Opinión

Con el PRI ¿amordazados y acribillados?

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 21 de diciembre de 2017

Al PRI (des) gobernando se le fue el país de las manos, y específicamente la seguridad interior. Sin estrategia, sin planes efectivos para afrontarla, el PRI ha sido un pésimo partido en el gobierno en el sexenio 2012-2018 y así está catalogado. Y en medio del fuego cruzado quedamos los ciudadanos indefensos. Desde luego que decirlo le da urticaria a los priistas, sean abiertos o encubiertos –que abundan, beneficiarios de ese sistema– pero ese es su problema, no el nuestro. Si no les gusta que se diga, entonces haberlo hecho mejor el PRI, haber cobrado cuentas a sus corruptos correligionarios no dejándolos escapar y haber escogido otro candidato en 2012, para que hoy no lo lamentáramos como toca.

¿Y cómo reacciona el gobierno del priista Peña Nieto? Un gobierno que en solitario es el único responsable de este desastre. Reacciona con tres acciones, las tres deplorables, mientras Peña dice que no gobierna por encuestas: 1) El sujeto sigue en campaña, con un discurso triunfalista y no se entera que no da resultados y que (por fortuna) le resta menos de un año en la presidencia, aunque nos debe entre el 40 y 60 % de promesas incumplidas, pagadas las otras con sobreendeudamiento; 2) Propone su partido amordazar a los medios y a la ciudadanía con una disposición legal que coarta la libertad de expresión, cuando México ya es el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo, sin existir una guerra declarada, como advirtió recién Reporteros sin fronteras; y 3) Además impulsa y aprueba una ley que dota a las fuerzas armadas de un poder omnímodo para actuar incluso, dispersando manifestaciones civiles pacíficas, si a su leal saber y entender, fueran peligrosas. De ese tamaño la respuesta cuando el PRI no pudo controlar la seguridad interior y jamás explicó su estrategia hacia ella, que prometió decirnos y que dudamos que tuviera. El segundo punto lo aprobaron los demás partidos, pero lo impulsó el PRI desafiando a la sociedad mexicana.

Nos quieren amordazados y aceptando el atropello de la discrecionalidad del poder, para actuar y con alcances mayores a solo perseguir narcotraficantes. Gravísimo el panorama que nos dibuja el PRI. Y hay quien quiere que repita sexenio. Yo respondo: No, gracias. Me resulta repulsivo y pestilente.

Porque… quieren que callemos. ¿Cómo? Pues eso. Mientras México es calificado bajo el PRI como uno de los países más corruptos del mundo, Peña Nieto no se inmuta. No puede o se daría un balazo en el pie. México cayó 28 lugares en el índice de Transparencia Internacional, como también en la tabla de clima de negocios en el mundo (muchos ligados al gobierno) según el departamento de Estado de los EE.UU., situándolo entre los más corruptos del mundo y es el más de los miembros de la OCDE. Sumemos lo expresado por el Barómetro Global de la Corrupción que lo pone al máximo, cuando informa que el 51% de los ciudadanos mexicanos ha sobornado autoridades, lo cual lo coloca como el país más corrupto de América Latina y eso con un fuerte incremento de incidencias bajo el gobierno priista actual. El sexenio del priista Peña Nieto es considerado ya adentro como el más corrupto de nuestra historia y la impunidad con la que campean los priistas solo ha tenido por límite la oposición, persiguiéndolos cuando releva a los innumerables desfalcadores del erario, miembros del PRI –cada vez más perseguidos por Interpol al ligarlos al crimen organizado– mientras desde el gobierno nacional priista son omisos en perseguirlos o dejándolos escapar y su partido, el PRI, a lo más inteligente que apuesta es a expulsarlos, cosa que de seguro no los ha dejar dormir tranquilos, dicho con sarcasmo, desde luego.

