Destino. Barcelona, 2017. 192 páginas. 18 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Cora Cuenca Navarrete
El paisaje está seco, cantan las chicharras. Las botas del subteniente Bevilacqua y de su fiel sargenta Chamorro hacen crujir las ramas mientras se acercan al lugar del crimen. Mentirían si dijeran que se encuentran volcados en el caso en cuerpo y alma. Ansían la libertad que el estío tiene a bien ofrecer a unos cuantos privilegiados, entre los que no se suelen encontrar los integrantes de un cuerpo como la Guardia Civil. Suspiran para sus adentros, y se disponen a enfrentarse a los cuatro casos que Lorenzo Silva ha ideado para ellos como forma de darles las gracias por 20 años al servicio de los lectores. Imaginamos al a veces cáustico Bevilacqua inquiriendo con mofa algo como “vaya, Lorenzo, ya podrías habernos premiado llevándonos a una playa paradisíaca”.
En fin, cuando el deber llama es imposible hacer oídos sordos, y más aún si se trata de dar caza a los responsables de los atroces crímenes que suponen el punto común que atraviesa y conecta las cuatro historias. Y es que Tantos lobos es una obra de ficción total y absolutamente verosímil que se identifica con los sucesos que el español medio observa casi a diario en los informativos de televisión o entre las páginas de los periódicos. Aunque el nexo está constituido por los asesinatos de cuatro jóvenes mujeres, los artífices de los mismos, así como sus motivos, son diametralmente opuestos. La violencia machista, uno de los ejes indiscutibles del relato, se ve materializada no solo a través de los crímenes, sino que está tristemente presente en testimonios y actitudes de los protagonistas, poniendo Silva la lupa en uno de los principales problemas que afecta a la sociedad española.
El madrileño ha relegado a un segundo plano el gran relato negro propio de Agatha Christie, donde el proceso de exposición del asesino era una pura filigrana, para proponer una trama mucho más sencilla, protagonizada por la primitiva oscuridad que emerge del ser humano en determinadas circunstancias. La resolución de los problemas que la realidad plantea a Bevilacqua y Chamorro no se hace demasiado de rogar, normalmente gracias al rastro de los avatares que se mueve por el universo virtual en el que interactúa el individuo en la sociedad de comunicación. Las redes sociales cobran una vital importancia ante un subteniente Bevilacqua que se va sintiendo desactualizado y superado por los tiempos que corren. Como no podría ser de otra forma, la crítica social y política aparece contenida en numerosas ocasiones en el discurso del subteniente, que se llega a disculpar por el calor antes de un interrogatorio alegando que los recortes limitan el funcionamiento de los aparatos de aire acondicionado.
Tantos lobos es una novela incómoda que incorpora por su realismo al lector en la trama de manera casi imperceptible. Las cuatro historias afrontan una realidad odiosamente familiar en la que unos pocos, con independencia de las pérfidas razones que muevan sus actos, se creen con la egoísta legitimidad de poner fin a una vida. Y es que, aunque siempre es agradable saber de Bevilacqua y Chamorro, es necesario arrancar desde su raíz este problema estructural que tan bien retrata Lorenzo Silva y que esta vez ha mantenido activos y de caza a nuestros dos guardias civiles durante el periodo estival.