La declaración que ha desempolvado uno de los secretos mejor guardados e importantes de la historia de la NBA pertenece al jugador de los Raptors DeMar DeRozan. El californiano conforma en la actualidad una formidable pareja con el base Kyle Lowry. De la química que ha surgido entre ambos nace el rendimiento que ha llevado a los canadienses a competir en los play-offs de la Conferencia Este de manera consistente en los últimos años y la racha que les mantiene como segundos en dicha región, por delante, incluso, de los Cleveland Cavaliers de LeBron James.
DeRozan prendió la mecha de lo sorprendente al declarar, hace días, que durante el primer curso en el que compartieron vestuario en Torono no mantuvo relación con el otro All Star de su camarín. "En mi primer año con Kyle no nos dijimos ni una palabra", avanzó, antes de confesar que "No hablamos, ni tuvimos una conversación ni pasábamos el rato ni fuimos a comer. No nos sentábamos uno al lado del otro". "No tenía su número de teléfono", sentenció.
Entonces, las palabras del escolta estelar que defiende el interés de los Raptors llegó a los oídos de Scottie Pippen. Y el escolta de los Chicago Bulls legendario refutó como habitual ese tipo de conducta dentro de la dinámica de los vestuarios de la mejor liga de baloncesto del planeta. De hecho, el ganador de seis anillos junto a Michael Jordan confirmó que se sentía identificado con esa circunstancia. Que la había vivido con el mejor jugador de la historia.
"Estaba en otro nivel cuando llegué. Ya era una megaestrella", expuso Pippen, tratando de contextualizar los códigos como funcionan las relaciones entre los jugadores de baloncesto en la NBA. En su caso particular, cuando él llegó como novato al vestuario de los Bulls, Jordan ya llevaba tres años de carrera en los que había acumulado honores como Rookie del Año, máximo anotador de la temporada, campeón del concurso de mates y convocatoria al All Star en los tres años. Su estatus estaba muy por encima de un recién llegado, y eso, al parecer, marca una barrera tangible en el día a día.
En el primer curso en el que jugaron en el mismo equipo Jordan cosechó el MVP de la temporada, Mejor Defensor del Año, MVP del All Star Game y revalidó el título como mejor matador. Ya con su sólida compañía su rendimiento se disparó, pero, ni en ese punto, su relación era fluida. Cuenta el secundario más completo de la historia de la NBA que no habló ni una sola palabra con la estrella a la que potenciaba hasta pasado un tiempo considerable.
"En mis primeros años con Jordan nunca salí con él. Nunca tuve su número de teléfono. No hubo ningún vinculo ni relación durante mis casi primeros dos años en los Bulls", explicó. Y concluyó su argumentación indicando que "es bastante común". "Cuando estás tanto tiempo en la cancha con los chicos y cuando viajas tanto durante todo el año, necesitas ese espacio para ti cuando sales de la pista", zanjó un jugador de amplia experiencia en varios camarines -Bulls, Houston Rockets y Portland Trail Blazers-. Palabra de todo un Hall of Famer que compitió en la élite del baloncesto durante 17 años.
Pero, este es el último capítulo que se desvela de la intrahistoria de una de las asociaciones más fructíferas que jamás haya conocido el deporte mundial. ¿Qué hubiera sido de Pippen sin Jordan? ¿Cuál habría sido su verdadero nivel si hubiera liderado a un franquicia? ¿Habría ganado (tanto) Jordan sin Pippen? Esas cuestiones redundan en el nivel estelar que mostró este jugador versátil y de jerarquía que lideró a los Bulls durante la ausencia de Jordan en puntos, rebotes, asistencias y robos. Su camino individual y percepción quedarían siempre influenciadas por su condición de escudero indispensable de Jordan.
Quizá esas perguntas también se las haya efectuado el propio Pippen y su orgullo le esté pasando una factura demasiado exigente. Esto podría explicar que en el pasado diciembre haya afirmado que "probablemente LeBron James esté ya por encima de Jordan". "Los números no mienten. Seguramente LeBron no iguale nunca a Jordan en MVP's pero estadísticamente hablando LeBron está ahí mismo. Cuando compruebas las estadísticas, no solo las de anotación sino también las asistencias, rebotes... probablemente LeBron está ya por encima de Jordan", arguyó.
Esto es toda una afrenta hacia el icónico jugador de los Bulls si se conoce su gen competitivo extremado hasta el punto de ser enfermizo. Sin embargo, no le resultará sorprendente a Jordan las apreciaciones que Pippen ha realizado sobre él en los últimos dos meses, ya que su relación con él se ha enfriado con el paso de los años.
El punto culminante de este distanciamiento ha sido, probablemente, la filtración que le llegó al periodista Amin Elhassan. El plumilla de la ESPN se hizo eco de una información desvelada que acusaba a Jordan de haber estafado a Pippen miles de dólares. La competitividad ganadora de la leyenda en todo campo imaginable es bien conocida y su gusto por el juego y las apuesta también. De este nicho nacen multitud de rumores y leyendas. Pero la peor es la que fue publicada y dada por válida: Michael habría engañado a su compañero más valioso durante toda una temporada.
El caso es que mientras compartían equipo, en el videomarcador del Chicago Stadium se proyectaba una carrera en la que tres toros competían durante los tiempos muertos. Jordan se habría enterado de que esas carreras virtuales proyectadas eran vídeos ya grabados. Esto es, no se desarrollaban en directo. "Son carreras que ya están grabadas", le respondieron los operarios del electrónico al histórico jugador y éste convenció a Pippen de jugarse 100 dólares a qué toro ganaba en cada una de esas carreras. Durante cada uno de los partidos que jugaron en casa en ese año. En consecuencia, el bolsillo de Scottie le entregó miles de dólares a Michael al final del ejercicio. Al menos le llevó a participar en el Dream Team del 92, si bien se desconoce si también le 'desplumó' en las míticas partidas de póker que tenían a Barcelona como marco.