Opinión

Colombia y Venezuela, un diálogo imprescindible

Viernes 11 de julio de 2008
Cuando todavía resuenan los ecos de la exitosa liberación de Ingrid Betancourt y otros rehenes secuestrados por las FARC, Chávez y Uribe se sientan a dialogar. Lo hacen en el marco de un encuentro bilateral, con la excusa del comercio y la energía, pero cuyo telón de fondo es la normalización de unas relaciones diplomáticas sumamente deterioradas. No es el primer caso de dos países fronterizos con problemas. Por regla general, las relaciones entre naciones vecinas no suelen ser todo lo fluidas que debieran. Grecia y Turquía, India y Pakistán o Argentina y Chile son sólo algunos ejemplos palmarios de lo difícil que es en ocasiones conciliar sensibilidades diferentes con una frontera de por medio. En todos ellos, hay motivos de discordia achacables a ambas partes.

No aquí. Uribe es un político que habrá podido cometer errores, como todo el mundo, pero cuya trayectoria democrática es impecable. Sería injusto apuntarle a él solo todo el mérito de la liberación de los secuestrados, pero no es menos cierto que el mandatario colombiano no ha escatimado esfuerzos en luchar contra un enemigo como las FARC, aún a costa de un gran desgaste personal. Ganó limpiamente unos comicios limpios, al igual que sus predecesores. Gobierna un país cuya sociedad sufre desde hace demasiado tiempo ya el azote del narcoterrorismo. Y sin embargo, Colombia no ha dejado de crecer en los últimos treinta años. Es quizá la democracia más consolidada de la zona, lo cual irrita sobremanera a Chávez y su cohorte de imitadores populistas -Correa, Evo Morales...-. La operación que acabó con la vida de Raúl Reyes, ex número 2 de las FARC, se desarrolló en suelo ecuatoriano, país que, junto con Venezuela, sirve de refugio a los narcoguerrilleros. En su ordenador personal se hallaron pruebas irrefutables de la financiación de las FARC a cargo de Chávez. Y pese a todo, Colombia se sienta a dialogar con él. Quizá porque el talento político del presidente Uribe va más allá de quien rija los designios de su país vecino, por poca o nula cordura y catadura moral que tenga su homólogo venezolano. Colombia y Venezuela han de entenderse, pese a Chávez. Y es sumamente loable el esfuerzo que ha tenido que hacer Uribe para departir con quien no hace sino torpedear las relaciones entre ambas naciones. Ojalá Chávez aprenda algo del encuentro. Por el bien de ambos países.

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