Opinión

Constancia

William Chislett | Sábado 12 de julio de 2008
Pocas mujeres encarnan tan trágicamente la España de la primera mitad del siglo veinte como Constancia de la Mora, pero hasta la reciente publicación que ha hecho la editorial Renacimiento de su apasionante biografía escrita por Soledad Fox Maura poco se ha sabido de este personaje, salvo que fue la hija “roja” de una familia de la alta burguesía (su abuelo fue Antonio Maura, varias veces Presidente conservador del Gobierno de la Restauración con Alfonso XIII) y se hizo famosa en Estados Unidos con la publicación en 1939 de un bestseller de memorias In Place of Splendor (Doble Esplendor en España, re-editado por Gadir en 2005). Murió en 1950 a los 44 años de edad en un accidente de tráfico en Guatemala, después de 11 años en el exilio.

Destinada a un buen matrimonio y a formar parte de la élite de la “vieja España”, Constancia se rebeló. Se hizo republicana, para escándalo de su familia y su medio social, y fue una de las primeras mujeres en beneficiarse de la Constitución de 1931 y divorciarse (del señorito malagueño Manuel Bolín, hermano de Luis Bolín, corresponsal de ABC en Londres quien, entre otros, contrató el avión que llevó a Franco de las Islas Canarias a España en julio de 1936) para luego casarse con el comunista Ignacio Hidalgo Cisneros, general de la aviación republicana durante la Guerra Civil. Su primer trabajo durante la guerra fue dirigir las colonias infantiles de Madrid y Alicante y luego, gracias a su dominio del inglés (había estudiado tres años en un internado en Inglaterra), francés y alemán, se convirtió en una de las propagandistas más importantes de la causa republicana al frente de la Oficina de Prensa Extranjera de la República en España. Después se hizo muy celebre en Estados Unidos a raíz del éxito de In Place of Splendor. (Su hermana pequeña, Marichu, en cambio, formaba parte del núcleo inicial de la Falange). Seis meses después de estallar la guerra, su hija Luli de nueve años fue uno de los primeros niños enviados a Rusia, lo que, según Soledad Fox, catedrática de Literatura Española y Comparada en la Universidad de Williams College en Massachussets, “indicó no sólo la fe de su madre en el sistema soviético, sino también lo bien conectada que estaba en los círculos comunistas.” Luli permaneció allí, sin su madre, hasta 1945.

El libro de Fox, Constancia de la Mora. Esplendor y sombra de una vida española del siglo XX, con prólogo del historiador Paul Preston, está basado en entrevistas, material de archivo, correspondencia y memorias inéditas recogidas en México, Estados Unidos, España y Rusia, y se lee con la facilidad de una buena novela de suspense e intrigas políticas. Dice Preston, “Su historia, como las de Dolores Ibárruri o Margarita Nelken, ilustra hasta qué punto la vida de la mujer cambió durante la República, y cómo estas ventajas tan recientemente logradas se perderían de forma radical con la victoria de Franco”.

El gran descrubimiento de Fox, una atrevida investigadora, es que Constancia no escribió su celebre In Place of Splendor. Fue escrito en inglés por Ruth McKenney, una novelista americana muy conocida, y gran parte de la información histórica fue proporcionada por el corresponsal de guerra Jay Allen, ambos activos defensores de la República española. Constancia nunca reveló el papel de McKenney. Este libro (en que omitió que tanto ella como Hidalgo de Cisneros era miembros del Partido Comunista) abrió muchas puertas a Constancia incluidas las de la Casa Blanca. Se hizo amiga de la primera dama Eleanor Roosevelt y durante casi dos años la estuvo presionando en favor de los cientos de miles de refugiados españoles que vivían en condiciones terribles en campamentos franceses. Pero perdió el apoyo de amigos –incluyendo el de Eleanor Roosevelt y Ernest Hemingway – por su apoyo ciego al comunismo y no pudo regresar a Estados Unidos desde México al estar en una lista negra. En 1940 Hemingway escribió, en una carta a Jay Allen: “Estoy hasta el culo (lo poco que me queda) de Constancia.” Pasó la última década de su vida en México, país donde vivieron miles de españoles exiliados. Este libro es una contribución valiosa a la creciente recuperación de la memoria histórica.

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