El resultado de las últimas elecciones catalanas, resultado que se repite una y otra vez, demuestra la división social en bloques, y por ende, que la existencia de un pueblo catalán y otros es el mito en que se asienta la pretensión separatista. Por eso, esa pretensión arraiga más en los pueblos en donde hay una población más uniforme y no en las ciudades en donde hay una población de aluvión. Lo que indica que el separatismo tiene una raíz supremacista, genética o racial, de índole peligrosamente nazi, más que cultural. Entre otras razones, porque no hay una diferencia cultural reseñable con el resto de España. Como no la hay, hablando de cultura en serio, respecto de los países europeos e incluso de los demás occidentales. Ello es lo que hace posible una unión europea que terminará convirtiéndose en un Estado Federal.
Resulta llamativo por su carácter mendaz -casi todo lo que dice el separatismo tiene ese carácter- que los separatistas dijeran que habían recibido un mandato democrático el 1-O para declarar la República catalana, sabiendo que el referéndum malogrado fué una cacicada, carente del mínimo rigor democrático. También saben perfectamente que sin una ley electoral tramposa, que no han querido mejorar, no hubieran conseguido el 21-D la mayoría absoluta. Pero ningún separatista lo dirá. Porque, por lo que se ve pocos se han arrepentido de su participación en el fallido golpe de Estado. Todos debieran haber permanecido en la cárcel hasta la celebración del juicio, pues los que siguen de diputados parece que persisten en la reiteración delictiva. Luego, la Justicia los inhabilitaría para ocupar sus escaños, lo que sería muy positivo para que sus sustitutos advirtieran que no se puede jugar impunemente con la nación española por el capricho de una élite que ha adoctrinado durante cuarenta años a una población crédula en la mentira histórica y el odio al otro. Ni el Gobierno, ni los constitucionalistas, ni la Justicia pueden cometer más errores en Cataluña.
Las elecciones han vuelto a probar quizás lo más grave: que mucha población catalana está moralmente enferma cuando premia al cobarde que ha huído en lugar de al que está en la cárcel, aunque ninguno de los dos merezca un voto. Desde Bruselas el prófugo alardea de que ha ganado el plebiscito. No. El plebiscito, o sea los votos, el referéndum o como guste llamarlo, lo ha perdido, como ocurrió en 2015. El propio separatista Tardá reconoció que la DUI no había prosperado porque no tenía la mayoría social.
En cuanto a Tabarnia, esa plataforma que amenaza con promover la separación de Barcelona y Tarragona del resto de Cataluña, parece innecesario llevar a la práctica un absurdo conectado con el inexistente derecho a decidir, cuyo sujeto puede ampliarse a capricho, aplicándose a regiones, comarcas, pueblos, barrios e individuos. El absurdo es evidente, aunque se pudiera legalmente. Entre otras cosas, porque no va a haber referéndum separatista de ninguna clase, ni lo que pasó en la primera República de Cantones, Autonomías, o Naciones.
La postura del Presidente del Parlament: Torrent no augura nada bueno, pues se empeña como sus compañeros encausados en que el golpista Puigdemont sea Presidente, lo que contradice la razón de su destitución. De todos modos, el Gobierno Central tiene que aclararse y atender a este argumento simple: si la candidatura del prófugo es ilegal, y el artículo 155 se le aplicó por golpìsta y sigue en vigor, tendrá que impedir que el mismo golpista sea candidato sin necesidad de ningún recurso. Su poder de disolver el Parlament no ha decaído, pues que lo disuelva. Pero si la candidatura del prófugo es legal, ¿por qué recurrirla?