La acusación de Rajoy a Ciudadanos, a propósito de la reforma de la ley que regula la prisión permanente revisable, dista de ser una cuestión menor en la deriva casi suicida de un político que está llevando a su país a vivir en la anormalidad institucional más absoluta. Rajoy ofende al único partido que votó a favor de su investidura. Según Rajoy, Ciudadanos no tiene las ideas claras y cambia de principios sin justificación alguna, o sea es un partido de oportunistas. Suena mal la crítica del jefe del PP y, sobre todo, es falsa. Ciudadanos, frente al exabrupto de Rajoy, no quiere eliminar esa ley, sino que quiere reforzarla y endurecerla contra los criminales.
Pero imaginemos que Ciudadanos, acéptenme el supuesto, hubiera cambiado de criterio respecto a esta delicada y terrible cuestión de la “cadena perpetúa” revisable por la presión social y la movilización ciudadana producida en los últimos meses por el hallazgo de los cadáveres de víctimas inocentes y el descubrimiento policial de los criminales, ¿por qué tendríamos que criticar ese giro o cambio de opinión a favor de legislar sobre aquello que quiere la sociedad? Al contrario, deberíamos alegrarnos de que una fuerza política sea receptiva a las demandas de una sociedad madura. Eso nos hace a todos, a ciudadanos de a pie y representantes políticos, a las familias de las víctimas y a los legisladores, más fuertes y libres.
Ciudadanos se abstuvo, en efecto, cuando el PNV presentó en octubre de 2017 el proyecto para derogar la ley de prisión permanente renovable, pero no para suprimirla sino para hacer una enmienda a la totalidad de la propuesta de los nacionalistas vascos del PNV, que dicho sea de paso son los principales socios de Rajoy para mantenerse en el Gobierno, y elevar de 15 a 20 años el cumplimiento mínimo de los condenados a prisión permanente para acceder al tercer grado. Así las cosas, no creo que sea un asunto menor preguntarse: ¿qué legitimidad moral tiene Rajoy para hacer una crítica tan dura a Ciudadanos?, ¿qué argumento sólido expresa Rajoy contra el partido que le da estabilidad a su gobierno?, ¿dónde reside en verdad la “autoridad” de Rajoy para lanzar un ataque tan desmedido contra Ciudadanos? No es fácil hallar respuesta a esas cuestiones. Creo que Rajoy no tiene legitimidad, es decir, autoridad moral para acusar a Ciudadanos de carecer de principios e ideas claras. ¿No será que proyecta sobre su adversarios todos sus problemas? Rajoy no sólo ha “gobernado” de espaldas a los diferentes programas políticos de su partido, sino que ha hecho de su incumplimiento la principal norma de su asentamiento en el poder. ¿O acaso alguien desea que le recuerde los incumplimientos de este y el anterior gobierno de España?
Además, Rajoy ha desgobernado el país saltándose los procedimientos más elementales para fortalecer las instituciones democráticas. Se ha movido siempre en el filo de la ley y utilizando en su favor todos los recursos legales de nuestro Estado de Derecho. Sí, convocó elecciones en 2015 fuera de plazo. Que se mantuviera durante un año como presidente en funciones, saltándose todas las sugerencias que se le hicieron para desbloquear la situación política, no parece que ayudase a la consolidación de las instituciones democráticas. Menos aún puede decirse que su investidura respetase con rigor el canon democrático de las mayorías y las minorías: el acuerdo puntual para ser investido lo ha utilizado no tanto para gobernar con altura de miras y contando con todos, sino para envilecer la vida política, o sea hacernos creer que la excepcionalidad es lo “normal”. El caso de Cataluña es terrible porque ni manda ni deja mandar. ¿Quién tiene de verdad el poder en esa Comunidad Autónoma?…
Rajoy renunció hace tiempo a gobernar y sólo trata de mantenerse como un superviviente a costa de debilitar todas las instituciones democráticas: recuérdese que los presupuestos de 2016 se aprobaron de modo extraño, entre otros motivos, porque fueron presentados durante el verano; y qué decir de los presupuestos de 2017, pues que fueron aprobados porque el PNV le sacó al Gobierno, es decir, a todos los españoles, miles de millones para que el cupo vasco esté asegurado hasta 2021… Y así, de excepcionalidad en excepcionalidad, seguiremos hasta quién sabe cuándo. En fin, Rajoy ni gobierna ni dimite, pero acusa a Ciudadanos de ser un partido sin principios. De risa.