Se cumplen 120 años de los episodios que conformaron la Guerra del 98, con su colofón , el Desastre y la Generación del 98 de la que, entiendo, Azorín no se consideró parte al señalar que solo fue testigo de aquel aciago año 1898 y punto.
Los sucesos de 1898, ampliamente documentados, arrojaron luz clarificadora sobre los entresijos que los definieron, maleados y tergiversados por décadas y hoy son más que aceptados, permitiéndonos ver el acontecimiento con mejor perspectiva. Tal fue el caso de saber que la explosión del Maine sí fue por causas internas y por lo tanto, perfectamente atribuibles o al menos, imputables, a los Estados Unidos
Hoy sabemos con más claridad que el 98 significó el ascenso de Estados Unidos como potencia de segundo orden y que con su racismo y su arrogancia se sintieron dueños y señores del continente americano, ya en la ausencia de España. Y posiblemente los españoles desconozcan que una vez ausente España en América, aquel país se enseñoreó sin recato alguno de una forma tal –a través de invasiones militares, expansión económica e imposición de sus reglas, avasallándolo– que orilló apenas 8 años después a Rubén Darío a poner la voz de alarma, diciendo “¿tantos acabaremos hablando inglés? en su oda a Roosevelt, un magnífico texto desnudando la exacta ambición yanqui, la de Guantánamo, la del canal de Panamá o del Comando Sur, anticipando los gorilatos y desmanes que provocaría en el subcontinente latinoamericano. ¡Qué pesadillas para América toda! Y de paso despreciando la cultura hispánica, folklorizándola, trastocándola, ridiculizándola en su nulo entendimiento y ausente deseo de tenerlo, despreciativos, aborreciéndola.
Sí, con sus bemoles, sus paradojas, sus contrasentidos que nos dejan la Hispanic Sociaty o a Miss Whitney aproximándose al entorno onubense, deseando conocerlo. O un Heminway o un Walt Disney deseosos de acercarse a su entorno hispánico, manifiesto en versiones tan diversas como la cubana o la mexicana, respectivamente.
Y transcurrieron 120 años. En ese plazo, España pasó por un azaroso siglo, en que ya arrastraba otros temas que no necesariamente estaban logados a la pérdida del imperio colonial. Los Estados Unidos pasaron a ser la superpotencia mundial y Cuba, Puerto Rico y Filipinas descubrieron su propia realidad bajo el dominio estadounidense, lejano al promisorio como se los dibujaron. Anexionista e impositivo de manera muy poco democrática –medido con valores de antaño y hogaño– arrasando, mediatizando la cultura hispánica presente en los tres territorios.
Será que hoy a nadie le importa. Será que nadie quiere acordarse y además, el olvido sistemático y perfectamente orquestado ha hecho mella, pero no está demás recordarlo. Afortunadamente la remembranza ha sido rica y copiosa en torno al centenario de 1998. Quede allí. En esta ocasión solo deseo poner el acento un poco más en algunas breves consideraciones.
Sépase por principio de cuentas que España sí tuvo en América un mal cartel después del 98. Sí, un sentimiento ambivalente y una idea de que ya no tenía nada que aportar. Desde luego no ha sido así y nos congratulamos. Ha trabajado tesonera en mejorar esa imagen y con creces lo ha conseguido, durante este periodo que nos ocupa.
Cuba pasó de la republica mediatizada donde Estados Unidos hacía a su antojo cuanto quería, a una república socialista que hoy aún no define su rumbo definitivo. La transición castrista va lenta y sin rumbo cierto. Es que los Castro fueron los verdaderos “socialistos”, que no construyeron una transición a tiempo. Es difícil mover piezas en un andamiaje pútrido e infecto, al que solo ha de salvaguardarlo el ánimo de cambio; y sigo considerando que la historia de la Revolución Cubana vuelta gobierno aún no está escrita. Sus protagonistas, el pueblo cubano al completo, aún debe contar desde adentro aquella historia. Valiosas las voces que se marcharon, pero nos faltan las que adentro libremente cuenten su verdad y me temo que no será una verdad, sino varias y todas valederas. Todas. Como sea, Putin ha expresado su apoyo al nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel. No soltará en esta nueva Guerra Fría, lo ganado en la anterior. Y Díaz-Canel a la sombra de Raúl Castro, no será otro Estrada Palma abriéndole la puerta a los yanquis.
Puerto Rico es esa entidad cercana que nos parece a veces extraña en una asociación compleja con Estados Unidos. Esa que reabre debates que discurren entre el anexionismo definitivo, la estadidad existente o la independencia que poco prende, mientras se defiende y se construye una identidad diferenciada de la estadounidense. Menuda tarea, desde luego. Nos muestra un país que lucha por una identidad que defiende el idioma español, que sabe moverse en distintas culturas y su ímpetu nos contagia. Puerto Rico merece voz propia y no una solo al amparo de los Estados Unidos.
Filipinas es la muestra de una resistencia y de un robo de identidad que se reivindica de muchas maneras. Una en condiciones adversas, pero constante. Una que defiende el idioma español también, donde el Instituto Cervantes desarrolla una plausible tarea. México debería de acercarse a ellas, porque su presencia por dos siglo y medio no fue menor. Ese esfuerzo merece ampliarse. México debería tener una presencia mayor, porque fue con mexicanos con quienes se construyó aquello. A las Filipinas hay verlas cercanas, como que su patrona es la misma Virgen de Guadalupe de México. Ya eso debería de motivarnos al acercamiento, rebuscando lazos comunes.
En resumen, el 98 nos llama y nos conduce a replantearlo y reflexionarlo. No merece ni el olvido ni la indiferencia. Merece nuestra entera atención y seguimiento. En este aniversario redondo, concedámoselas.
Rinconete: el ejecutivo mexicano de extracción priista ha dado otra gira por Europa. Otra. Una presidencia abusiva en el rubro de viajes internacionales como la de Peña Nieto –que ha confundido la presidencia de la República con una agencia de viajes– permite afirmar que fue abusiva en la materia, poniendo ejemplos: que tan solo en un viaje a Londres se llevó a 200 invitados. Esta vez se ha detenido en España. Fue recibido por el presidente Mariano Rajoy y después por el rey Felipe VI en un almuerzo acompañados de sus esposas. Usted amigo lector merece saber que el mandatario mexicano va de salida, así que aportaría poco. Y eso porque si es responsable, suponiendo, con un gobierno ya débil que augura que su partido perderá las elecciones, es que ya no comprometería su palabra imposibilitado de cumplirla a largo plazo. Se marchará el 1 de diciembre y las elecciones a sucederlo son el 1 de julio. Así que poca cosa, ya.