Michele Ferrari es un médico italiano que se especializó en el seguimiento del umbral anaeróbico de los atletas y, en concreto, en los límites de la frecuencia cardiaca de los ciclistas. Se granjearía una fama notable y gran importancia y carrera en el ciclismo actuando como preparador particular de algunos de los corredores más importantes del pelotón internacional. Todo ello a partir de 1984. Desde ese momento, en que con su método condujo a Francesco Moser a batir el récord de la hora de Eddy Merckx acribillando la marca del icono belga, fue recultado por muchos corredores punteros.
El velocista emblemático Mario Cipollini, el rival de Induráin Tony Rominger, el contrarrelojista español Abraham Olano, los escaladores nacionales Fernando Escartín, Manuel Beltrán, Marcos Serrano o Cadel Evans son algunos de los nombres que han pasado por sus manos y han logrado el éxito, entregándole una jugosa comisión de las ganancias correspondientes. Pero, sin duda, su más ilustres cliente fue Lance Armstrong. Bajo su tutela cimentó el estadounidense algunas de las siete victorias que alcanzó en el Tour de Francia.
El único pero a toda esta trayectoria resplandeciente en el mundo del ciclismo es que el milagroso método del galeno era el dopaje. El récord de la hora que tumbó al gran Merckx se registró con el rendimiento de Moser condicionado con sustancias ilegales. Así lo confesó en 1999. Y la más sonada de sus confesiones sobrevino después de que la agencia americana antidopaje le incluyera como protagonista en el sistema de dopaje estructurado con el Armstrong alcanzó la gloria en el deporte de la biciclieta.
Él, los doctores españoles Pedro Celaya y Luis García del Moral y el preparador físico José Martí fueron acusados por la USADA por considerar que sustentaron la trama dopante en el US Postal imperial. De ese informe, publicado en 2012, salió una inhabilitación de por vida.
Pero el especialista, que ha reconocido algunas de sus tropleías después de ser impedido para tratar a cualquier deportista profesional, sigue siendo un especialista en el estudio y el tratamiento del rendimiento y la recuperación del ciclista. Con o sin sustencias accesorias. A fin de cuentas su método era ganador, por lo que alcanzó un alto grado de acierto en sus hipótesis. Por ello, y por su dimensión (polémica), sus opiniones en torno a cualquier asunto relacionado con el dopaje son escuchadas.
Por esto ha llamado la atención la firmeza con la que ha atacado a Chris Froome. Porque Ferrari está fuera de la participación en primera persona pero sus contactos dentro del pelotón siguen vigentes. El doctor italiano que dopó a Lance Armstrong y otros muchos -sin que se pudiera demostrar tal dopaje- ha declarado que "Froome, sin salbutamol, no habría ganado cuatro Tour sde Francia".
Así lo ha afirmado en el foro que tiene abierto en su sitio web. "Haciendo un discurso más amplio, podríamos decir que Froome, sin salbutamol, posiblemente no habría ganado cuatro Tours de Francia. Es como un ciclista con 38 de hematocrito sin EPO. Ambas cosas (salbutamol y EPO) remedian las injusticias de la genética", ha argumentado al ser preguntado por la situación que atraviesa el ciclista británico, único capaz de acumular entorchados de la Grande Boucle sin ser salpicado, hasta 2017, por el dopaje.
"El salbutamol no mejora las prestaciones en individuos no asmáticos. No es verdad que tenga efectos anabolizantes, incluso con altas dosis. No hay ningún estudio científico en el hombre que demuestre lo contrario", arguye Ferrari, quien considera que el positivo del keniata podría deberse, entonces, a una deficiencia en la expulsión a través de la orina de las dosis de salbutamol. "La excreción urinaria de salbutamol es bastante variable y depende de varios factores, algunos de ellos desconocidos", resume al respecto.
Y narra que "personalmente creo que Froome exageró con el 'pitufo', tal vez no voluntariamente (perdió o se equivocó en la cuenta). En las etapas anteriores su concentración en orina parece constante en torno a los 600 nanogramos por mililitro. Tal vez pensó que duplicando la dosis habitual iría a 1.200, por debajo del umbral, pero sin calcular que un metabolismo de la dosis de la sustancia podría ser saturado y la eliminación urinaria será mayor".
En cualquier caso, mientras los abogados de Froome luchan para defender la inocencia e imagen de su cliente ("Mi legado no quedará manchado", afirmó el británico tras conocerse su positivo en La Vuelta 2017), lo único que ses tangible es que en abril de 2017 Ferrari fue sentenciado penalmente por primera vez. Después de décadas de acusaciones. Gottlieb Taschler, ex vicepresidente de la Unión Internacional de Biatlón, recomendó a su hijo Daniel los servicios del dcotor.
Y Ferrari le atendió. El problema es que ya había sido inhabilitado cuando empezó a asesorar al biatleta. No podía ejercer la medicina deportiva. La Fiscalía de Padua comenzó unas pesquisas en las que se escudriñó a la familia Taschler por medio de la escucha de las conversaciones telefónicas. En esas charlas, el galeno adiestraba a Daniel cómo comprar u usar eficazmente EPO. En consecuencia, el Tribunal de Bolzano (Italia) le sentenció a un pena de 18 meses de reculsión. Este episodio redunda en la percepción de caradura que de él tiene la Agencia Mundial Antidopaje.