El miércoles por la noche se desató un homenaje anotador. La cúspide de esa fecha la saboreó Lebron James. El jugador de los Cavaliers, de 33 años, se unió a Michael Jordan como los dos únicos jugadores que han logrado 866 partidos consecutivos con anotación de al menos 10 puntos. En el triunfo de su equipo en ante los Hornets (105-118), en el que firmó 41 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias, adjuntó su nombre a la leyenda, pues aún quedan duelos para batir esa plusmarca.
King James cruzó esa frontera histórica a falta de 6:10 minutos del segundo cuarto del partido ante la franquicia de la que es dueño el propio Jordan, cuando el escolta JR Smith le dio una asistencia y consiguió la canasta. La consistencia ofensiva le llevó a acumular ya 35 puntos al final del tercer periodo y el cuatro veces ganador del MVP clausuró una estadística marciana: nadie ha logrado anotar 10 o más puntos en un 99,3 por ciento de sus partidos como profesional. Nunca. Su racha comenzó a partir del 5 de enero de 2007, cuando se quedó en 8 puntos.
En ese partido que relanza la seguridad de los Cavs, Kemba Walker, referente de los Hornets, se convirtió en el máximo anotador de la historia de la franquicia, con un total de 9.839 puntos. Sumó 21, incluidos 11 en el cuarto periodo, para tomar el relevo de Del Curry. Y, en el duelo en el que los Timberwolves derrotaron a los Hawks (126-114), Karl Anthony Towns inauguró la marca de los 56 puntos y 15 rebotes, un registro jamás visto en el equipo de Minnesota. Con esa actuación, y la victoria de Boston sobre los sorprendentes Jazz de Ricky Rubio, los Wolves suben a la séptima plaza de una Conferencia Oeste sumida en la guerra por alcanzar los play-offs. Hasta siete equipos siguen compitiendo por esas plazas.
Pues bien, en la madrugada del jueves al viernes se vivió un punto de inflexión en la inercia que la NBA ha llevado en el presente lustro. Los Golden State Warriors habían sido el mejor equipo de la temporada regular en los tres últimos cursos. En 2017 firmaron 67 victorias, en 2016 lograron 73 triunfos (año del récord histórico arrebatado a los Bulls de Jordan) y en 2015 alcanzaron 67 duelos ganados. Hay que remontarse al ejercicio 2013-14 para localizar a los San Antonio Spurs como diminadores de la liga con un récord de 62-20.
El caso es que las lesiones de Steph Curry, Klay Thompson, Kevin Durant, Draymond Green, Jordan Bell, Andre Iguodala, Shaun Livingston, David West y compañía, amén de la mentalidad tendente a la autocomplacencia defensiva, han lastrado a los vigente campeones hasta el punto de quitarles, en este día, el estatus de favoritos absolutos para revalidad el entorchado. Porque sus estrellas llegarán a la temporada entre algodones y su actual 54-21 sólo les permitirá, en el mejor de los casos, firmar 61 triunfos.
El muro que les ha terminado por negar la validez en su persecución de los Houston Rockets (tienen siete partidos de desventaja), además del cambio de planteamiento que las lesiones encadenadas han conducido a ejecutar a Steve Kerr, se llama Giannis Antetokoumpo. El heleno, líder de los Bucks, anotó 32 puntos para que los suyos tomaran el Oracle Arena por 107-116. Lo hizo en el día en el que volvía Durant de su infortunio -fractura de costillas-. El MVP de las pasadas Finales sería expulsado y dejó a su bloque en la estacada. Los Warriors perdieron por séptima vez en los últimos 10 eventos.
La situación no deja de ser una incógnita para los de la bahía de San Francisco y, en definitiva, para la NBA. Su baloncesto revolucionario y el cúmulo de estrellas, secundarios de lujo y jóvenes, bien engrasado, parecía dibujar una dinastía a la que sólo Lebron James podía interponer una enmienda. Pero el fulgurante paso de los Rockers de Mike D'Antoni y James Harden ha amortizado la oportunidad para dar un golpe sobre la mesa que deberá ser refutado en unos play-offs más abiertos que nunca.
No se sabe en qué estado de forma llegarán Curry, Thompson, Durant y el resto de su maltrecho camarín a los momentos en los que la exigencia sea máxima. Porque los dos primeros serán evaluados en abril y la ausencia de ritmo competitivo puede matar a cualquiera en la post-temporada. O, si no, provocar un cansancio extra a la hora de acumular temperatura y velocidad de crucero que pasaría factura en los duelos cumbre. Ahí aguarda, con el colmillo afilado, el hambriento escuadrón de Harden, Chris Paul y Clint Capela. En Houston creen que es su año, porque tienen más banquillo y defienden mejor que nunca. Lo que es una certeza es que el monopolio en la Conferencia Oeste asoma deshilachado.