Al fugarse a Bruselas, Puigdemont encargó a un amigo que le regara las plantas que tiene en su chalet. Sabe que las flores no pueden atenderse telemáticamente, sino que necesitan a diario de cuidados delicados e in situ. Se vio obligado a nombrar un delegado de macetas y arriates. Tiene otro delegado para la correspondencia. Cuando Rudolf Hess estaba preso en la Torre de Londres, tras su salto en paracaídas sobre un sembrado de Escocia, Churchill le preguntó: De modo que ¿es usted el loco? No, respondió el lugarteniente de Hitler, el loco se ha quedado en Berlín; yo soy su delegado. La delegación de funciones, figura generalmente admitida en Derecho Administrativo, no es aplicable a la investidura de Puigdemont, según ha declarado el Tribunal Constitucional. El fugitivo tiene dificilísimo volver a presidir la Generalitat porque ni mediante delegado ni de forma telemática podrá ser investido nuevamente como molt honorable.
El ritmo con que la tecnología ha avanzado últimamente ha sido veloz y trepidante. Hoy puede obtenerse un título académico sin pisar las aulas universitarias; es posible realizar intervenciones quirúrgicas estando el cirujano y el paciente separados por la distancia; incluso, se celebran trámites judiciales a través de videoconferencia. Si bien, en la judicatura, antes de alcanzar estos logros tecnológicos, ya era posible juzgar en rebeldía al acusado, sin resultar imprescindible su presencia en la sala judicial. También, sin disponer de artilugios telemáticos, podía contraerse matrimonio por poderes, delegándose el consentimiento matrimonial, ante la ausencia de uno de los contrayentes. Matrimonio rato, según el Derecho canónico, que luego debe consumarse; pero aquí ya es necesario un acto personalísimo y presencial, no cabiendo ni la telematía ni la delegación de funciones. Como cuando uno va al lavabo; no cabe representante y el afectado no tiene más remedio que ausentarse.
La ausencia junto con la imprudencia suele condenar al político a la irrelevancia. El Gobierno de Suárez pudo sacar adelante los presupuestos de 1980 gracias a la ausencia de varios diputados socialistas, a quienes Felipe González, que en aquella ocasión prefirió ser irrelevante, escribió en un papel: vete y calla. El ex presidente ausente se hunde en la irrelevancia y su revolución pendiente continua siendo la independencia de Cataluña. Los independentistas insisten en la vía telemática para la investidura de su líder. Pero ¿cómo probar que es Puigdemont quien está tras la pantalla de plasma? Actualmente, la técnica del disfraz ha alcanzado cotas muy sofisticadas y con pasmosa facilidad se podría dar gato por Puigdemont. Más un personaje como el político catalán, asequible a tantos imitadores. Como el general Franco, seguro que tiene un doble, o varios: hay quien lo vio votar simultáneamente en distintos colegios electorales durante el simulacro de referéndum. Si la distancia es el olvido, Cataluña se olvidará del fugitivo. Si retornase al poder, con él la libertad duraría lo que las rosas: una mañana. Al telemático nunca se le dio bien cuidar las flores.