POR LIBRE
Joaquín Vila | Domingo 25 de marzo de 2018
El conflicto catalán ha resultado el mayor calvario político de Rajoy. La vigencia del artículo 155 le impide aprobar los Presupuestos por el veto del PNV, el juez Llarena se ha erigido en el gran protagonista al desmontar sin remilgos todas las maniobras de los separatistas e Inés arrimadas es la gran estrella del Parlament. El presidente del gobierno, quietamente sentado sin hacer nada, se limita a ver los toros desde la barrera, mientras todo se desmorona a su alrededor.
El empeño de Rajoy de aguantar en La Moncloa hasta 2020 está más en riesgo que nunca. El PNV ha vuelto a confirmar que ni siquiera se sienta a negociar los presupuestos, mientras el 155 esté vigente y, menos aún ahora, con la entera cúpula del golpe en la cárcel o a la fuga. Este martes, el gobierno aprobará en un Consejo de Ministros extraordinario las cuentas de 2018. Seguramente, y cediendo en todo lo que sea menester, cerrará un acuerdo con Ciudadanos. Pero sin el apoyo de los nacionalistas vascos no será más que papel mojado.
Se enfrenta Rajoy a un dilema enrevesado. Si prorroga los presupuestos de 2017, le van a a caer chuzos de punta en el Congreso de los Diputados y no podrá contar ni con el apoyo de Albert Rivera que se relame en silencio soñando con la convocatoria de unas elecciones generales que, según todas las encuestas, podrá ganar. Aún así al presidente del Gobierno le va a costar disolver las Cortes. Aguantará hasta el límite a la espera de que los separatistas catalanes sean capaces de formar gobierno, poder levantar el artículo 155 y contar con el apoyo del PNV. Ahora parece el cuento de la lechera con Llarena irritando a los nacionalistas vascos por aplicar el código penal sin contemplaciones. Es de esperar que Puigdemont, tras ser encarcelado en Alemania, deje de poner palos en las ruedas.
Le aterra a Rajoy presentarse a unas elecciones con la imagen por los suelos y con Cataluña en llamas.El conflicto secesionista le está costando caro. Los separatistas le culpan de todos los males que padecen. Y los constitucionalistas se aferran a sus dos héroes: el juez Llarena poniendo en su sitio a los golpistas e Inés Arrimadas levantando pasiones entre los defensores de la unidad de España al acorralar a los autores del "procés", al zarandear sin piedad a los separatistas que no levantan cabeza cuando la líder de la Oposición se encarama a la tribuna de oradores en el Parlament. Si se repitieran las elecciones autonómicas, nadie duda que también Ciudadanos arrollaría y el PP podría desaparecer. Pese a sus dos metros de altura, a Albiol nadie le ha visto últimamente.
El horizonte electoral y político de Rajoy se presenta lleno de nubarrones negros. Cuando acude al Congreso le atizan desde todas las bancadas, en Cataluña es el blanco de todas las iras, en las elecciones municipales y autonómicas puede sufrir una derrota histórica y si se ve obligado a disolver las Cortes, el PP corre el riesgo de quedar por detrás de Ciudadanos y el PSOE, lo que supondría el principio del fin del partido. Y lo peor, poco puede hacer ya para sacar la cabeza. Ya es tarde. Entre los separatistas empecinados en prolongar el desafío secesionistas, Arrimadas y Llarena le han emparedado. Solo tiene el consuelo de contemplar a Puigdemont en la cárcel alemana. Lo que tampoco supone que los independentistas vayan a alcanzar un acuerdo de Gobierno antes del 22 de mayo. Y si no es así, el PP será barrido en Cataluña por Ciudadanos y Rajoy debería disolver las Cortes. Aunque es muy capaz de prorrogar los Presupuestos, enrocarse y esperar a que descampe. Pero que muy capaz.