Máxima tensión en el Gobierno ante la posibilidad de que el expresidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, pueda regresar y participar en el pleno de investidura del Parlament en el que se votará su candidatura a presidir la Generalidad.
A pesar de que el Gobierno cuenta con el respaldo del Tribunal Constitucional, que ha prohibido la investidura desde el punto legal, el temor se instala en la posibilidad de lo simbólico: que el independentismo logre colar a Puigdemont en el recinto del Parlament con alguna treta inesperada.
El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, reconocía recientemente ese miedo y afirmaba que se ha reforzado el dispositivo policial para evitar que Puigdemont se cuele clandestinamente en España a través de un helicóptero, una lancha motora o escondido “en un maletero”.
"Estamos sin duda muy preocupados por esa conducta porque no se sabe qué es lo que puede hacer y estamos viendo todas las posibilidades que tiene para evitarlas", reconocía Zoido.
No es la primera vez que se especula sobre un posible golpe de efecto del ex presidente catalán, ya que hubo un dispositivo similar para evitar que regresara a Cataluña justo antes de la votación del 21 de diciembre.
El presidente del Parlament, Roger Torrent, viajó este miércoles a Bruselas para encontrarse con Puigdemont, a fin de preparar los detalles aún inciertos de la investidura, que como muy tarde se celebrará el 31 de enero. Puigdemont reconocía su voluntad de poder regresar "sin ningún riesgo" a Cataluña. De hecho, tras conocerse la decisión del TC, se anunciaba la petición del prófugo de la Justicia al juez Llarena para que le permita asistir al pleno de investidura.
"Ese es mi camino en los próximos días", ha señalado Puigdemont. Preguntado por cuándo volvería a España, ha asegurado que le gustaría hacerlo "ahora mismo", siempre que "se respetasen los resultados de las elecciones" y no hubiese "miedos ni amenazas".
La posibilidad de que Puigdemont llegara hasta el Parlament en la jornada de investidura ha dado algunas anécdotas: el pasado domingo, según RAC1, varios agentes de la Guardia Civil acudieron a un aeródromo en Sant Fruitós de Bages para comprobar que el ex president catalán no había ‘aterrizado’ de alguna forma en él, ya que es un aeropuerto que no recoge pasajeros y se usa para los saltos en paracaídas.
Además, la Policía Nacional, ha instalado una intensa vigilancia de los accesos al Parlamento de Cataluña, donde hay desplazadas varias patrullas de la UIP que hacen turnos.
Se trata de un nuevo reto para las fuerzas de seguridad, a unos días de que se cumpla la fecha límite del pleno de investidura. Si Puigdemont lograra sus hipotéticos objetivos de volver, se abrirían caminos hacia las dimisiones en el seno del Gobierno.