Opinión

La maduración de la conciencia ecológica china

Eugenio Bregolat | Domingo 13 de julio de 2008
Pocas semanas atrás China redujo drásticamente los subsidios estatales a la gasolina, aumentando su precio un 18%. Al día siguiente el precio del barril de petróleo bajó 4 dólares, un 3%, fiel reflejo del creciente peso de China y el resto de Asia en la demanda global de petróleo y energía. El aumento del precio provocará un uso más eficiente de la gasolina, con el consiguiente ahorro y la caída de la demanda. Este efecto deflacionista a nivel global se verá, sin embargo, contrapesado por el efecto inflacionista que sobre la exportación china tendrá el aumento del precio de su componente energético. Acercando sensiblemente el precio de la gasolina al de mercado, el Gobierno chino ha actuado con racionalidad económica, arrostrando el riesgo de las tensiones sociales que pudieran resultar de una mayor inflación.

La motorización galopante es una de las razones que están detrás del aumento del precio de la gasolina en China. La cifra de coches vendidos pasó de 700.000 en 2001 a 3,5 millones en 2006; algunos modelos al precio de 4.000 ó 5.000 dólares. En 2006 el número de coches por 100 habitantes era de 2, por 50 en Estados Unidos. Se prevé que será de 30 en 2040. Entre China e India tenían 30 millones de coches en 2006. Se estima que en 2040 pueden tener 750 millones, superando el total mundial de 2006. Es obvio que no habrá petróleo suficiente: sólo nuevas tecnologías, como motores eléctricos u otros carburantes, harán posible este enorme aumento del parque móvil global.

Los grandes atascos, que han reemplazado a los ecológicos ciclistas, explican en parte que China tenga hoy 5 de las 10 ciudades más contaminadas del mundo. Otra causa es el carbón, muy contaminante, que produce el 70% de la energía china, el mayor porcentaje del mundo. Las emisiones de dióxido de carbono doblaron entre 1994 y 2002 y se espera que en una década alcancen el volumen norteamericano, aunque las emisiones por habitante seguirán siendo muy bajas. Convertida China en “la fábrica del mundo” es lógico que pase a ser el mayor contaminador: al deslocalizar la producción industrial se deslocaliza también el impacto ecológico.

El costo para China del fuerte deterioro ecológico lo cifró el Banco Mundial en 170.000 millones de dólares, el 12% del PIB, en 2006. Causa 200.000 muertes prematuras al año (el Banco Mundial da la cifra de 750.000), aumentan las zonas desérticas y la lluvia ácida alcanza al 30% del territorio nacional Tan alarmantes datos han despertado la conciencia ecológica de los dirigentes y de la sociedad china los últimos años, en paralelo a la creciente preocupación a nivel global por fenómenos como el cambio climático. El interés nacional de China pasa por la reducción del daño ecológico que a un tiempo sufre y provoca. Pasa también por ser aceptada como una potencia responsable, y el medio ambiente es uno de los terrenos esenciales para lograrlo, dada la enorme prioridad que le concede el mundo desarrollado. De que lo logre depende en no pequeña medida que siga abierto el mercado global, del que China es la máxima beneficiaria.

La creciente concienciación ecológica se ha traducido en la fijación de ambiciosos objetivos: reducción del 20% del consumo energético por unidad de producto en 2010 (en 2006, el primer año de la campaña, sólo se logró la reducción del 1,3%, y en 2007 del 3,3%); en 2020 las energías renovables deben suponer el 15% del consumo energético total (el 7% en 2005). En 2007 el gasto en energías renovables de China fue de 10.000 millones de dólares, el segundo del mundo, tras Alemania. La empresa china “Suntech”, fundada en 2001, es el tercer fabricante mundial de células solares.

En una isla junto a Shanghai se está construyendo la primera ciudad ecológica del mundo, Dongtan, que funcionará totalmente con energías limpias. Se prevé que tenga medio millón de habitantes en 2040.

La eficacia del estado autoritario chino, puesta de relieve tras el reciente terremoto de Sichuan, es un poderoso instrumento al servicio de las nuevas prioridades ecológicas. El gasto en medio ambiente aumentaó del 0,8% del PIB en 1995 al 1,3% en 2005, aún por debajo del 2% que sugiere el Banco Mundial. Por otra parte, el cumplimiento de los objetivos ecológicos se ha fijado como uno de los criterios prioritarios para la promoción de los altos cargos, lo que neutralizará la tenencia de las autoridades locales a promover el crecimiento a toda costa, desoyendo a menudo las órdenes de Pekín.

Nicolas Kiristof escribía el 25 de mayo en el “International Herald Tribune”: “China está dedicando atención al medio ambiente en un estadio de desarrollo anterior al que lo hicieron Estados Unidos, Europa o Japón”... La ciudad de Shanghai cobra 7.000 dólares por licencia de automóvil, para reducir su número. China ha plantado millones de árboles y está generalizando el uso del gas natural. Ya desearíamos que Bush fuera “la mitad de verde” de lo que son los líderes chinos”.

En ecología, como en otras cosas, a China le queda aún mucho por hacer, pero avanza decididamente en la buena dirección.

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