Enumeraba Indro Montanelli los medios que el hombre ha inventado para destruir una doctrina y defender otra: el análisis, la crítica de textos, el relato, el diálogo, el apólogo, la sátira, la anécdota, la caricatura. Todo ello manejado con agilidad de palabra y de mente. Con fina ironía e imaginación revolucionaria, Tabarnia se enfrenta al independentismo catalán rebatiendo sus argumentos. ¿Le paga con la misma moneda? No, porque ataca a las ideas, que son ocurrencias sin seny, y no al hombre. Es la sarcástica historia de un éxito veloz, digno de Marca España, fue Marca Hispánica, no se olvide. Nace y se divulga alegre y ágilmente en redes mediáticas y sociales anticipándose con exageración a las patrañas de la posverdad.
En la película de Alfred Hitchcock, “Con la muerte en los talones”, Cary Grant, interpretando el papel de un alto ejecutivo publicitario, sostiene que en el mundo de la publicidad, la palabra mentira no existe; en su lugar, se emplea el término exageración. Tabarnia es el símbolo exageradamente burlón de la resistencia bromista que combate con humor y carcajadas la tabarra independentista y puede resultar tan molesto para los corifeos del secesionismo como lo es el artículo 155. Constituye la crítica caricaturesca hacia un territorio que lleva veinte siglos sin ser nación (y lo que te rondaré morena), la desternillante china en el zapato del procés, la parodia de personajes propios de fábula más que de Historia; Es la solución para que Messi siga vistiendo de azulgrana.
El humorismo es, acaso, la más inteligente sutileza de las manifestaciones humanas, signo de la aristocracia espiritual del hombre. Las cabriolas del humor son vías de escape o cauces para la crítica política. Cuentan que al enterarse Manuel Azaña de que el general Goded se había sublevado en Barcelona contra la República, exclamó: Mira que son ganas de Goded. Durante la crisis ministerial de octubre de 1974, en la que Franco cesó a los ministros Pío Cabanillas y Barrera de Irimo, los humoristas Tip y Coll referían el hecho eludiendo la censura mediante su inteligente guasa: Hablemos del Gobierno, proponía uno. Yo no digo ni “pío”, prefiero ver los toros desde la “barrera”, respondía el otro.
Para Salvador de Madariaga los catalanes eran castellanos que vivían de espaldas a Castilla divisando el doméstico horizonte mediterráneo mientras discurrían cómo levantar un imperio semejante al transatlántico. Los secesionistas catalanes, agrestes y escasamente cultivados, miran hoy por encima del hombro al resto de los españoles desde lo alto de su tractor amarillo ¡qué insistencia en color tan funesto! gritando España nos roba. Los españoles replican cantando: Quisiera ser tan alta como la luna, para ver el 3% en Cataluña. Ante la imaginación al poder, del mayo del 68, Tabarnia es la imaginación contra el poder; un imaginario señorío de sueños de libertad que planta cara a un poder arbitrario y abusivo. Puestos a imaginar, si a Rufián le preguntaran qué opina sobre Tabarnia, respondería: Son ganas de joder, pues yo soy seguidor del Español.