Sergi Bruguera eligió a Albert Ramos para acometer el tercer partido de la igualada eliminatoria que desarrollaban España y Gran Bretaña, en la primera ronda de la Copa Davis. Tras la derrota de Bautista y el triunfo de Carreño y Feliciano López en dobles, el cruce quedaba visto para sentencia en los choques individuales. Ambos capitanes tenían la posibilidad de cambiar las elecciones iniciales para los últimos dos duelos, pero ninguno de ellos modificaría un ápice su planteamiento.
Así, Albert Ramos y Norrie Cameron, los números uno de cada delegación, se jugaron el pase a cuartos de final del torneo. El nacional competía para sentenciar el billete de los suyos y el británico para que su equipo sobreviviera hasta el hipotético quinto partido. Y éste último conseguiría plantar cara, una vez más, a pesar de la distancia en el ránking ATP que le separaba de los tenistas que jugaron como locales en Marbella. Su ejecución ha roto pronósticos en la pista Manolo Santana y podría constituir el despegue de su carrera.
Aún así, Ramos mantuvo su oficio como preponderante y después de tres sets que llamaban a la incertidumbre (7-6, 2-6, 7-6) finalmente alcanzó a desbordar a la sorpresa de esta primera ronda. La manga final, definida por 6-2, fue uno de los pocos síntomas que refutaron la pronosticada superioridad técnica española. La dura fiscalización a la consistencia local, que se estiró durante tres horas y 43 minutos, tuvo como marco la tensión propia del evento y el frío ambiental.
"Ha sido un partido muy especial, increíble, agradezco al público porque ha sido fundamental", confesó Ramos, toda vez que soltó la tensión del encuentro que acababa de ganar. La victoria consecutiva número 26 en casa de España en la Davis se fraguaría con sufrimiento. Más de lo esperado. Como en toda la eliminatoria, en la que la pérdida de Bautista en el segundo partido supuso un punto de inflexión, Cameron demostró que el favoritismo nacional habría de ser peleado sobre la arcilla.
Los nervios y el juego volcánico de su rival alzaron la exigencia que padeció Ramos, pero el catalán arrancaría con un 4-0 inicial. Sin embargo, Cameron, 114 del mundo y de 22 años, no le perdería la cara competitiva a la fecha y sería capaz de salvar dos oblas de set para forzar a su oponente a doblegarle en el tie-break. Un total de 75 minutos en la primera manga confirmaba lo venidero. Y el segundo set, de irrebatible superioridad británica, Norrie aglutinó dos breaks para empatar en 34 minutos.
El relámpago del jugador afincado en Estados Unidos, como hizo con Bautista, abría la ventana a las dudas del español. Pero Ramos repetiría la maniobra del comienzo: cultivó un parcial de 2-0 que no pudo sostener. Los 93 puestos que separaban a ambos en el circuito se esfumaron en el cara a cara tenso. Cuatro roturas de saque se intercambiarían para desembocar en otro tie-break, el más relevante de la eliminatoria. En ese desempate el jugador barcelonés se aferró al fondo de la pista y ganó el tramo más importante del día.
El cansancio y la sensación de haber perdido la oportunidad pesaron sobre el prometedor novel, que en la cuarta manga se desplomaría. Llegaría a lanzar la raqueta al suelo, explicitando su frustración. Dos breaks allanaría la recta final para Ramos, que zanjó con categoróia y seguridad la indigestión que ha supuesto este fin de semana para la armada conformada por Bruguera. David Ferrer se quedaría sin jugar, ya que el quinto partido no se disputa si la aliminatoria está decidida (medida adoptada por la orgaización esta temporada).
En la siguiente ronda, que se jugará en abril, quizá con la ayuda de Rafael Nadal, los españoles se examinaran ante una Alemania comandada por la perla Alexander Zverev, que ha doblegado a Australia. El astro germano tomó el Pat Rafter Arena, en Brisbane, para tumbar a los aussies por 3-1. De este modo, España vuelve a citarse con Alemania. Lo ha hecho 16 veces, con un récord de 10-6 en favor de los teutones. No obsante, la última ocasión en la que los dos seleccionados se enfrentaron, en 2014, ganaron los germanos con claridad. La costa levantina será, con toda seguridad, el marco de ese trascendental combate.