TIRO CON ARCO
Dani Villagrasa Beltrán | Domingo 04 de febrero de 2018
El vocabulario de la filosofía es griego, con aportaciones del alemán. El latín, que durante tanto tiempo fue la lengua franca del Imperio Romano y la Iglesia Católica, ha sido el idioma de las leyes y el poder. En inglés, que es la lengua vehicular de hoy, todavía molesta el aire de superioridad normanda en las palabras latinas, que se perciben como las de la case dominante. Contaba Julio Camba que desde la invasión normanda, las buenas carnes inglesas han constituido siempre un privilegio de las clases directoras, lo que explica que los animales tengan nombres distintos según se nombren con propósitos comestibles -lo que hacían los dominadores normandos-, o para señalar al animal. “A la ternera viva se le llama en inglés calf, y a la ternera comestible, veal -del francés veau; así, al animal carnero se le dice sheep, y al carnero asado no se le dice roast-sheep, sino roast mutton -del francés mouton-; y así también se designa con el nombre de bullock al buey que ara, mientras el buey de los bistecs deriva su apelativo del francés boeuf, y se llama beef”. Todavía, a día de hoy, se deja notar esa tensión en el inglés: Los anuncios de la tele -television, alarde grecolatino, muy afrancesado, la reducen a sus siglas, tv-, se acortan hasta adds, en vez de la voz advertisement, que suena a puro francés. Las aplicaciones del teléfono móvil son apps, y nunca applications, por el mismo motivo. Los idiomas van configurándose con su propia historia y son muy curiosas las palabras que van exportando. No son ajenas al inglés palabras castellanas como conquistador, guerrilla, matador e incluso mosquito. Idioma de las finanzas, de las ciencias y de las innovaciones en general, el inglés nos ha traído al idioma español incontables palabras, y las que quedan. Recuerdo que, hace ya bastantes años, me hablaron de una campaña de la Generalitat para usar insultos catalanes en vez de los castellanos, que, dicen los entendidos, en materia de insultos no tiene rival -¡Carallot! ¡Babau! ¡Gamarús! ¡Tanoca! ¡Ximple!, qué tiempos…-. Google se ha propuesto acabar con la torre de Babel y diseñar softwares -¡toma anglicismo!- para traducir cualquier idioma sin mediación humana. Hace unos años, cuando Brasil era uno de los países en clara expansión económica, a muy pocos se les ocurría el esfuerzo de aprender su lengua, el portugués, y todo el mundo prefería el exotismo del chino. China es el futuro, decía el tópico. Cuando vas a Lisboa, aquí al lado, basta el obrigado para llevarte bien con todo el mundo. La comunicación. La identidad.