Opinión

Revelación

TRIBUNA

Natalia K. Denisova | Sábado 07 de abril de 2018

La semana posterior a la Resurrección resultó ser rica en revelaciones. Nunca la realidad ha sido tan claramente retratada por los “presonajes” públicos. Usurpo a Sancho Panza el uso de la palabra “presonajes”, porque éstos no llegan a ser verdaderos personajes, mas su actuación perturba la vida de todo un país. El caso Cifuentes y el caso Puigdemont dejaron al descubierto el presente nada halagüeño que desembocará en el futuro turbio y oscuro para España y para Europa.

El master de Cifuentes, sin entrar en el análisis de su credibilidad, durante días se convirtió en el tema constante de tertulias, artículos, debates televisivos. Pocas veces los medios de comunicación coinciden tanto en criticar sin tregua a un político. Espectacular fue la movilización de todo tipo de especialistas para descubrir qué es la verdad y qué es la mentira en los estudios de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Uno se iba a la cama escuchando las críticas y podía estar seguro de que al despertarse seguiría retumbando el mismo tema en la radio y la televisión. Si somos sinceros, tenemos que reconocer que el comportamiento poco ejemplar de la presidenta es, desgraciadamente, compartido por muchos políticos y numerosos ciudadanos de a pie, por lo cual hay algo anómalo en esta unánime insistencia en el tema de master. Hay algo anormal en las declaraciones cambiantes de los directivos de la Universidad Juan Carlos I. ¿Cómo en el país que se está desapareciendo el tema de master pueda prosperar durante tantos días sin algún interés que lo mantenga? ¿Cuáles son los hilos que mueven la política española? ¿Quién decide y manda directivas a los medios para hablar de un tema determinado?

El caso de Puigdemont, por otro lado, demuestra que no hay mal que por bien no venga. Gracias a una discutible sentencia de un juzgado provincial alemán el eterno cainismo español quedó herido de muerte. La ciega creencia en la superioridad alemana y su justicia incuestionable, que satura el aire mediterráneo de este país, ya no tiene base. Desilusión y frustración para muchos, es el triunfo para pocos. La salida airosa del prófugo Puigdemont es un fuerte golpe a la unidad de España. Resulta que para una Audiencia territorial de Schlewig-Holstein es aceptable que un líder político proclame la independencia y durante meses ponga en jaque la integridad de un estado de la Unión Europea, sin que el gobierno del país en cuestión lo pueda juzgar por ello. Si no hubo matanzas ni conflictos graves en las calles, entonces no hubo rebelión. Terrible sentencia. Horrorosa realidad. Juzgar a Puigdemont por la malversación es incitar población al conflicto civil. De otra manera, seguirá la payasada de las independencias y las repúblicas de cartón piedra, todo esto avalado por el medroso y adormecido gobierno de la Moncloa.

Vivimos una gran tragedia nacional, una gran crisis europea. Y nadie dice nada… Pero seguimos buscando el trabajo de fin de master de la presidenta regional.