Juan Martín del Potro está de vuelta. El jugador argentino, de 29 años y muy castigado por las lesiones, se ha adjudicado el primer Masters 1000 de la temporada, el de Indian Wells. Lo ha hecho tumbando a un Roger Federer que llegaba imbatido en 2018. El resultado final, 6-4, 6-7 (8) y 7-6 (2), ha reflejado la exigencia experimentada por los dos tenistas durante las dos horas y 43 minutos que ha durado la final tensa y de altura, que vino a dar relevo al Nadal-Federer de 2017.
El jugador de Tandil se hizo con el primer Masters 1000 de su carrera, convirtiendo este éxito en uno del deporte argentino, pues ningún jugador de dicho país había conseguido alzar este trofeo desde que se implantó en el circuito ATP. Y para encontrar al último lationamericano que paladeó la gloria en este evento hay que retrotaerse a 1998, cuando Marcelo Ríos se encontraba en pico de su efñimero éxito. Y es que el desierto californiano ya se le había resistido a Del Potro, que perdió la final de 2013 ante Nadal. Y en Montreal 2009 y Shanghai 2013 cayó frente a Andy Murray y Novak Djokovic.
El argento, que venía de arrollar a Milos Raonic (6-2 y 6-3) hubo de remangarse para reaccionar a la salida fulgurante de un Federer aleccionó a Hyeon Chung en cuartos y sufrió más de lo esperado ante el croata Coris en semis. El helvético implementó un desempeño sólido, serio y efectivo, buscando los desplazamientos laterales del espigado oponente y asombrando al respetable con fogonazos de us clase y calidad técnica. Pero Del Potro respondría apoyado en un revés afilado y un saque imperial. Incluso metió en su fórmula la subida certera a la red.
La primera manga se desarrollaría igualada hasta que en el quinto juego un error no forzado del número uno del mundo le entregó un break al argentino. Corría el decimosexto minuto de juego y 'DelPo' cerraría la oprtunidad con un reves cruzado y la defensa de su saque en blanco. Había recompuesto la figura con su derecha y filtró en el favorito las dudas del comienzo de las semis ante Coric, pues sumaría demasiadas imprecisiones. Sólo concedería el jugador en ventaja seis puntos bajo su servicio el latinoamericano en ese trecho de apertura.
En la segunda manga se vería también una aproximación al desenlace ajustada. Del Potro había levantado al público con un golpe por debajo de las piernas, pero Roger no se descentró y no le pesó la presión de llevar la iniciativa juego tras juego. Gritó cada punto ganado y el desgaste empezó a pasarle factura con 5-4. Perdería dos bolas de set, se ofuscaría con el juez de silla y el "ojo de halcón" le sacó de eje. Con 6-6 cometería una doble falta pero tendría el poso suficiente para forzar el tie-break. En ese punto, con el fuelle al límite, alcanzó a romper el saque ajeno y empatar la final.
La tensión tocó techo en el set definitivo. La tribuna vibraba con el esfuerzo de dos colosos tocados desde el prisma anatómico. Y la épica emergería con un desenlace inesperado, pues los espectadores mostraron su apoyo al de Basilea. El hecho es que Federer fue el que desanudó el devenir en el noveno juego. Tuvo saque para ganar el campeonato, pero desperdició las tres pelotas de partido de las que dispuso. Entonces, Del Potro sacó lo mejor de sí.
El argentino arrancó el empate a cinco y se puso por delante (6-5), reclamando ánimo al respetable. Condujo las sensaciones a su favor y el escenario se tornó irrespirable para un Federer pulido. El suizo llegó al tie-break determinante como pudo, pero en el desempate el de Tandil sacaría jugo a sus armas. Llegaría a fijar un 5-0 irrebatible. Había descentrado al legendario jugador helvético y firmó la primera derrota del número uno, que llegaba con récord de 17-0 a esta cita. Otra vez, el gigante escribió una página dorada en los anuarios del deporte argentino.
"La Torre" le dedicaría el triunfo a su perro, César, fallecido hace días. Y declaró que "después de perder el segundo set estaba muy enfadado, pero todo lo compensa ganar un título ante un gran jugador como Roger. Le doy las gracias a Argentina y comparto este trofeo con todo el país y con los que estáis aquí". Tiene motivos para festejar. No en vano, la de este domingo es la cuarta final que le ha ganado al mejor jugador de la historia (después de US Open 2009, Basilea 2012 y 2013).
"Sigo temblando. No lo puedo creer. Estar aquí arriba en lugar de Roger es muy especial para mi", confesó el argentino. La leyenda, por su parte, expuso que "creo que cuando tuve problemas en 2016, la gente se dio cuenta que siempre es tan sencillo para mi. Porque a la gente le gusta pensar que es fácil ganar para mi, que lo hago parecer fácil. Pero para nadie es sencillo cuando está en la cima", sentenció un jugador sublime que lo había ganado todo en este curso, con 36 años, hasta este día.