Domingo 13 de julio de 2008
Da la impresión de que las distintas formaciones políticas quieren irse de vacaciones con los deberes hechos. Por ello, asistimos en estas fechas a la proliferación de congresos y reuniones a fin de aclarar conceptos y posicionamientos. Tal es el caso de Artur Mas en Cataluña, que ha sido reelegido con más del noventa por ciento de apoyos en el Congreso de CDC –Convergencia Democrática de Cataluña-. Nadie duda que hubo un antes y un después de Jordi Pujol; ocurre que ese después aún sigue pasando factura a CIU. Unido, claro, a haberse visto abocados a la travesía en el desierto que supone estar en la oposición, tras largos años al frente del Gobierno de la Generalitat. Pero parece que Mas ha logrado quitarse de una vez la alargada sombra de Pujol, y tener voz propia.
Voz que, por otro lado, suena con el mismo tono rupturista del más rancio nacionalismo. “Compromiso para que Cataluña se convierta en una nación libre y soberana”, “soberanía completa” y “derecho de autodeterminación” son algunas de las perlas oídas este fin de semana. Nada nuevo. El acercamiento a postulados nacionalistas por parte de Zapatero, así como la asunción de algunos de sus postulados como propios –no hay más que ver los tintes nacionalistas que rezuma el discurso del PSC- le han reportado un éxito electoral sin precedentes en Cataluña. Pero al mismo tiempo, esa sintonía ha originado la radicalización de las demandas nacionalistas, al punto que hoy bien puede decirse que la bipolaridad nacionalista, ora moderada, ora radical, bascula con fuerza hacia esto último. Queda, si acaso, parte de las bases de Unió Democrática de Cataluña, socio de CDC en su andadura política, pero a la vista está que lo que se impone es la deriva soberanista. Para algunos, es mera impostura, con vistas a conseguir notoriedades pasadas, amen del necesario cupo de declaraciones para consumo interno. Pero lo cierto es que la reiteración de los mismos mensajes una y otra vez lleva a pensar que efectivamente esa y no otra, la soberanista, es la aspiración de Convergencia. Aspiración que se diluye ante la falta de agua y la necesidad de trasvases, la realización de las obras del AVE o tantas otras necesidades en las que se precisa la intervención de “el Estado”. Pero aspiración, a fin de cuentas, que siempre ha estado ahí. Lo bueno que tiene el verano es que muchos suelen irse de vacaciones. Viajan. Así que ojalá Unamuno tenga razón, cuando dijo aquello de que “el nacionalismo se cura viajando”. Que viajen, pues. Falta les hace.
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