Los Lunes de El Imparcial

John Connolly: Tiempos oscuros

NOVELA

Domingo 25 de marzo de 2018

Traducción de Vicente Campos González. Tusquets. Barcelona, 2018. 480 páginas. 19, 90 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Cora Cuenca Navarrete



Entre las herramientas que todo creador que se precie debe saber emplear, el conocimiento y buen uso de lo desconocido es la más valiosa. El lector, así como el espectador de cine o aquel que se detiene a estudiar los detalles de una pintura, siempre gustará de atravesar el umbral de la puerta que el creador ha abierto para él. Un acceso a una dimensión magnética y atractiva por su oscuridad, poblada de seres despreciables a los que sin embargo no podemos parar de observar, de verlos interactuar y relacionarse en la inmundicia de las cloacas de una realidad perversa que no creemos nuestra. La pericia como creador del irlandés John Connolly radica en su conocimiento de las apetencias de un público siempre ávido de historias que atrapan, así como en su cuidado a la hora de elegir los brillantes referentes que bailan entre sus líneas.

Tiempos oscuros¸ la última entrega de la serie protagonizada por el detective Charlie Parker, huele, por la violenta conciliación de la realidad que conocemos y la que no, al American Gods de Neil Gaiman, pero en lo que respecta a los escenarios, la América profunda y oscura que sigue latente tras los rascacielos de Nueva York y Chicago, y los personajes, criaturas en su mayoría desequilibradas y por ello peligrosas, también evoca a Cormac McCarthy con clásicos como Hijo de Dios o No es país para viejos. De forma muy similar, Connolly hace suyo el elemento distópico que ha resurgido con fuerza tras la recuperación de la obra de Margaret Atwood, El cuento de la criada.

El pasado y el presente de Estados Unidos confluyen en la novela, dando lugar a un relato que utiliza el folclore y la creencia mítica de las gentes como canalizadores del misterio que se derrama por las páginas. Tiempos oscuros es un monstruo antiguo que visita al lector para recordarle que el avance proyectivo de las sociedades y esa cosa llamada “progreso” no son más que una farsa. Que, al final del día, lo que parece renacer es la energía de la fe que en ocasiones termina por conducir al hombre a la autodestrucción.

Se trata de una trama dura, no apta para lectores pusilánimes y/o aprensivos, y de una historia violenta bañada a su vez por un rayo de esperanza encarnado en la figura del eterno Charlie Parker y sus siempre fieles compañeros de caza, Louis y Angel. Así, el relato va avanzando a través de sus personajes y de las distintas tramas que de ellos dimanan, recordando la estructura de la novela a los afluentes de un río que acaban desembocando en el mismo mar. Connolly juega de forma magistral con las herramientas que la imaginación le ofrece, y dota a todas sus marionetas de un lado tenebroso que atrae y a su vez repele, además de poner de nuevo sobre la mesa el debate de si el peso de lo atávico y el respeto por la costumbre puede llevar al hombre al aislamiento y por ende al desprecio más visceral hacia una sociedad cada vez más descreída y liberada de los grilletes de la tradición.