Opinión

Siria: ping-pong de las potencias

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 19 de abril de 2018

La niña que tapa la vista a su muñeca para que no vea el horror en que se ha convertido a su país, es la descarnada y vergonzante llamada de atención a no perder la sensibilidad acerca de la tragedia humana que es la guerra. Involucra gente y eso jamás lo olvidemos. La carnicería de Siria es atroz.

Así mismo nos advierte esa desgarradora y vergonzosa imagen viralizada en las redes sociales, que su país es cogido como pelota de ping-pong entre los intereses de las potencias, donde no las hay buenas y malas, sino poderosas y destructivas. Punto. Porque no hay imperialismos buenos. Los hay y ya.

No, con mis palabras no pretendo conducir a las alturas lo que parece y es elemental, sino justo por eso debemos regresar a ello, a lo elemental: el sufrimiento de un país por el desastre por el cual transita, se rastrea. Es recordarnos que el tema de un dictador como Bashar al-Ássad no es cosa menor, pero no es la causa toral para que Siria esté siendo ensangrentada por Estados Unidos y por Rusia, disputándosela en realidad cual dos perros de caza. Y las naciones que se suman a esa rapiña, por activa y por pasiva.

¿Por qué Siria? Hay que regresar a lo fundamental, al inicio. Porque se ubica en un espacio geográfico estratégico, el Medio Oriente –paso obligado del comercio mundial que une tres continentes desde siempre– y está estratégicamente colocada a la vera de ese tránsito internacional. Es, además, un espacio idóneo en esa ficción creada como país que es Siria, tal y como lo dispuso el Tratado de Sevrès de 1920. Un pedazo de tierra ambicionado como zona de influencia, esa que mientras dejaba a los kurdos sin país, consolidaba el dominio franco-británico en la zona de incipientes intereses petroleros, que a su vez cerraba el paso ruso al Mediterráneo, ese mar negado por la geografía y por la historia a Rusia, sin renunciar jamás a él.

Y nunca lo ha hecho de forma permanente agenciándose un territorio, porque desde luego que es poner un pie en un mar estratégicamente crucial, geopolíticamente necesario para adueñarse de las rutas marítimas y por ende comerciales o al menos, a compartirlas. Supone así ejercer un trascendental control sobre ellas. Pregunte usted a la Gran Bretaña si no es así, dominando los países clave del Mediterráneo: Gibraltar, Malta, Chipre, Suez.

Sume usted que las cosas forzadas por Rusia, para mantener un pie metido ahí, tensándolas, favoreciendo el empoderamiento de una Siria amenazante y amenazada por Israel –que no acaba de resolver satisfactoria y pacíficamente el tema palestino, embrollándolo y orillándolo a un fundamentalismo deplorable presente en ambas partes– implica incrementar la tensión bajo una crisis permanente y desgastante y que beneficia el negocio de la guerra, colocando en riesgo latente al planeta entero.

No olvide usted que poner un pie allí ha sido un sueño ruso de muy viejo cuño, perfectamente documentado desde por lo menos, la Guerra de Crimea, y conseguirlo como va lográndose, desequilibra el statu quo entre las potencias del orbe. Hoy son otros tiempos y se trabaja en ello, constatándolo alarmadas las otras. Ya luego Trump en el escenario complica el tema con sus arrebatos. Armas químicas dice el estadounidense y ataca para prevenir, advierte, en tanto los rusos atacan para defender, nos aseguran. Siria es la diana. Al final el resultado es una Siria masacrada, una carnicería que ha de denunciarse por su impunidad.

Tras el miserable bombardeo al que se alega como justificación del ataque estadounidense, con el supuesto y no probado fehacientemente uso de armas químicas por parte del gobierno sirio y como grosero pretexto para intervenir en el conflicto sirio y sacar raja de tal, tenemos un “misión cumplida”, dice Trump. ¿Lo dice en serio? Qué bochornoso. Parece que la desvergüenza no tiene límite. Los masacrados no son pocos y nunca es una misión cumplida si no es que se tiene mala leche. Es el caso. Parece más el triunfo de decir un “así se hacen las cosas”, atacando a un país y después jactarse limpiándose las manos manchadas de sangre. Vaya esperpento y qué escena tan grotesca montada por el yanqui.

Celebrar la precisión de sus armas y suponer que ha ganado esa partida a costa del pueblo sirio –no de sus gobernantes y lo sabe– es espeluznante. La respuesta rusa no parece que irá más lejos de la rabieta y su fracaso a buscar la condena de Naciones Unidas, donde el portugués Antonio Guterres, quien preside, anticipa que ya estamos en la nueva Guerra Fría. Esa que aquí le he dicho hace tiempo que ha existido y adelanto que es a tres bandas, porque los chinos –acusando la soberbia yanqui en todo este lío– son parte de ella. En todo caso, porque es un gran negocio, y así las potencias prolongarán el conflicto, pero estoy cierto que Rusia no retrocederá y garantizará con su presencia, rutas de distribución de petróleo a través de Siria, en caso de haberlas como se sospecha que las hubo en tiempos recientes.

Parece que las potencias se jactan de presumir carniceras y quién ha fastidiado peor a Siria, con su olor a muerte, su guerra civil, sus bombardeados lugares y cauda de refugiados; tierra de nadie para ISIS y donde ha fracasado todo plan por derribar a su gobierno y donde todos los vecinos han sacado raja. Si en el fondo se suma controlar rutas petroleras, es una especulación de momento; más a cualquier plan estadounidense en esa dirección se le atravesarán los rusos y esto puede ser solo una guerra de desgaste, donde en medio quedarán masacrados los sirios, cuyo delito será al final estar en el paso de las potencias camino de alcanzar sus intereses a costa de ese pueblo.

Ante tanta podredumbre no me extraña que la niña tape los ojos a su muñeca. Es horroroso y vergonzante como la Humanidad es brutal y como puede primar la bastardez de decir “misión cumplida” y vanagloriarse de falsos supuestos altos valores defendidos, habiendo corifeos y encandilados que lo celebren. Sin pruebas de armas químicas usadas de por medio, el ataque a Siria es una desgraciadez.

Rinconete: se cumple este 20 de abril los 120 años del inicio de la Guerra de 98, derivada en el consiguiente Desastre del 98. A la distancia, sabiendo que Estados Unidos sí hundió el Maine, que Cuba no acabó en sus manos y que en cambio, Puerto Rico sigue bajo su tutela, solo resta decir de aquella infausta contienda donde fue una canallada matar a 265 marineros por quedarse con la Gran Antilla –es decir que sus vidas salían baratas para tan jugoso negocio– nos recuerda que el reciente bombardeo a Siria solo es una acción remasterizada para defender intereses mezquinos. Sus muertos también salen baratos para lo que se cocina.