Editorial

Torrent echa el freno

Martes 30 de enero de 2018

El presidente del Parlamento Catalán ha decidido aplazar “sine die” la sesión de investidura prevista para este martes. Pese a las presiones de Puigdemont, de los diputados más radicales de JxC y de la CUP, no se ha atrevido a desobedecer al Tribunal Constitucional. Torrent ha justificado su decisión con una petición que no es más que una coartada para ganar tiempo: ordenar a los servicios jurídicos de la Cámara que presenten “alegaciones al Alto Tribunal para que permita la elección con garantías de Puigdemont”. Pero el aplazamiento de la sesión de investidura ha provocado toda una rebelión entre los separatistas más radicales. El cisma en las filas independentistas se veía venir.

Desde que el ex presidente de la Generalidad huyó cobardemente a Bélgica, Junqueras, los diputados de ERC y buena parte del Pdecat mostraron su rechazo a apoyar la candidatura imposible de Puigdemont. Los independentistas más sensatos saben que con esa pretensión nunca podrán gobernar e intentan presentar a un candidato que no tenga causas judiciales pendientes para que presida la Generalidad y zafarse así del artículo 155.

Tampoco parece dispuesto Torrent a desobedecer al Tribunal Constitucional, consciente de que sería imputado por desobediencia, prevaricación e incluso rebelión. Ni los diputados en libertad condicional (Turull, Rull, Forcadell y Romeva) quieren volver a la cárcel, lo que ocurriría en caso de incumplir la ley al votar a favor de la investidura del prófugo.

Pero salvo Joan Tardá que declaró que “Puigdemont debía sacrificarse”, nadie se ha atrevido a retar al ex presidente que en su delirio belga amenaza con provocar unas nuevas elecciones si no es investido telemáticamente o por delegación. Y cuenta con 15 diputados fieles y los 4 de la CUP dispuestos a llegar al límite y bloquear el Parlamento. Los separatistas, así, pondrían en riesgo la mayoría parlamentaria que ahora tienen.

Resulta evidente que Puigdemont, en sus delirios de grandeza, ha perdido el sentido de la realidad y sigue empeñado en ser investido presidente de la Generalidad para gobernar desde Bélgica. Se ha convertido en un chiflado dispuesto a prolongar la crisis en Cataluña con tal de conservar el protagonismo. No quiere saber que su carrera política terminó cuando huyó mientras sus compañeros eran encarcelados.

De momento, Torrent ha echado el freno. Ha evitado desobedecer al Tribunal Constitucional y, aunque ha criticado al Gobierno y al TC de cara a la galería separatista, ha tomado una inteligente decisión. Pero la historia continúa. Y nadie sabe cómo va a terminar. Cabe esperar, que los independentistas aprendan la lección de que solo respetando la ley podrán gobernar. Y para eso, deben olvidarse de Puigdemont.