Opinión

Otra definición para el lujo

TIRO CON ARCO

Dani Villagrasa Beltrán | Lunes 12 de marzo de 2018
Hacía tiempo que quería hablar sobre el lujo y por fin encuentro la percha en la que colgar este tejido -texto vendría del participio del verbo latino texere: tejer, trenzar, entrelazar-. Enrique Loewe ha pedido a la Real Academia Española buscar una definición mejor para 'lujo' y ya hay compromiso para hacerlo. Cuando la consulté, también me sentí algo incómodo con la definición del DRAE: “Demasía en el adorno, en la pompa y en el regalo; abundancia de cosas no necesarias; todo aquello que supera los medios normales de alguien para conseguirlo”. Supongo que el concepto de lujo está connotado muy negativamente en nuestra cultura, pero a medida en que cambia el paradigma, creo que es un concepto que deberíamos repensar. Porque además, ya está en el uso cotidiano. Yo, por ejemplo, aquí, me permito el lujo de decir lo que pienso.

Roberto Blatt, que reflexiona sobre las tres grandes religiones monoteístas, el judaísmo, el cristianismo y el islam, se fija en la austeridad calvinista que enmascara la gran prosperidad que se produjo en los territorios de la Reforma, donde el dinero dejó de ser pecado, algo que considera un precedente del del dirty look contemporáneo, con esos ricos disfrazados de pobres. Mucho de esa austeridad persiste también en el diseño minimalista que ha popularizado Ikea, y el contrasentido de un iPhone de oro y diamantes tan sólo puede explicarse gracias al mercado asiático. Resalta Blatt que el lujo nunca fue un problema para el islam.

En nuestras sociedades, donde buena parte del esfuerzo se centra en abaratar los productos, el lujo es un reino que no se termina de comprender, precisamente porque pensamos en ello como algo negativo. Así, por ejemplo, decimos de la cultura que es un bien que se ha de preservar por encima de criterios meramente empresariales. Este tipo de discursos siempre se refieren a la alta cultura, no a la cultura popular. Y olvidamos que muchas de las obras de arte que admiramos en los museos nacieron del capricho y la frivolidad. Del lujo. Y sigue siendo un lujo poder disfrutarlas sin prejuicios.

No tiene nada que ver con el precio -"Hoy en día el hombre conoce el precio de todo y el valor de nada”-, aunque a veces sí con el sacrificio. En la sociedad del entretenimiento, de la economía de la atención, cada vez es un lujo más sofisticado el concederse un tiempo de silencio en el que leer un libro. Bien mirado, y teniendo en cuenta lo raro que es, también es un raro lujo el estar vivo.

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