La convocatoria y el protagonismo de las federaciones catalanas de UGT y CCOO en la manifestación separatista de Barcelona han indignado a la inmensa mayoría de los afiliados en toda España. Resulta un escándalo que las centrales sindicales emitan un comunicado denunciando la “desproporcionada y abusiva” actuación judicial por encarcelar a los golpistas que intentaron saltarse la Constitución y declarar la independencia.
Porque los dirigentes políticos que han gobernado la Generalidad, y a los que defendían los líderes sindicales, han aplicado los mayores recortes de esos derechos por sus despilfarros por el “procés”, han disparado los índices de paro y están llevando a Cataluña a la ruina, perjudicando especialmente a las clases trabajadoras. Porque la manifestación de ayer no se producía para protestar contra el Gobierno del PP, ni contra las escuálidas pensiones, ni contra la reforma laboral. Era para apoyar a unos políticos que se han saltado la ley y pretenden ser impunes.
Es habitual en Cataluña que las organizaciones de izquierda se contaminen con “el procés”. No pueden evitar sumarse a las manifestaciones contra el Gobierno del PP, contra “la represión del Estado”, contra la Constitución. La opinión pública ya está acostumbrada al constante apoyo a los secesionistas de la alcaldesa de Barcelona y de la delegación catalana de Podemos. Colau y Doménech encabezaron la manifestación, en esa ambigüedad calculada que ya no engaña a nadie. También Iceta en su día defendió el indulto de los políticos presos y votó en contra de la dimisión del furibundo secesionista Roger Torrent.
Pero los históricos sindicatos españoles no pueden dejarse contaminar por unos políticos xenófobos e insolidarios con los trabajadores que solo buscan romper España. Los secretarios generales de CCOO y UGT, Unai Sordo y Álvarez Suárez, están obligados a expedientar a sus representantes en Cataluña y a emitir un comunicado desligándose del apoyo a la causa separatista, denunciando el bloqueo de las Instituciones y los perjuicios económicos provocados, precisamente, por los políticos a los que ayer apoyaban en Barcelona. Porque la tarea de las centrales sindicales no es otra que defender los derechos de los trabajadores, esos derechos que han sido pisoteados por Artur Mas, Puigdemont y compañía.