Volvía el Atlético de Madrid al ejercicio liguero después de haber perdido su primer partido. Pero 2018 le ha conllevado un regalo que en el día de Reyes ha querido mostrar a su tribuna. En el Wanda, en el primer envite del año, Diego Costa fue titular junto a Griezmann. Llevaban meses esperando el "entusiasmo, actitud y energía" que en palabras de Simeone aporta el hispano-brasileño. El argentino no postergaría la puesta en escena deseada, con Correa y Carrasco como mediapuntas y Koke y Gabi en el doble pivote. Sólo la ausencia coyuntural de Saúl y la baja de Filipe empañaban al que será el once de gala hasta que Vitolo entre en ritmo.
Pero se atravesaba este sábado, en el enfrentamiento inaugural de enero en lo que a LaLiga se refiere, un Getafe en inercia sensacional. Los sureños viajan a cuatro puntos de la sexta plaza y son uno de los equipos menos goleados. Esto es, el sistema de Bordalás iba a salir peleón aunque entregara metros y la pelota. Su red de ayudas y capacidad para salir en transición -con Jorge Molina como distribuidor, Amath y Portillo como desequilibrio exterior y Ángel en la punta de lanza- iba a refutar la competitividad de los visitantes a las primeras de cambio.
Porque, lo cierto es que los diez minutos iniciales, jugados bajo la lluvia, tendieron a un mayor control de la pelota local pero a un intercambio de golpes excitante. Abrió el fuego Savic con un remate a las manos del novel Emiliano Martínez -minuto 2-, pero la parte menos favorita de este derbi madrileño localizaría la personalidad getafense, que no notarían la sospechosa suplencia de Guaita -estaría esperando un pase a la Premier- y el infortunio de Markel Bergara. Un pase de Molina y el chut posterior de Ángel despertó a Oblak en la siguiente acción y Diego Costa, Amath y Griezmann firmarían el tiroteo inicial con intentos faltos de pericia. Las pérdidas en la circulación volvían a asomar como la merma capital rojiblanca.
Presionaba a cancha completa el conjunto rojiblanco y, por ende, constreñía cada vez más la posibilidad de tomar aire con salidas a la contra para los azulones. Les tocaba recalcar el pelaje consistente en el repliegue, pero la intensidad y el juego entre líneas les rebosaría en el minuto 18. El Cholo eligió a Correa en el perfil diestro para que jugara en diagonal y ocupara más la mediapunta que una banda entregada al carrilero Vrsaljko. Y dio en el clavo. La hiperactividad de todos proporcionaba pelotas para que Griezmann frotara la lámpara de su clase como segundo punta y el galo terminaría por lanzar al argentino, que amortizó los espacios entre líneas para, en un relámpago, concluir con un punterazo cruzado que desembocó en el grito de la tribuna.
Amath reaccionaría recordando al meta esloveno, y a todos, el riesgo de descuidar la espalda para el segundo clasificado. Oblak detuvo su tratativa fugaz al tiempo que el Atlético iba alcanzando a extender su control del enfrentamiento desde la táctica y hasta la finura en la manutención de la posesión y la iniciativa. El mal sueño de Cornella había quedado en nada, aunque el Getafe seguía a flote y en el marcador. No se descompuso por el gol ajeno y aportó para afear, algo, la dinámica de espectacularidad ofensiva previa.
Pero la orquesta de Simeone estaba afinada, con un cuarteto de atacantes sorprendentemente coordinados en la ocuación de espacios y desmarques. Hacía tiempo que el esférico no se relacionaba con tanta fluidez con los colchoneros. Griezmann, lejos del área, había renacido en trascendencia, generando situaciones para que sus homólogos crecieran. Esto es, el mejor de los escenarios anhelados por el Cholo. Pasada la media hora y de camino al descanso, la nitidez del monopolio del juego atlético resultaba irrebatible. Ángel arrancó un derechazo desde la frontal en pleno mandato local -minuto 36- que rozaba el 72% de posesión.
