El 30 de marzo de 2018 arrancó la campaña presidencial de México, que desembocará en la jornada electoral del domingo 1 de julio. Como en la lucha libre, será un verdadero enfrentamiento de máscara contra cabellera.
Nos jugamos la continuidad desastrosa del PRI (con el oficialista José Antonio Meade /Mid/), el ascenso de un gobierno de izquierda inédito (Andrés Manuel López Obrador) ante el voto masivo en caso de que el hartazgo –no el odio, no las vísceras, el hartazgo ante la impunidad del PRI– lo catapultara o uno soportado por un frente de partidos de varias tendencias (Ricardo Anaya), con un toque de derecha que requiere distanciarse urgentemente del candidato oficialista propuesto por el PRI, si deseara ganar. Y una independiente (Margarita Zavala), ex primera dama que a saber con quién llega y a quien la persigue la sombra de su marido, Felipe Calderón (presidente entre 2006 y 2012).
Es una decisión comicial complicada, saturada de las peores cifras vividas por el país gracias al mal ejercicio del priista Enrique Peña Nieto –calificado como el gobierno más corrupto de nuestra historia– y desde luego, evidenciadoras de lo que nos convence a millones: la desgracia de México sería que el PRI ganara de nuevo. Se lo dije a usted aquí en El Imparcial el 1 de diciembre de 2012: los priistas llegaban voraces. Me quedé corto. Su descaro, desvergüenza y desmesura para desfalcar a la Nación es aberrante, reprobable e invita desde ya a sacarlos del gobierno con urgencia o acabarán por reventar a México esta partida de ladrones. Urge echar al PRI. Y sigue Peña defendiendo a sus corruptos funcionarios.
Asistimos a las elecciones más concurridas. Dicen los promotores que serán las más grandes. No, serán grandes solo si el PRI no se roba la presidencia como acostumbra. Cierto es que están convocados 85 millones de votantes. Es la tercera ocasión que en el exterior los inscritos podrán votar para presidente de la República.
Los candidatos ya van en los consabidos dimes y diretes, las chapuzas, los desmentidos y los trascendidos, las gracejadas, lo normal, pues, en esa rebatinga que es una campaña que se respete, donde ha de calar la imperiosa necesidad de valorar el desempeño de Peña Nieto y de articular acciones más interesantes e incluyentes de la oposición ante el deslucido discurso del oficialista Meade, que no prende y que se rumora que ya se pide cambiarlo, porque el PRI va perdiendo en las mediciones de encuestas y entre analistas internacionales.
Y no es poco lo que arrojan las encuestas: piense usted que Peña Nieto con todo el aparato del Estado gastó millones en publicidad para venderse como un buen presidente (risas a discreción) e invirtió todo para atajar a la oposición y encima ha pretendido que su candidato no sea priista para pasar por diferente y honrado. Y ni con todo ese esfuerzo y maña ha conseguido que su candidato despunte. El PRI no ha querido entender que la gente está harta justificadamente con su mala gestión. Y todo apunta a que los millennials decidirán esta elección, de suceder que sean muy concurrida, tal y como lo deseamos.
Todo el tema nos pone en dos pistas bien distintas. Mientras enfocamos el tema interno, Trump nos coloca en una tesitura complicada. Acusa a México de no poner orden en el cauce migratorio, cosa cierta. Las calles de México están inundadas de migrantes que no son detenidos por sus países y pretenden llegar a Estados Unidos, pese a ver la dificultad del asunto. Peña Nieto tiene de cabeza la frontera sur y el paso de migrantes está desbordado. El PRI no supo articular ninguna política migratoria. A decir verdad, ninguna otra. Y nos está poniendo en alto riesgo frente a Estados Unidos. Es muy peligrosa la continuidad del PRI.
Mientras Trump despliega la Guardia Nacional en su frontera sur, manotea presionando con esta carta para que la negociación del TLCAN le sea más favorable, pues presumimos de que no lo ha sido para él por sus múltiples refunfuños y lloriqueos, pero es verdad que el gobierno mexicano no explica detalles de cómo está esa borrascosa negociación. Y la economía pende del curso que tome la guerra comercial entre los yanquis y China, una que estoy cierto que perderá Estados Unidos porque lo vengo advirtiendo: es un país anquilosado, que hace lustros dejó de ser competitivo. Las que no gana quiere empatarlas y no le da para conseguirlo. Pekín lo sabe y sabe su propio juego.
El ajedrez internacional debería llamar la atención de los candidatos mexicanos, porque no es solo que Peña Nieto los dejará hipotecados con una deuda externa incrementada de manera irresponsable por el PRI en el gobierno, y muy peligrosa –que representa el 51 % del PIB– y que los limitará en su acciones, sino que el panorama mundial los puede poner en la tesitura de tomar decisiones sorpresivas y por lo tanto, equivocadas.
Porque no son cosa menor la guerra comercial sino-estadounidense, las presiones de Trump contra México y sus escaramuzas con Canadá, y sume usted la Cumbre de las Américas en Lima este mes de abril y que el día 15 de los corrientes Guatemala, nuestra vecina, organizará una consulta para ver si emprende acciones contra Belice que tienden a la anexión. Un cambio abrupto en la frontera sur mexicana que pinta para conflicto con esa monarquía adherida a la británica y que también nos atañe y nos pone en riesgo. Los candidatos no deberían de estarse solo mirando el ombligo como lo están haciendo.
Pues bien ¿quién ganará la contienda mexicana? Temprano resulta decirlo, pero de momento los sondeos apuntan a López Obrador y su proyecto de izquierda. Su tercera participación en campaña presidencial no garantiza su triunfo, que aún falta que corra mucha agua bajo el puente. Queda esperar y seguir el desenvolvimiento de este proceso electoral que promete ser cardíaco en su resultado. No olvide usted mis palabras expresadas en ultramar.
Y reflexiono si en medio del jaleo que se nos avecina, sería mejor solo quedarme con las imágenes de la reina Letizia saboteando una linda foto que intentaba infructuosamente obtener la reina Sofía con sus nietas, a las puertas de la catedral de Palma, y que han cruzado el océano y nos han dejado boquiabiertos en América. Solo puedo expresar que doña Sofía ha sabido estar, pues ha sacado la casta y nos ha mostrado poseer la clase que nos recuerda que con tal, se nace.