Después de un convulso 2017 marcado por el intento de golpe de Estado del Gobierno catalán, España celebra la entrada en 2018 con la esperanza de que el desafío secesionista pueda ser superado. Una vez más, la mayoría de los españoles ha festejado el nuevo año con las campanadas de la Puerta del Sol madrileña.
Tras Australia, Nueva Zelanda, Filipinas o Vietnam, Europa ha recibido el nuevo 2018. En España, la Puerta del Sol ha acogido un año más las 12 campanadas y el comienzo de la celebración de la Nochevieja, este año con las mismas estrictas medidas de seguridad pero con menos personas, pues se ha permitido el acceso a la plaza a 20.000 personas, cinco mil menos que el año pasado.
También un año más, el amplio dispositivo de seguridad se ha realizado en colaboración y coordinación con la Delegación de Gobierno, el Ministerio del Interior, la Policía Nacional y con servicios como Renfe y Metro. Los cuatro accesos de entrada, calle Mayor, calle Arenal, calle Alcalá y carrera de San Jerónimo, fueron controlados por agentes de la Policía Municipal y de la Policía en colaboración con Samur-Protección Civil.
En los puntos de control se intervinieron aquellos objetos que habrían podido generar riesgos para la seguridad ciudadana, como petardos, bengalas, envases de vidrio y objetos contundentes como palos y banderas.
El uso de las cámaras de tráfico, la mencionada reducción del aforo en la Puerta del Sol y la restricción a la circulación de furgonetas se han sumado este año a la prohibición de camiones y la colocación de maceteros para blindar Madrid durante las Campanadas y así seguirá hasta las cabalgatas de Reyes.
A todo ello hay que sumar un helicóptero de la Policía Nacional, que ha reforzado la seguridad de los eventos enviando imágenes en tiempo real al Centro de Control situado en la Jefatura Superior de Policía de Madrid.
Más de 17 millones de españoles celebran su Nochevieja fuera de sus casas en las más de 30.000 fiestas y cotillones organizados por discotecas, hoteles, ayuntamientos, restaurantes y festivales en todo el territorio nacional. Más de medio millón de personas trabajaron en la organización de estas fiestas que se prevé generen ingresos millonarios en la noche más especial y multitudinaria del año.
Las discotecas y las macrofiestas ocuparon el primer lugar en las preferencias del público para celebrar la Nochevieja con los pinchadiscos más importantes del panorama musical actual. Los eventos más destacados tienen lugar en Madrid, Barcelona, Valencia, Palma de Mallorca, Málaga, A Coruña, Benidorm, Torremolinos, Las Palmas de Gran Canaria, Santiago de Compostela, Alicante o Granada.
La tradición de las doce uvas el último día del año se remonta, al menos, a los últimos años del siglo XIX, cuando era una costumbre muy extendida en Madrid que las familias acomodadas tomaran un 'lunch' de Nochevieja en el que se servían uvas y champán, seguramente influidas por las costumbres francesas de la época.
El primer documento que deja constancia de esta práctica es un anuncio publicado el 29 de diciembre de 1898 en El Imparcial, donde los productores promocionan "Las uvas de la suerte", mientras que el 1 de enero de 1902 se lee en el mismo diario madrileño una nota de sociedad sobre el ‘lunch’ con las acostumbradas uvas de la suerte" en la fiesta en el hotel de los condes de Romanones.
Sin embargo, fue un bando municipal que buscaba prohibir las prácticas ruidosas en periodo navideño el que espoleó a los demás estratos sociales a imitar la costumbre de las clases más altas. Esto ocurrió porque muchos de los madrileños se sintieron molestos por el edicto y decidieron ridiculizar la costumbre de la aristocracia, por lo que empezaron a congregarse en la actual Puerta del Sol el 31 de diciembre para tomar las doce uvas y celebrar con estruendo la entrada del nuevo año.
Un año más, hasta dos millones de kilos de una uva con sabor "dulce neutro" que ha crecido embolsada en siete localidades de la alicantina comarca del Vinalopó fueron consumidas durante los últimos treinta segundos del año para recibir con buena suerte 2018.
Los dos millones de kilos de la uva de Nochevieja corresponden a la variedad tardía Aledo, autóctona del Vinalopó, que sigue siendo con diferencia la más consumida, ya que, pese a tener semillas, tiene una piel muy fina y más sabor gracias a que los racimos se protegen con bolsas de papel mientras crecen en el árbol.
El que cumplió como viene haciendo desde hace 150 años es el reloj de la Puerta del Sol, que está “como nuevo”. Con su maquinaria engrasada y reluciente como el primer día dio cumplidamente las 12 campanadas.
El relojero Jesús López, uno de los encargados del mantenimiento del reloj, ya había dejado claro que no tenía duda de la fiabilidad del mecanismo del reloj después de quince días “comprobando y mirando todo” para asegurar que el reloj funcionará “a la perfección”.
Al técnico de la Casa Losada casi se le ilumina la cara hablando del reloj, el más popular de España, instalado en la fachada de la antigua Casa de Correos, sede del Gobierno regional madrileño. Destaca del reloj sus características técnicas, su construcción en horizontal sobre dos vigas de madera paralelas, la solidez de sus piezas de acero y de latón, su precisión y fiabilidad, ya en su época una tecnología puntera a nivel mundial.
”Es un reloj único”, recordaba López para apuntar que hay otro “parecido”, también de Losada, en el Instituto Calasancio de Getafe (Madrid) y otro del mismo fabricante en la Catedral de Málaga.
Este reloj de Sol fue construido y donado a la ciudad por José Rodríguez Losada, un leonés del pueblo de Iruela que en el siglo XIX emigró a Londres y allí montó un negocio próspero de relojería de bolsillo y de torres. A su vuelta a Madrid, Rodríguez Losada donó el reloj a la ciudad, donde fue inaugurado el 19 de noviembre de 1866 por la reina Isabel II, con motivo de su cumpleaños.
El reloj está sincronizado con la hora que marca el Estado español, la del Observatorio Astronómico Nacional, y a lo largo del año su temperatura se mantiene estable, aún con las variaciones del verano, debido a que la “péndola” es de madera y tiene un coeficiente de dilatación prácticamente nulo, explica el especialista.
La única modificación externa que afecta al reloj es la amplificación del sonido de sus campanas para que pueda ser escuchado por las miles de personas que se congregan en la plaza de la Puerta del Sol y en las calles cercanas, como las de Alcalá o la de Arenal.