Opinión

Sobre el manifiesto de las 100

TRIBUNA

Gabriel Albendea | Lunes 05 de marzo de 2018
La polvareda mediática que ha levantado el Manifiesto de las 100 francesas contra el feminismo radical sirve para que este, que campa por doquier a sus anchas, apoyado muchas veces por la corrección política de los poderes públicos, se dé cuenta de sus excesos, limitaciones y contradicciones y de que un feminismo más racional ya no va a guardar silencio. En primer lugar porque muchos hombres y mujeres están hartos de que se les cuelgue el sambenito de antifeministas porque no comulgan con las ruedas de molino de un feminismo radical, exclusivista, incongruente y totalitario. Sí, porque es totalitario no admitir la diversidad de feminismos, de modos de entender las justas exigencias de la mujer y dividir a la especie humana entre feministas y antifeministas. No hay más que leer unos cuantos libros de mujeres sobre el tema para ver que cada una es de su padre y de su madre y expresan opiniones muy distintas. Incluso hay muy diferentes maneras de entender el propio feminismo radical. Así, el feminismo radical "revolucionario" de Gessa Crispín, que le lleva a titular su libro Manifiesto feminista a la vez que, de modo contradictorio, lo titula ¿Por qué no soy feminista?, poco tiene que ver con el feminismo sexista, lésbico y esperpéntico de Monique Wittig o de Banyard que solo entiende lo sexual en términos de acoso, prostitución, violencia y explotación de la mujer por el hombre. Con razón decía R.T. Campbell ya hace tiempo, pero observación válida para hoy, que el debate sobre el sexo y el género se ha convertido en una cuestión teológica.
¿Era necesario y oportuno ahora este Manifiesto de las 100? Parece que sí por varias razones. 1º, porque el feminismo radical está penetrando en las legislaciones y decisiones occidentales, pese a todo lo patriarcales que son. 2º, porque cierto feminismo radical se ha convertido en totalitario cuando pretende impedir la libre expresión de otros feminismos más racionales y menos emocionales. Había que oponerse ya a un feminismo radical que pretende universalizarse sin distinguir culturas, naciones y contextos, basado en un culturalismo absolutamente anticientífico, en una hipotética misoginia general y en un supuesto patriarcado inacabable. 3º, porque la reacción furibunda que se ha desatado en ciertos ámbitos feministas miopes demuestra que el Manifiesto ha puesto el dedo en la llaga. Por poner solo un ejemplo español, el artículo estridente de Nuria Varela de El País (13-1-2018). ¿Es un Manifiesto "en favor del patriarcado? ¿Las firmantes del Manifiesto son débiles intelectuales que le hacen "el trabajo sucio" a los hombres, que ¡por supuesto!, son misóginos que odian "las reivindicaciones justas, necesarias y urgentes" de las mujeres? Debata usted con los que no somos feministas radicales a ver si nuestros "argumentos son inconsistentes". Si hay tres mil millones de mujeres en el mundo y "no son iguales", ¿por qué se permite hablar en nombre de todas ellas? Da una definición muy antropológica del patriarcado que: "no respeta a las mujeres, las desprecia, agrede, viola o mata".
También los hombres inocentes actuales que no somos culpables de los errores de nuestros de nuestros antepasados ni de lo que hagan individuos concretos en esta época estamos cansados de que se nos insulte por parte de feministas radicales que odian a los hombres. "Lo que le hacen a una se lo hacen a todas las mujeres" no es un argumento lógicamente válido. A esta generalización abusiva y totalitaria, tan del gusto de ciertos feminismos radicales, corresponde la errada expresión de " violencia de género " que convierte a todos los hombres en sospechosos, como si el género en sí pudiera delinquir. Ya se ve que con ponerle un nombre no se ataja en absoluto el fenómeno insoportable de la violencia machista, sino con más educación más estudios psicológicos y psiquiátricos tanto de los agresores como de las víctimas y más cuidado y vigilancia por parte de jueces y policías.
Con toda razón el Manifiesto dice que "es propio del puritanismo utilizar argumentos de protección y emancipación de las mujeres para encadenarlas al estatuto de víctimas eternas deseadas por diablos falócratas. Esta obsesión por llevar a los cerdos al matadero en vez de ayudar a las mujeres a independizarse sirve a los enemigos de la libertad, a los extremistas religiosos y a aquellos que apoyan una sociedad totalitaria".
Eso es lo que quieren las firmantes del Manifiesto, que no volvamos a las épocas tenebrosas de la represión, en las que el sexo era guardado como un misterio sagrado que había que preservar. En este sentido la mayor barbaridad que ha inventado un cierto feminismo radical es que el deseo sexual es cultural y sujeto de manipulación. Ello supone la negación del instinto en la mujer tanto para desear al hombre como para ser madre. En cuanto al "déficit sexual masculino" no creo que se trate de un invento de C.Hakim (Capital erótico, 2012).