La era digital ha abierto a la sociedad un impresionante abanico de posibilidades tecnológicas, pero también ha provocado un notabilísimo cambio en nuestras tradicionales pautas de conducta. Inventos tan revolucionarios (y ya tan cotidianos) como los teléfonos móviles, las tabletas o Internet, han acelerado exponencialmente nuestro ritmo de vida hasta sumirnos en una constante carrera de fondo. No hay un segundo que perder. Volcamos constantemente nuestro ethos en estos modernos dispositivos, que se han transformado en un apéndice más de nuestro cuerpo, facilitándonos enormemente gran cantidad de tareas para las que antes necesitábamos viajar en el espacio-tiempo. Prácticamente cualquier cosa que podamos imaginar está al alcance de un 'clic' o de un 'tap'. Pero hay un precio a pagar...
Dormir es quizás la actividad más importante para el ser humano. No en vano, pasamos (o deberíamos pasar) un tercio de nuestra vida cobijados en las sedosas frazadas de Morfeo. Un buen descanso nos permite 'recargar pilas', tanto física como mentalmente, para poder afrontar un nuevo día.
Sin embargo, en las últimas décadas, la calidad de nuestro sueño se está viendo considerablemente deteriorada, y muchos expertos señalan acusadoramente a las nuevas tecnologías. "Según la gran mayoría de estudios, los niños y adolescentes que pasan más tiempo delante de una pantalla tienen más probabilidades de sufrir problemas con el sueño", comenta Monique LeBourgeois, profesora asociada al Departamento de Fisiología Integrativa de la Universidad de Colorado.
Tras analizar docenas de trabajos científicos que se centraban en este tema, LeBourgeois y sus colegas han llegado a la conclusión de que un uso irresponsable de las nuevas tecnologías provoca retrasos a la hora de acostarse, disminuye las horas de sueño y empeora la calidad del mismo. "El panorama de los medios digitales está evolucionando tan rápido que necesitamos que nuestra investigación se ponga al día solo para responder algunas preguntas básicas", admite la doctora Pam Hurst-Della Pietra, fundadora de la organización Children and Screens.
La Ciencia lleva varias décadas estudiando las consecuencias de una mala calidad del sueño. "Los trastornos del sueño son un factor de riesgo que provoca todo tipo de dolencias: desde la obesidad mórbida, pasando por la diabetes, las enfermedades neurológicas o las inmunológicas, entre otras", explica Diego García-Borreguero, director del Instituto del Sueño, que esta semana ofrece un simposio internacional sobre esta problemática.
Los nuevos hábitos de vida de la sociedad moderna están reduciendo los tiempos de descanso de las personas y, hoy por hoy, el déficit de 'sueño crónico' afecta a un porcentaje muy elevado de la población sana, alerta García-Borreguero. Todos estos factores hacen cada vez más importante "saber qué ocurre en el cerebro, cuando descansa y cuando no lo hace" y en ese contexto "la investigación básica es esencial", apunta.
El insomnio se define como el sueño insuficiente, intranquilo, de mala calidad, o no restaurador. Solo en España, cerca de un 15 por ciento de la población padece insomnio crónico y el 5 por ciento está medicado. Además de los malos hábitos, asociados a las nuevas tecnologías, existen toda una serie de factores que pueden perjudicar nuestro descanso: el consumo de sustancia excitantes como la cafeína o la nicotina, o depresoras, como el alcohol; los malos hábitos de alimentación; el estrés, la ansiedad o la depresión, son algunas de las causas más frecuentes de insomnio.
El doctor José Antonio García Higuera del Centro de Psicología Clínica y Psicoterapia, señala tres formas complementarias de combatir el insomnio: conseguir unas condiciones fisiológicas adecuadas, mantener un ambiente propicio para el sueño y conseguir una desactivación física y cognitiva.
En la primera categoría se engloban soluciones que mejorarán nuestra predisposición fisiológica para dormir:
También debemos generar unas condiciones óptimas que nos inviten a soñar:
Por último, tenemos que desactivarnos tanto física como mentalmente. La desactivación física puede conseguirse con técnicas de meditación o de respiración, que ayuden a reducir nuestra tensión muscular y a controlar nuestra respiración, que debe ser profunda, regular y abdominal.
Pero la parte más difícil, y a la vez clave para solucionar esta patología es la llamada desactivación cognitiva, la causa principal del insomnio para la mayoría de expertos. Los pensamientos sobre el día a día, los planes a corto, medio o largo plazo, la propia preocupación por no dormir, o la reflexión sobre los problemas laborales y familiares suelen ser algunos de los más comunes. Para librarnos de ellos, el doctor García Higuera propone diversas fórmulas, que van desde aceptar nuestros pensamientos y "dejarlos ir", practicar la meditación, focalizar nuestra atención en una sola imagen o interrumpir nuestra estancia en la cama cuando no seamos capaces dormir.