Opinión

La importancia de Marruecos

Sábado 12 de julio de 2008
La cumbre entre el Presidente del Gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, y el soberano marroquí Mohamed VI, ofrece diversas lecturas, dependiendo del país de donde provengan. En clave española, el mayor éxito de la visita constituye la foto entre ambos dirigentes. Ante la falta de peso específico que tiene la política exterior española, una imagen con el monarca del país vecino supone un efecto mediático muy valorado por Moncloa. No en vano, toda la política de Zapatero es eso, la realidad de la imagen frente a la de los hechos.

Por el lado alauí, la llegada de Zapatero se ha vendido como la sumisión de un vecino díscolo, que viene a disculparse por no portarse como debe. La figura de Mohamed VI domina toda la escena política marroquí, y la visita de Zapatero ha servido para volver a incidir en las consabidas reivindicaciones de Ceuta y Melilla, así como en un mayor reconocimiento de los esfuerzos marroquíes por controlar la inmigración ilegal. Lo cual, por otro lado, no deja de ser una mera impostura. De hecho, cada vez que el gobierno marroquí se lo ha propuesto, las pateras que suelen salir de su litoral costero han encontrado enormes dificultades para hacerse a la mar.

Dicho lo cual, conviene resaltar dos aspectos fundamentales. El primero de ellos es que nada ha cambiado tras este encuentro. No ha pasado de ser una mera visita protocolaria, sin logros concretos por ninguna de las dos partes. Y el segundo, la escala de prioridades de cada uno. Desde España se considera que Rabat tiene a Madrid como una de ellas, cuando realmente no es así. Importan, desde luego, las relaciones de ambos países, vecinos y con gran índice de población marroquí viviendo y trabajando en suelo español. Pero Marruecos siempre ha mirado con especial interés a otros dos países: Francia y Argelia. El propio Mohamed VI pasa más tiempo en París que en su país natal, desatendiendo en ocasiones las obligaciones de su cargo. Francia, además, es un referente en el Magreb, donde se le sigue viendo como una especie de metrópoli colonial. Argelia, a su vez, es el ejemplo palmario de relación vecinal compleja. Y preocupante. Demasiados frentes para un monarca poco interesado en gobernar. Quizá Zapatero debería mirar más hacia Europa, que es donde realmente está el centro de la vida política, como el camino más largo, pero más práctico, hacia Marruecos. Al menos, Rabat mira hacia París. Sin pasar por Madrid.

TEMAS RELACIONADOS: