Opinión

La OCDE, la CEPAL y más, a mexicanos

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 11 de enero de 2018

En estos momentos varios mexicanos presiden organismos internacionales de gran importancia. Destacadamente la OCDE, la CEPAL o detentando la dirección general del Banco de Pagos Internacionales. En los dos primeros, hace ya tiempo.

José Ángel Gurría no es santo de mi devoción, pese a haber sido reelecto por segunda vez y por unanimidad, para su tercer periodo al frente de la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (http://www.oecd.org/) con sede en París. La encabeza desde 2006. El priista, exsecretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores de México, que auguraba en 1994 a unos inversionistas extranjeros que el PRI gobernaría 25 años más en México –aunque perdió las elecciones de 2000 y quedó tal partido fuera de la presidencia por 12 años– se ha granjeado la confianza de los miembros de esa institución a la que también pertenece España. Tiene el mérito de que en su gestión ha convertido a esa organización que preside en un referente, incluso, para los países que no la componen, algo elogiable porque no siempre sucede. Hoy la OCDE no deja indiferente a nadie. O no debería.

España ha recibido frecuentes visitas del funcionario, atenta a las observaciones que ha formulado el organismo, gracias además a la cercanía entre la sede de la OCDE y el país ibérico. Ya el idioma las facilita más.

La seriedad de los datos que recaba la OCDE y su eficaz difusión le han dotado de esa credibilidad incontestable. Mi “pero” solo radica en Gurría. El priista a mi juicio, se veía muy parcial cuando trataba de identificar los rezagos mexicanos gobernando la oposición a su partido, y es más laxo en sus pronunciamientos tratándose del priista Peña Nieto. Hay precedentes. Se ganó el mote de ser “el ángel de la dependencia” aludiendo al Ángel de la Independencia, el monumento a la independencia mexicana obtenida frente a España, porque sus gestiones internacionales en su etapa ministerial se percibían entreguistas. Ni hablar, hoy no niega la cruz de su parroquia, como no merece negarse que le gana su adscripción partidaria. A su paso por México en días recientes, ha dicho que sí puede bajarse el ISR, contradiciendo la postura conservadora de los economistas gubernamentales de que sería contraproducente al erario. Por supuesto lo expresa escudado en su cargo internacional supuestamente apartidista.

Sucede sí, que el gobierno priista se juega el todo por el todo en las elecciones presidenciales del 1 de julio próximo y endulzaría mucho los oídos de los electores, contribuyentes, si admitieran y prometieran en el PRI que les bajarán los impuestos. En sesgos como tales es donde brota el evidente priismo de Gurría o al menos, a mí me despierta mucha suspicacia. Mantengo mi reticencia hacia él. Por lo demás es la OCDE la primera fuente que ha de consultarse desde México, cuando se trata de saber el status de los rubros del país en el mundo.

Reconozco de Alicia Bárcena su sencillez y su capacidad presidiendo desde 2008 a la CEPAL, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (https://www.cepal.org/es), dependiente de las Naciones Unidas. Se trata de un organismo referencial destacado de la región, un verdadero termómetro coadyuvando con otras importantes instituciones de la zona en la atención de los temas torales que atañen a esos países. La mexicana lo ha visibilizado todavía más haciendo gala de competencia al congregar voluntades y esfuerzos, desplegando una gran aptitud gestora y directiva. Al inicio del sexenio de Peña Nieto, se la insinuó como secretaria de Relaciones Exteriores. No sucedió, pero ello advierte su idoneidad para cargos de alta investidura.

Agustín Carstens goza de una reputación notable. Desde diciembre de 2017 es el director general del Banco de Pagos Internacionales (BPI), una suerte de banco de los bancos centrales, a cuyos afiliados brinda asistencia.

El BPI (https://www.bis.org) con su sede en Basilea, cuenta en sus filas con 60 bancos centrales –entre ellos el Banco de España y el Banco Central Europeo, además del Banco de México– y presta servicios a unas 140 instituciones financieras de todo el orbe, que representan el 95 % del PIB mundial.

La trayectoria de Carstens es muy notable. Fue mandado llamar por el presidente Felipe Calderón para presidir la Secretaría de Hacienda en el año 2006, cuando recién se desempeñaba como subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional –es decir, era el tercero en el escalafón de la renombrada organización– y pasó después a presidir el Banco de México. Compitió por la presidencia del FMI contra su actual titular Christine Lagarde, quien se impuso, y mientras presidió el Comité para el Desarrollo del propio FMI y presidió el Comité Monetario y Financiero Internacional del FMI, el órgano rector de sus políticas.

A mí me ha parecido acertada su dirección al frente del Banco de México, porque compensó en lo posible los desaciertos y torpezas de Peña Nieto y su equipo de improvisados y pese a su conservadurismo y su parquedad declarativa. Es un sujeto con los pies puestos en la tierra, mesurado y con ideas preclaras inamovibles. Su proyección en el mundo financiero internacional está más que acreditada y justificada. Trascendió en la prensa especializada que su llegada al cargo implicará que pondría énfasis en las criptomonedas (el bitcoin) y la tecnología aplicada a las finanzas.

Hay algo que debo destacar de los tres personajes: su pericia y su desenvoltura para expresarse con una claridad encomiable en los asuntos complejos de su competencia, pese a los encumbrados puestos que detentan. Cualidades que merecen reconocerse por su valía y por su utilidad. Engrosan la lista de destacadas personalidades mexicanas que han figurado en esas lides internacionales, como Jaime Torres Bodet presidiendo la Unesco o Bernardo Sepúlveda Amor como vicepresidente de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Los tres son referentes necesario y corresponde ponderarlos.