lo peor de todo es que no gozan de áreas que les permitan reciclarse en su actividad o formarse en materias nuevas que les posibiliten un cambio profesional.

Para una mejor compresión de lo expuesto, Sus Majestades deben tener presente que en los últimos 10 años este colectivo ha generado al sistema una bolsa de 20 millones de euros, y no se han podido bonificar de ninguna acción formativa que les permitiese obtener las cualificaciones necesarias. Los autónomos del sector ven como desaparece su actividad y tienen que enfrentarse a la búsqueda de empleo en edades tardías y sin formación que les permita continuar ligados al medio que conocen.

Si fundamental es que cuenten con un sistema de formación que les ayude a adaptarse a las necesidades del mercado de trabajo, no menos prioritario es conocer el destino dado a los 20 millones de euros indebidamente aportados por los autónomos del mar, puesto que en ningún caso éstos han podido hacer uso del sistema formativo que para tal fin se ha cotizado durante los últimos diez años, como queda referido.

Habrá que suponer que este dinero debe estar en algún cajón de algún Ministerio porque a estas alturas y de manera más que presunta, alguien debe tener conocimiento de estos 20 millones de euros que se antoja una cantidad muy respetable y que puestos a tener la ilusión propia de la noche de Reyes, solo cabe pedir a Sus Majestades que se les reintegre a cada uno de los autónomos del mar hasta el último céntimo de todo lo cotizado. O hay cursos de formación o se devuelve el dinero a sus legítimos dueños. Blanco y en botella. En fin, Navidad, dulce Navidad. Qué bonita es la inocencia.