Lawrence Levy era un joven abogado que tras licenciarse en Harvard empezó sus prácticas en el Silicon Valley de los ochenta. A través del bufete Wilson, Sonsini, Goodrich and Rosati logró labrarse una reputación en operaciones para varias empresas de ese granero tecnológico, destacando entre ellas la salida a bolsa de Electronics for Imaging.
Años más tarde, ya en 1994, y de manera inesperada, recibe una mañana una llamada telefónica. Al otro lado, Steve Jobs, figura caída en desgracia por aquellos tiempos pero que aún conservaba el aura de genio. Y Jobs tenía una proposición: necesitaba a alguien para poner orden financiero y sacar a bolsa una pequeña compañía que había comprado en 1986 por cinco millones de dólares a LucasFilm tras su sonada salida de Apple.
Una compañía que no paraba de dar unas pérdidas que Jobs compensaba sacando la chequera personal cada mes. Una compañía que se dedicaba a fabricar ordenadores con un magnífico software de animación, que también vendía y que usaba para hacer cortometrajes y publicidad. Un software que llamó la atención de Disney y que le valió para recibir el encargo de realizar la primera película en 3-D del cine con una historia con juguetes como protagonistas. Una compañía que tenía un nombre: Pixar.
Poco más de diez años de un viaje que es relatado por Levy en “De Pixar al cielo. Mis años con Steve Jobs y cómo reinventamos la industria del cine” (Deusto). Una obra que circula por los entresijos de la industria y que entremezcla la ilusión de unos trabajadores que sabían que estaban ante “algo diferente” desde su misma concepción a las batallas entre los negociadores de unos gigantes que acabaron resultando en unos acuerdos que valieron para transformar la industria de la animación a nivel global.
Al comienzo del libro, usted hace hincapié en que uno de los principales temores dentro de Pixar era que aquel primer acuerdo para hacer películas para Disney destruyera la atmósfera de trabajo. Sin embargo, al final del mismo resulta que es Disney la que reconoce querer transformarse en su subalterna. ¿Cómo vivió ese viaje desde dentro?
Durante algunos años nos preocupó que Disney usara su influencia para cambiar la cultura de Pixar. Hubo presiones para hacer las cosas al estilo Hollywood y nosotros quisimos encontrar nuestra manera. Después, cuando Disney decidió que su división de animación fuera más como Pixar, nos sentimos muy orgullosos de lo que habíamos conseguido.
¿Actuó Pixar como bisagra entre el Steve Jobs que venía de los fracasos (Lisa, Macintosh, Pixar Computer…) al de los éxitos (Pixar Animation, reentrada en Apple)?
Diría más bien que Pixar fue el gran regreso de Steve tras un largo período de triunfos limitado. Pixar fue un espectacular éxito para él, tanto financieramente como en términos de comprensión y aprecio por parte de la industria del entretenimiento.
En un punto, usted hace referencia a un artículo de la revista Fortune que se centra el glosar las virtudes de Jobs como dueño de Pixar sin apenas hacer referencia a todo el trabajo que había detrás, lo que generó un malestar general en los empleados del estudio. ¿Hasta qué punto fue Jobs el que influyó en el éxito de Pixar? ¿Cómo fue el cambio de mentalidad dentro de la empresa de tomarle como un “ogro” al que no querían ni ver por la sede en los comienzos al trato cordial de los últimos tiempos?
Creo que el éxito de Pixar fue el resultado de varias personas trabajando juntas de manera brillante: guionistas, artistas, directores técnicos, ingenieros de software… y sí, también ejecutivos como Steve. Diría que todos ellos fueron cruciales para lograrlo.
¿Qué Steve Jobs fue el que conoció usted?
El Steve Jobs que conocí sentía pasión haciendo un gran trabajo y estaba entusiasmado por explorar las posibilidades de Pixar. Fue una relación muy vigorizante y gratificante.
Tras estar en Silicon Valley prácticamente desde sus comienzos, ¿cómo ve usted la evolución hasta lo que se ha convertido en la actualidad? ¿Imaginaba algo así?
Nunca imaginé algo así. Cuando llegué a Silicon Valley en los ochenta era más una especie de cultura underdog –pequeñas compañías intentando competir con las ya establecidas en otros lugares-. Hoy, con empresas como Apple, Google, Facebook y otras muchas, Silicon Valley se ha convertido en el orden dominante. Sigue habiendo una gran cultura de start-ups allí, pero tiene que convivir con la presencia de estos gigantes.
¿Cómo fue enfrentarse a renegociar un contrato con la todopoderosa Disney de aquel momento? ¿Hubo choque de egos entre Eisner y Jobs (presidentes de ambas compañías en aquel momento)? ¿Cómo fue esa relación?
Fue muy difícil. No se trataba de comprobar si Eisner o Jobs chocaban sino de la dificultad de encontrar los términos que fueran justos para ambas compañías. Disney no quería ayudar a que Pixar se convirtiera en su competidor en animación y Pixar no quería regalar los beneficios de sus películas ni su marca a Disney. Creo que este tipo de acuerdos son siempre duros. Llevó mucho tiempo pero al final lo logramos. Y acabó siendo un gran trato para ambas compañías.
¿Cómo fue su evolución desde el pánico que sintió al ver el primer contrato entre Pixar y Disney a negociar la absorción?
Fue algo surrealista. Jamás pude imaginar algo así en 1995. Tras llevar unas seis semanas en Pixar, ¡pensé que había cometido el mayor error de mi carrera!
¿Qué importancia tuvo la figura de John Lasseter en Pixar?
Fue muy importante. John dirigió las primeras películas del estudio y fue él el que contrató y preparó a varios de los futuros directores, incluyendo a Andrew Stanton (Buscando a Nemo, Wall-E) y a Pete Docter (Monstuos S.A., Up).
Hablaba ya de la falta de riesgo en Hollywood en los años de Toy Story. ¿Cree que esa tendencia se mantiene, ha empeorado o mejorado?
Todavía hay una tendencia hacia las secuelas y a hacer películas con personajes conocidos en lugar de historias y personajes originales. Esto se debe a que esto último es algo muy difícil de desarrollar y es muy arriesgado hacer algo así. Imagino que el péndulo retrocederá en algún momento. También creo que sí se está haciendo un gran trabajo en este sentido en televisión e incluso en la narración interactiva.
Y en cuanto a Pixar, ¿cómo la ve desde su adiós? ¿Qué le pasó por la cabeza cuando fue al cine a ver Coco?
Cuando vi Coco pensé que Pixar seguía teniendo la magia. Ahora espero impaciente que una nueva generación de talentos de Pixar nos muestre su creatividad.
¿Tiene alguna predilección especial dentro de las películas de Pixar?
Es difícil elegir mi película favorita pero diría que es Buscando a Nemo. Tengo debilidad por las historias padre-hijo y Dory es uno de mis personajes favoritos.