Sociedad

El Papa compara en la misa del Gallo a José y María con los refugiados

Francisco durante la misa del Gallo celebrada este domingo (Foto: Efe).

ÁNGELUS

Efe | Lunes 25 de diciembre de 2017
Esta noche, Francisco oficiará la misa del Gallo en la basílica de San Pedro.

El Papa ha pedido este domingo la paz para todo el mundo, en especial para aquellas pueblos que sufren conflictos, y que sean liberadas los religiosos y fieles secuestrados, en su mensaje tras el rezo del Ángelus desde el palacio pontificio en la plaza de San Pedro.

Francisco recordó que los católicos celebran el nacimiento del "Príncipe de la paz" e invocó "el don de la paz para todo el mundo". El pontífice renovó su llamamiento para que en ocasión de la Navidad, "las personas secuestradas, sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles laicos, puedan ser liberados y volver a sus casas". También instó a los fieles a que, en estas horas que preceden la Navidad, se detengan en silencio en oración delante del Nacimiento para "adorar en el corazón del misterio la verdadera Navidad, la de Jesús que se acerca a nosotros con amor, humildad y ternura". "Acordaros también de rezar por mi", pidió asimismo Francisco.

Por la noche, Francisco ofició su quinta misa del Gallo en la basílica de San Pedro, donde puso el ejemplo de que también José y María huyeron, para recordar a los millones de personas obligadas a dejar su tierra y a sobrevivir a los "Herodes de turno" que "no tienen problemas en cobrar sangre inocente".

Francisco comparó la situación que vivieron José y María obligados a dejar su tierra, pero "llenos de esperanza y de futuro por el niño que vendría" con los millones de personas que huyen en la actualidad.

Ante las cerca 10.000 personas que llenaron la basílica, el papa explicó en su homilía que José y María "luego se tuvieron que enfrentar quizás a lo más difícil: llegar a Belén y experimentar que era una tierra que no los esperaba, una tierra en la que para ellos no había lugar". En su historia, agrego, "vemos las huellas de familias enteras que hoy se ven obligadas a marchar. Vemos las huellas de millones de personas que no eligen irse sino que son obligados a separarse de los suyos, que son expulsados de su tierra".

En muchos de los casos esa marcha está cargada de esperanza, cargada de futuro; en muchos otros, esa marcha tiene solo un nombre: supervivencia". Y entonces recordó que muchos deben sobrevivir "a los Herodes de turno que para imponer su poder y acrecentar sus riquezas no tienen ningún problema en cobrar sangre inocente".

Continuando con la historia del nacimiento de Jesús, afirmó, que en Belén, "se generó una pequeña abertura para aquellos que han perdido su tierra, su patria, sus sueños; incluso para aquellos que han sucumbido a la asfixia que produce una vida encerrada", aseguró el papa.

La ceremonia, que desde hace varios años se celebra a las 21:30 hora italiana (20.30 GMT) y no a medianoche, comenzó con el papa que retiraba un velo y descubría la imagen del niño Jesús ante un trono situado en frente del altar y niños de varias nacionalidades le llevaron algunas ofrendas de flores.

En su homilía, continuó con sus referencias a la actualidad al afirmar que "María y José, los que no tenían lugar, son los primeros en abrazar a aquel que viene a darnos carta de ciudadanía a todos". "Aquel que en su pobreza y pequeñez denuncia y manifiesta que el verdadero poder y la auténtica libertad es la que cubre y socorre la fragilidad del más débil", señaló. Y para ello puso el ejemplo de los pastores que fueron los primeros en recibir la noticia y eran "hombres y mujeres que tenían que vivir al margen de la sociedad".

"Su piel, sus vestimentas, su olor, su manera de hablar, su origen los delataba. Todo en ellos generaba desconfianza. Hombres y mujeres de los cuales había que alejarse, a los cuales temer", pero a ellos (paganos, pecadores y extranjeros), destacó Francisco, se les apareció el ángel par anunciarles la noticia.

"Navidad es tiempo para transformar la fuerza del miedo en fuerza de la caridad, en fuerza para una nueva imaginación de la caridad", añadió. Ante ello Francisco, pidió que el llanto del niño Jesús "despierte nuestra indiferencia, abra nuestros ojos ante el que sufre". "Que tu ternura revolucionaria nos convenza a sentirnos invitados, a hacernos cargo de la esperanza y de la ternura de nuestros pueblos", concluyó.