Opinión

Impresentables

TRIBUNA

Mariano Torralba | Martes 02 de enero de 2018

Lo revelaba Antonio Burgos un domingo, en su columna abecedaria, con su consuetudinario salero de andaluz culto. Denunciaba Burgos la sordidez mezquina que se ve en ciertas señorías/¿señoríos? del Congreso de los Diputados/¿Diputadas?

Lo vi también y, con vergüenza lo voceo en renglones: se nos ha llenado el Congreso de los Diputados de impresentables con disfraz de lumpen izquierdoso; moda que al vestirla parece conferir válida patente de izquierdas. Entre tanto desastrado brilla el talante del descorbatado Iglesias Turión, a veces, si se le caen estas perlas: “me rompí el hueso de una mano por dar un puñetazo. Y dí un puñetazo, no porque alguien de mi situación socioeconómica se vea muchas veces en esa situación, sino porque estábamos en un centro social, en el laboratorio, y un grupo de lúmpenes, eso, gentuza de clase mucho más baja que la nuestra, intentó robar una mesa de mezclas a unos raperos. Los raperos querían romperles la boca, yo creo que con criterio normal; me roban la mesa de mezclas, te rompo la boca, y nos llamaron a los políticos universitarios como que calmáramos la situación y tuvimos que pegarnos con desastroso resultao, ganamos, pero éramos tres contra uno y yo me rompí un hueso, otro acabó con un corte en la córnea por una botella rota y estas cosas”

No solo son los podemitas quienes presumen de diatribas clasistas pero lucen andrajos proletarios, baste con observar la fotografía de una sesión de la cámara, para comprobar la impresentabilidad de esa mitad de costosos políticos. En rescatadas imágenes hemos podido apreciar la distinta estética del Congreso actual con la de aquel, cuasi bipartidista, de los primeros años, donde aquellos refinados Suarez o González, con sus aseados equipos de gobierno, lucían aspectos válidos en cualquier parlamento europeo. ¡Si hasta los regímenes totalitarios de la extinta Unión Soviética, más de izquierdas que éstos, vestían terno y corbata!

Ni en el homenaje al socialista Manuel Marín supieron algunos (Sánchez, Iglesias Turión y otros “lúmpenes”) guardar la compostura estética ante esa suerte de santuario de la Carrera de San Jerónimo, donde los elegantes eran los funcionarios que vestían como manda el dios de la decencia parlamentaria.