En enero de este año el periodista de L'Equipe Philippe Brunel publicó un libro en el que acusa a Lance Armstrong de dopaje mecánico. De hecho, como el pionero en esta práctica dentro del ciclismo profesional. el primer ciclista en usar ese tipo de dopaje. El corredor que hizo que se propulsara esta práctica y la dimensión del Tour y del deporte entero en Estados Unidos y en el resto del planeta con sus siete Tours fue desposeído de todos sus logros tras confesar que se había dopado con sustancias prohibidas. Pero no dijo nada de asuntos de tipo mecánico.
El caso es que en 'Rouler plus vite que la mort' ('Correr más rápido que la muerte'), Brunel despliega una argumentación en la que señala al US Postal y al propio Armstrong de tramar una treta que también le ayudaría a lanzar aquellos ataques temibles que dejaban a rivales como Joseba Beloki, Marco Pantani y demás en la cuneta. Sin posibilidades de reaccionar o plantar cara a un corredor que deshilachaba a sus rivales en los puertos y les remata en la contrarreloj.
Según esa hipótesis, el estadounidense colocaba un diminuto motor en la bicicleta que pasaba desapercibido para la organización del Tour y para la UCI. El ganador de la Grande Boucle entre 1999 y 2005, lanzado en EPO y testosterona, también habría contratado los servicios del ingeniero húngaro Istvan Varjas, el cerebro del dopaje mecánico en el ciclismo. De sus servicios se habría valido Armstrong -según Le Monde- para camuflar ese motor a cambio de un suelo anual que ganaba ceros al mismo ritmo que los éxitos colmaban al norteamericano.
Lance calificó esta teoría como una "broma" en aquel entonces. Pero en este marzo han vuelto a arreciar esos vientos. La Justicia de Francia había abierto una investigación sobre el uso de motores en pruebas actuales y el FBI también arrancó unas pesquisas que confluyeron en un interrogatorio a Varjas, según narra el rotativo galo. Pero, en este punto del calendario es el propio ingeniero húngaro el que ha declarado contra su ex jefe.
Según su testimonio, Armstrong usó un motor, en concreto, en la subida a Sestrieres en la que arrolló a Fernado Escartín, Alex Zulle y demás gallos. Fue en el 13 de julio del 1999: el primer día de gloria del estadounidense en una etapa de montaña en el Tour. Para Varjas, el empleo de su invento en esa ascensión es claro: "Mueve las piernas a la misma velocidad, sea cual sea la posición. Ya sea bailando en la bicicleta o sentado. Sentado en el sillín, lógicamente debería marcar una pausa, romper su ritmo de pedaleo, pero no lo hace, pedalea continuamente".
Los cálculos del húngaro en aquella etapa señalan que el rendimiento de Lance habría marcado un promedio de 590 vatios en plenas rampas, una marca impensable sin su ayuda. "Habría subido 200 marchas de 65 centímetros cada una una vez por segundo. Esto lo puedes hacer con ingravidez en la Luna, no en la Tierra", ha sentenciado Varjas en televisión, comentando paso a paso lo que considera la prueba más explícita de la colaboración que ambos mantuvieron durante años y que ahora le interesa desnudar.
Por otro lado, la UCI ha anunciado este vienres que el positivo por salbutamol de Chris Froome, cuádruple vencedor del Tour, será analizado por el tribunal antidopaje de la UCI. Ese examen deberá realizarse antes de la convocatoria de la prueba francesa, ya que de sus resultados dependerá la participación del líder del Sky en el evento cicliusta del año. Así lo afirma Le Monde. Por ende, la alargada sombra de sospecha sobre el británico, que arrancó con su positivo en la pasada Vuelta España, llegaría a su ansiado fin.
La defensa de Froome ha tratado de conseguir que se diera carpetazo al caso, pero los servicios jurídicos han dilucidado que "no había elementos necesarios" para poder cerrar la investigación, y la decisión de agilizar la intervención de su tribunal antidopaje es una consecuencia de esa aseveración. La presencia del broncodilatador en el análisis del corredor de 32 años puede acabar con su impoluta y triunfal marcha.
El keniata, de nacionalidad británica, ha estado compitiendo en la Vuelta a Andalucía y la Tirreno Adriático a pesar de las advertencias de la UCI al respecto, pues la investigación sobre su inocencia o culpabilidad estaba y está en curso. Pero el corredor del Sky ya ha anunciado que participará en el inminente Tour de Flandes, como preparación del Giro de Italia, uno de sus objetivos primordiales en este convulso 2018. Y lo hace frente a la presión del presidente de la UCI, David Lappartient, quien contactó con el Sky para la suspensión de Froome y aconsejó a los organizadores de las grandes carreras que no le abrieran las puertas.
Sea como fuere, las decisiones del tribunal antidopaje de la UCI toman como mínimo dos meses y medio y algunas demoran hasta un año, un intervalo temporal que cuestiona la participación de Froome en el Tour. Por eso la defensa del ciclista quiere "un procedimiento acelerado" para que la decisión esté lista antes del próximo julio y evitar una posible suspensión cautelar. Su juicio será conducido por Ulrich Haas, un experto en la materia y uno de los redactores de la última versión del código mundial contra el dopaje. Y el organizador de la pomposa carrera gala está presionando a la UCI para acelerar los procesos y lleguen al comienzo de su evento sin suspicacias, en un sentido u otro, con respecto a su último patrón.