Opinión

Partido Revolucionario Institucional

LETRAS DESDE MÉXICO

Rafael Cardona | Jueves 08 de marzo de 2018

Hoy, como muy pocas veces antes, el Partido Revolucionario Institucional; parte decisiva de la historia de México, esta a punto de perder el poder por segunda ocasión en los años recientes. La primera en los albores del siglo y ahora, antes de llegar a su primera quinta parte.

Si el XX fue el siglo del PRI (casi), el XXI parece estar organizado para prescindir de él. Estas son algunas reflexiones en torno de los 89 años del cada vez menos poderoso partido.

Hace muchos años, en una de las redacciones iniciales de mi vida profesional, conocí a un hombre --ya entrado en años-- cuyo mérito en la vida fue escribir una de las canciones más tristes del mundo, en cuyas letras de amargura hoy veo el retrato actual del Partido Revolucionario Institucional, cuyos aedos podrían cantar ahora “… inmensa nostalgia invade mi pensamiento; y al verme tan solo y triste…”, porque ni siquiera con los mejores ojos se le podrían ver los músculos de antaño, ni la agudeza de los reflejos en cuya eléctrica respuesta anticipada hubo siempre un destello de genialidad y una prolongada sabiduría en el ejercicio del poder.

Hoy nadie podría suscribir, cuando más recodar, palabras como estas:

“…las ideas y los hombres de la Revolución Mexicana tienen la fuerza que les permitirá enfrentarse a cualquier competencia electoral, como si fuera la práctica requerida para mantenerse en forma. ¡Ni siquiera el prolongado ejercicio del poder ha gastado la fuerza de la Revolución Mexicana!”

Eso dijo en momentos de euforia el gran Jesús Reyes Heroles quien en tono de advertencia ante lo inminente, alcanzó a mirar con los ojos de la clarividencia, el porvenir ineludible. Y presagió envuelto en la humareda de su tabaco azul:

“…debemos estar en contra de aquellas fuerzas que rebasan el encuadramiento político, que actúan como grupos de presión, distorsionando el cuadro social, dificultando la correcta articulación de la sociedad e intentando mediatizar la supremacía estatal. Por ello, al mismo tiempo que ayudamos a nacer una nueva vida política, tendremos que aplicar la eutanasia a los grupos de presión encaminados a rebasar los partidos …”

Hoy ya nada de eso es siquiera imaginable.

La corriente ideológica sin ideología llamada “modernidad” expresada en la infalible supremacía de los disfraces sociales enquistados en organizaciones no gubernamentales, ha logrado sabotear al estado, lo ha deshecho en términos de operatividad y lo ha dejado todo en el cuchicheo corrosivo de las redes sociales la política presumiblemente correcta.

El mundo se gobierna (o se desgobierna) por tuiter, como nos lo ha hecho saber y probado a casa paso, el vergonzoso habitante de la Casa Blanca.

Por esa desideologización, esa desvertebración, los partidos han devenido en membretes indefinibles, por eso es posible hoy ver el maridaje de la izquierda (falsa) con la derecha (falsa) en el olvido de sus (falsos) principios, pues éstos se han quedado allá, en el principio; no en la actualidad.

No podría el PRI, en esta fecha del cumpleaños número 89, con artrosis y sin capacidad para engendrar un candidato, reflexionar sin nostalgia en palabras como estas:

“…Nuestro partido nació como instrumento de unidad entre facciones de una Revolución triunfante, facciones que frecuentemente contendían entre sí, no por razones personalistas, como vulgarmente se cree, sino por diferencias en el enfoque de los problemas en un momento en que la ideología de la Revolución aun no lograba su integración cabal.

“Esto es, eran más que facciones, corrientes …

“…con el transcurso del tiempo la ideología se fue integrando hasta llegar a nuestros días, en que no puede, en serio, decirse que la revolución carezca de un cuerpo de ideas básicas fundamentales para llevar a la acción a fuertes núcleos de la población mexicana. Esto explica el que nuestro partido sea un partido de clases y no de clase; que no tengamos que estar nunca en busca del hombre providencial (como los partidos “carismáticos”), dotado de características sobrenaturales, pues solo necesitamos fieles intérpretes de las ideas que profesamos”.

Pero hoy esa profesión ideológica se ha desvanecido y el hombre providencial tampoco ha aparecido. Ni aparecerá.