Juan José Alonso Millán | Martes 15 de julio de 2008
El año 1959 fue, teatralmente hablando, fundamental en mi vida. Conrado Blanco, el empresario del Lara, estrenaba mi primera obra en Barcelona, “Las señoras primero”, constituyendo uno de los mayores fracasos que se recuerdan. Por el contrario, Alfredo Mañas estrenaba en el Goya de Madrid “La Feria de Cuernicabra”. Dos acontecimientos antagónicos, que me hicieron recapacitar: que lo mío era el teatro y que Alfredo Mañas era un autor como una casa.
En el mundillo teatral, se hablaba del nacimiento de un autor joven, oriundo de un pueblo de Aragón. Un humilde aldeano, que Manuel Benítez Sánchez-Cortés había descubierto. Le formó compañía y estrenó “La Feria de Cuernicabra”, el eje se halla en la vieja historia del corregidor y la molinera, con su picardía y su encanto inolvidable. Una compañía compuesta por María Asquerino, Rodero, José Luis Heredia, Luisa Sala y Gracita Morales. Ahí salían nuestros grandes antecedentes de la literatura española; Valle Inclán y García Lorca. Refranes, canciones, pullas, vayas, donaires, glosas de romances viejos, resabios no sólo de expresión, sino también de intención de toda nuestra picaresca. Un éxito rotundo, que yo quise montar con el TEU de Madrid. En la cafetería Dólar conocí a Mañas -autor de moda- y quedé fascinado por su cultura, encanto y simpatía. Era casi diez años mayor que yo. Un triunfador y yo, nada, de nada. Desde entonces fuimos amigos. Años más tarde, estrenaba “Historias de los Tarantos”, otro éxito teatral y cinematográfico. He aquí dos obras importantísimas del teatro de la postguerra, que no han vuelto a ser representadas. Una versión magnífica de “Misericordia”, de Galdós, en el María Guerrero. Como actor debutó con “La zapatera prodigiosa” de Lorca, en la compañía de Amparo Soler Leal. La amistad con la familia del poeta fue decisiva para Alfredo.
Se trasladó a “vivir” al Café Gijón y, curiosamente, sus contertulios no eran gentes de farándula, sino de la pintura: Viola, Quirós, Caneja, Pepe Díaz, Úrculo, Mampaso, Ontañón, Redondela y algunos poetas. Para casarse, eligió una actriz, Paloma Lorena, y fruto del matrimonio nació Achero Mañas, estupendo director de cine. Trabajó con Emiliano Piedra, en la confección de guiones, como “Campanadas a media noche”. Con Tito Fernández hizo varias películas de gran éxito comercial y fue uno de sus grandes amigos.
Dotado de gran memoria y enorme cultura, sobre todo del XIX y el XX, quizás fueran la causa de que produjera poco teatro. Le daba vergüenza y desistía a la hora de ponerse a escribir. Satírico hasta decir basta. Implacable con sus enemigos y amigo hasta la muerte de los suyos; Miguel Ángel Aguilar o Jorge Grau, entre otros.
El Consejo de la SGAE, le nombró asesor de la Presidencia, donde yo estaba. Me consta que fueron unos años para él inolvidables. Le debo mucho a Alfredo de aquella época. Refrescó mi cultura en los clásicos y discutimos sin cesar de teatro. La SGAE de aquella época era frecuentada por los dramaturgos del momento. Mañas destacaba por su brillantez y sátira inigualable.
Un día, cansado de que las cosas ya no fueran lo que fueron, se marchó dejando pintura de amigos, dos obras de teatro maravillosas y la veneración de unos cuantos, que no le olvidamos.
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