Opinión

Darfur, otro conflicto olvidado

Martes 15 de julio de 2008
El presidente de Sudán, Omar Al-Bachir, ostenta ya el dudoso honor de haberse convertido en el primer jefe de estado imputado por el Tribunal Penal Internacional -TPI-, estando aún en el ejercicio de su cargo. Otros dos ya lo fueron con anterioridad, el serbio Slobodan Milosevic y el liberiano Charles Taylor, si bien en ambos casos su imputación se produjo a posteriori de su mandato. Los cargos que ha esgrimido el fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional para solicitar una orden de detención contra Al-Bachir no dejan lugar a dudas: genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad en relación con el conflicto de Darfur. El Gobierno de Jartum, como era de esperar, ni reconoce la autoridad del TPI ni parece importarle demasiado la situación.

Máxime, cuando quien realmente debe tomar cartas en el asunto no lo hace. Por un lado, la Unión Africana -UA- ya ha solicitado formalmente que se retire la orden de detención. Por otro, la Liga Árabe ha anunciado una reunión para tratar el asunto. Asistimos, por tanto, a dos realidades endémicas, pero no por ello menos desalentadoras: la proverbial desunión de los países que conforman la Liga Árabe, y otro tanto con las naciones africanas, añadiendo aquí un punto de desorganización casi ancestral. Mientras, la tragedia humanitaria sigue su curso. Tragedia que en cifras tiene una lectura atroz: 300.000 muertos y más de dos millones de desplazados, a los que se unen hambruna y enfermedades. La base de todo está en la feroz represión llevada a cabo por el gobierno sudanés, un régimen militar musulmán, contra la minoría cristiana de Darfur. Para ello, ha contado con la inestimable ayuda de la milicia islámica Janjaweed. Por desgracia, Darfur no tiene petróleo, con lo que lleva camino de convertirse en otro de esos conflictos lejanos que avergüenzan la dignidad humana. Pero que amenaza con convertirse en una catástrofe humanitaria de proporciones enormes.

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