Y ahora se ofende si rechistamos. El PRI, autoritario y enemigo histórico de la libertad de expresión, de nuevo ha impulsado la censura a los medios y a la libertad de expresión, so pretexto de que no se desprestigie a la persona y se cuiden su reputación y su vida privada. El texto del artículo 1916 del Código Civil federal que se endilga y que podría estar vigente a inicios de 2018, reza: “El que comunique, a través de cualquier medio tradicional o electrónico, a una o más personas la imputación que se hace a otra persona física o moral, de un hecho cierto o falso, determinado o indeterminado, que pueda causarle deshonra, descrédito, perjuicio, o exponerlo al desprecio de alguien.”

Como abogado se lo digo: no se salva Internet, aunque no lo mencione ¿o qué entiende usted en 2017 solo por medios electrónicos, si se usan como vehículo de expresión y de difusión? Atropella las salvedades del 1916 bis, pues deja a discreción saber cuándo se actuó con cuáles intenciones, dejándolo a la entera interpretación de la autoridad. Difusa la reforma, así, mancilla ese derecho y pone a todos en riesgo. No sería aceptable decir que a los informadores no, escudados en su derecho. No. Serán los primeros afectados por abrir la boca, pero no los únicos. Todos estamos en peligro. Porque si fuera como se afirma, que el PRI quiere robarse las elecciones de 2018, lo cual puede catapultarnos a una confrontación social mayúscula, quiere tenernos amordazados y con una pistola en la nuca. Ambas cosas con la ley en la mano. Rechacémoslo.

Y nos falta saber cómo la empresa Odebrecht corrompió a este gobierno. Con una inflación al alza, presiones internacionales por la pésima política exterior priista, un descontento social al límite, el escenario que dibuja el PRI es aterrador, porque tenemos múltiples motivos de queja en su contra. Eso sí, su candidato nos cree potencia a finales del siglo. Va de broma el señor Meade.

La ley de Seguridad Interior al caer, censurada por Naciones Unidas, Amnistía Internacional y otros destacados contingentes –y en medio de acusaciones internacionales graves otra vez contra las fuerzas armadas mexicanas, por violación sistemática de los derechos humanos, a las que respingan molestas, retobonas– no se limita a dotarlas de un marco legal en las calles combatiendo narcotraficantes, sino a disponer de discrecionalidad al invocarlas y en sus actuaciones. No las especializa ni las capacita, solo les otorga una libertad de actuación que nos puede poner en un alto riesgo. El PRI se defiende diciendo que permanecerán en las calles un año, pero admite decirnos que puede prolongarse su estancia, en caso de ameritarlo. Y eso no ha cambiado en 11 años. Así que esto promete prolongarse a falta de otra estrategia que debió crearse y el PRI (des) gobernando, omitió.

Termino: es tal la podredumbre y la innegable putrefacción del PRI que pese a su enorme tamaño, no tuvo, no encontró entre sus filas un solo miembro, uno solo ¡ojo!, presentable para abanderarlo como candidato a presidente de la República en las elecciones generales del 1 de julio de 2018. Tuvo que recurrir a un candidato externo, de plano, uno independiente pero del interior del sistema y “todólogo” tecnócrata de magros resultados, José Antonio Meade Kuribreña, para intentar así repetir el triunfo de 2012 con el peor presidente de México sabido, Enrique Peña Nieto. Como secretario de Hacienda en medio de esta crisis de la cual es parte, dudo que Meade fuera la mejor propuesta. Pero es que no tienen otra. Aterrados los priistas de que la oposición gane y meta a la cárcel a más de uno por méritos propios –porque el PRI sabe que las corruptelas mayúsculas de este sexenio priista nauseabundamente podrido, corrupto, serán destapadas y perseguidas– y más le valdrá hacerlo a la oposición, porque de lo contrario esto ya no hay quién lo aguante, responden los priistas que si López gana seremos Venezuela. Se los contesto de nuevo: y si gana el PRI seremos Sudán del Sur y de eso sí que ya hay altos indicios de que así será. La verdad es que si ganara Meade echará mano de los mismos priistas que han colapsado al país. ¿Merece la pena perpetuarlos? Es evidente que no. Para mí el PRI no es opción en 2018.