La refrescada velocidad del toque rojiblanco resplandecía con la dureza como antídoto desplegado por los pupilos dirigidos por Bordalás. Las ocho amarillas (seis locales) del primer acto conseguirían trompicar la senda impuesta por el equipo en ventaja. Y disparar la temperatura. El Atlético disfrutó de más energía y movilidad que los azulones, pero antes de conducirse a vestuarios apagarían el discurrir lúcido en fase ofensiva para dar carpetazo en un cuerpeo gris que terminó en intento de escaramuza global, con el Mono Burgos y Diego Costa como diletantes.
Descendería la agresividad pero no las revoluciones en la reanudación. Fruto de esa esencia de competición por cada metro se desplegarían cinco minutos de imprecisiones y centrocampismo denso. Críptico. Adelantó las líneas un Getafe dispuesto a no volver a ceder tanto el timón del choque. Presionaron de forma racheada y no querían encerrarse otra vez. Ese planteamiento azulón más ambicioso desnudaría el escaño entre líneas de Griezmann y al desmarque en profundidad de Costa como soluciones. El delantero internacional con España marraría el tiro que descorchó un segundo tiempo de menor brillantez. Las piernas empezaban a pesar porque el diapasón no bajó.
Por esto último Thomas daría un respiro a Carrasco en el minuto 60. El esfuerzo y la exigencia eran notables y Simeone fue el primero en leerlo. Metía el estratega argentino un trivote en la medular de corta más físico ante la inevitable influencia del cansancio. Bordalás respondió yendo a por el empate: entraron los atacantes Gaku y Álvaro por el mediocentro destructor Mora y el apagado Portillo. Y en el 65 se susurraba otra ocupación de los espacios, con los getafenses más adelantados. Arriesgando y con la convicción de poder llegar hasta Oblak. En la primera contra clara atlética lo pagaría: Vrsaljko emitió un centro sedoso y Diego Costa firmó el segundo -minuto 68-.
Genio y figura, el ex delantero del Chelsea sentenció el resultado y vio la roja por doble amonestación. Ya en el segundo tiempo vio su primera amarilla por un forcejeo con Cala y fue expulsado, minutos después, por abarazarse a los aficionados -acción penalizada en el reglamento-. Emergía un nuevo envite, más abierto, hasta que la vertiente contragolpeadora rojiblanca lo abortó. La voracidad del protagonista que no acabaría el duelo sobre el verde contagió a sus compañeros, que retomaron el veneno en cada hueco oportuno para filtrarse. El Cholo no movería las piezas, a 20 minutos de la conclusión y con un colchón de dos dianas. Su homólogo incluiría a Pacheco -sentó al cansado y descontextualizado Ángel-, quemando las naves.
El desenlace vería a un Atlético enclaustrado, defendiendo la renta. Desafiaba al guerrero oponente a herirles con el peso de la iniciativa en estático y en superioridad numérica. Nada apagaría ya la ilusión propagada por el graderío. Acababan de degustar el mejor tramo del campeonato con el cuero y la vigencia del modelo de cierre y salida. Como antes de la elipsis inglesa de Costa. Torres y Giménez serían de la partida en un decantar pausado con chuts de Koke y Griezmann -ambos en lanzamientos de falta frontal-. El solitario intento de Álvaro fue el testimonio de la impotencia visitante en la recta postrera. El adn colchonero ya se ha restaurado.
- Ficha técnica:
2 - Atlético de Madrid: Oblak; Vrsaljko, Savic, Godín, Lucas; Griezmann, Gabi, Koke (Fernando Torres, m. 87), Carrasco (Thomas, m. 60); Correa (Giménez, m. 84) y Diego Costa.
0 - Getafe: Emi Martínez; Damian Suárez, Juan Cala, Djené, Antunes; Arambarri, Sergio Mora (Álvaro, m. 64), Portillo (Gaku, m. 64), Amath; Ángel (Pacheco, m. 74) y Jorge Molina.
Goles: 1-0, m. 18: Correa. 2-0, m. 67: Diego Costa.
Árbitro: Munuera Montero (Comité Andaluz). Expulsó a Diego Costa por doble amarilla (m. 62 y 67). Amonestó a los locales Vrsaljko (m. 14), Lucas Hernández (m. 24), Gabi (m. 30), Griezmann (m. 44) y Savic (m. 45), y a los visitantes Portillo (m. 29) y Cala (m. 45).
Incidencias: partido correspondiente a la decimoctava jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Wanda Metropolitano ante unos 40.000 espectadores.