Los Lunes de El Imparcial

Horacio Castellanos Moya: Moronga

NOVELA

Domingo 01 de abril de 2018

Literatura Random House. Barcelona, 2018. 336 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 8,99 €.

Por Marta Rózpide



Vivimos en un mundo complejo, donde en un mismo día, en un mismo segundo, conviven la violencia con la paz, las armas con el amor, el exhibicionismo con la intimidad. ¿Significa esto que todo es válido, que todo cabe en una misma moral social? ¿Qué decidimos censurar y por qué? Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, Honduras, 1957) pone de nuevo sobre la mesa la violencia escondida tras la cotidianeidad y la realidad de un mundo que supera a la ficción.

Moronga -que significa morcilla, pero cuyo uso responde a la connotación sexual del término-, es el título de la última obra del escritor criado en El Salvador, y que ha vivido en diversos países (Canadá, México, España…). En ella uno comienza a sentir el miedo y hastío ante la vida (algo ya recurrente en el autor), a través de la confección de un mundo donde todo cabe y todo tiene un destino ya marcado, pero totalmente desconocido.

Si El asco: Thomas Bernhard en San Salvador (1997) hablaba principalmente del desencanto, Moronga se centra en el pesimismo que arrastran sus personajes. Castellanos Moya recupera a su personaje fetiche, Erasmo Aragón, y diseña a su alrededor su propia “trinidad” de voces: un exguerrillero, un periodista y un informe policial. Cada una de ellas protagonista de una de las tres partes del libro: “Zeledón”, “Aragón” y “El tirador oculto”, siendo esta última el epílogo.

Moronga es, pues, una novela con volumen, con distintas dimensiones, poliédrica, donde se tejen hilos finísimos que van hilvanando un cuadro rico en detalles. Entre sus páginas conviven historias con vida propia, que van desarrollándose a la vez que aparecen los distintos personajes. Uno puede vislumbrar, pasado poco más del principio del libro, cómo se conectan el exhibicionismo contemporáneo con la venta de armas, el miedo con el sexo o la tragedia con la rutina.

Arrullado por la ligereza de la escritura y conmovido por el incierto devenir de los personajes, uno va adentrándose sin quererlo en una gruta de náuseas y aturdimiento, un monólogo subterráneo claustrofóbico y sin escapatoria. La narración en primera persona guía al lector hasta una caída libre, donde la tensión aflora y muere repentinamente. Este juego a base de flashbacks y elipsis, este zigzagueo constante entre la realidad y la ficción (propio del realismo mágico, pero crudo y creíble en sus obras) se impone más allá de las temáticas en las que se encasilla al autor. Como sucede con el escritor guatemalteco, Rodrigo Rey Rosa, a Castellanos Moya se le ha asociado con una mal concebida “literatura de la violencia”, cuando esta es solo una parte del acuífero que abastece el mundo imaginario del autor.

En Moronga uno puede empatizar con el miedo y la angustia que sienten los que han vivido una guerra, los que han tenido que abandonar su país para ser personas de ninguna parte. Horacio Castellanos Moya, quien ha sido elogiado por Roberto Bolaño, entre otros, demuestra un trabajo de introspección importante. Su pasado en la guerra civil de su país, el éxodo de su tierra; la acusación de espionaje y la amenaza de muerte son partes de su vida indispensables para comprender sus obras. En esta ocasión, el escritor añade otro escenario al mapa y desarrolla la visión del conflicto salvadoreño desde la perspectiva de unos emigrantes que viven en Merlow Ciy (Estados Unidos), engañados e involucrados otra vez en asuntos sospechosos. Moronga saca a la luz un mundo oculto y censurado, escondido en la normalidad del día a día, que sólo un lector curioso y reflexivo llegará a descifrar.