Opinión

Legalidad y política

TRIBUNA

Agapito Maestre | Lunes 08 de enero de 2018

El legalismo no es el único valor moral. De sobra es sabido que hacer de la justicia, o mejor, de la conformidad con el derecho, escrito o consuetudinario, el único valor moral para resolver todos los problemas generados por una sociedad, pudiera ser la mejor forma de llevar a una comunidad al precipicio político. Sin Derecho, sin Estado de Derecho, no hay democracia posible, pero convertir el derecho en la única fuente o valor moral de una sociedad es secar la vitalidad de la democracia. Una sociedad tiene cien valores tan importantes como el derecho, por ejemplo, la generosidad, el respeto mutuo, la capacidad de autolimitación, la nobleza, la gratitud; algunos de esos valores, a veces, son de mayor rango que quien trata de imponer, por encima de cualquier otro rasgo civilizador, el del ser legal.

Puede uno ser, en efecto, muy legal y, sin embargo, estar poco legitimado desde el punto de vista moral. La ley, en fin, fuera de su sitio puede ser abominable. Reconozcamos, por lo tanto, que antes que legalistas tenemos que ser muchas otras cosas, por ejemplo, tener un sentido no sólo de lo moralmente bueno, sino también de aquellos valores sociales que están llenos de vitalidad, por ejemplo, ¿qué sentido tiene defender los valores constitucionales si previamente no defendemos el de la nación que es la base de la ley de leyes? Ninguno. Por eso, precisamente, por defender la nación, España, Ciudadanos ha sido el partido que ha ganado las elecciones en Cataluña. Y, sin embargo, Ciudadanos puede quedarse fuera del mesogobierno de Cataluña y, lo que es peor, no presidirá la mesa del Parlamento catalán. La sequedad de la “ley” será utilizada estrictamente por los separatistas para impedir lo obvio vitalmente: dejar la presidencia de la mesa al partido ganador. Si los nacionalistas persisten en esta acción, estarán demostrando de nuevo que están matando lo que les da vida: la nación española.

Tampoco se salva de caer en el “seco legalismo” la actitud del PP, cuando argumenta que su fracaso en Cataluña no tiene por qué repercutir en el resto de España y, sobre todo, no harán nada por enmendar su actitud salvo respetar escrupulosamente la ley. Naturalmente, me parece bien que el PP respete la ley, pero no tener otra iniciativa política o moral, cuando se ha aplicado la ley de modo tan nefasto para el propio Gobierno, el famoso artículo 155 de la Constitución, es como matar la vitalidad del país. El PP tiene todo el derecho del mundo a seguir gobernando en España porque la ley se lo permite, pero la situación del país es lo suficientemente complicada, especialmente después de los resultados de Cataluña, como para que se plantee otras salidas que las meramente legales para resistir toda la legislatura.

Ya sé, ya sé que el PP pretende aguantar tres años con medidas económicas y sociales, o mejor, se conforma con la subida del salario base, el descenso del desempleo y el crecimiento de la economía, pero eso es tanto como negar lo que compete al Gobierno en particular, y a los políticos del PP en general, ser realistas, o sea, mostrar la realidad tal cual es y proponer soluciones. Por ejemplo, no pueden negar que los resultados catastróficos del PP en Cataluña tienen repercusiones en toda España ni tampoco que todas las encuestas dan un empate entre PP, PSOE y Ciudadanos; esos dos fenómenos tomados en serios serían más que suficientes para que el PP abandonase esa displicencia legalista, y pasará a considera que la política es otra cosa, sin duda alguna, mucho más importante que la simple administración de las cosas. Se trata del gobierno de los ciudadanos.