Carolina Marín es la patrona del bádminton continental. Lo ha corroborado este domingo, en el Palacio de Deportes de Huelva. En ese recinto arrolló a a rusa Evgeniya Kosetskaya por 21-15 y 21-7, para proclamarse campeona de Europa por cuarta vez. Un total de 35 minutos fue el tiempo que empleó la andaluza en revalidar los títulos que acumulaba en su currículo (2014, 2016 y 2017) y cumplir el sueño de reinar en su casa.
El recinto, lleno y enfervorecido para empujar a su paisana, disfrutó del rendimiento de la onubense única. Y además de batallar y superar a su oponente tuvo que vencer a su mente, a la exigencia que le impone. Supo conjugar su clase y determinación para neutralizar la presión de saberse favorita y la tensión propia de jugar en su ciudad. Y en su ,entalización residió gran parte de este nuevo éxtasis de la inagotable fuente de éxitos que constituye su trayectoria.
Salió a la pista con toda la intensidad y un estilo atacante. El fruto fue un 4-1 inicial que avisó a la rusa de la realidad de la relación de fuerzas que se iba a desarrollar en la final. Desterró el nerviosismo que la atenazó en las rendas previas y su decisión contagió al público. Pero Kosetskaya evidenció su nivel remontando hasta el 4-3. Eso sí, ese recorte de la ventaja española fue más culpa de los errores de la local que de los aciertos visitantes.
Y Carolina aceleraría tras ese breve bache. Su escapada tomó forma cuando recobró el tempo que le favorece. Por ende, se extendió su dominio hasta el 10-5 que volvió a retratar la distancia denivel. Al descanso se llegaría con un 11-7 esclarecedor. La jugadora rusa había localizado en la red su punto flaco y Marín lo supo amortizar. Brotaría la calidad de la andaluza con un golpe sensacional que cayó junto a la línea de fondo. En ese punto edifico el 16-10 que iría gestionando hasta el final del set. Alternarían putnos las dos finalistas hasta que un remate en suspensión y un error de la aspirante cerraron el 21-15 que encarrilaba el oro para la jugadora onubense.
En la segunda manga Marín adoptó una actitud un tanto más calmado. Más estratégico. Trató de desgastar a su oponente por el cauce de alargar los puntos y arrinconarla a defender de manera perpetua. Afiló sus golpeos ganadores y llegó a minimizar las imprecisiones. El resultado fue el despliegue de un 7-1 que, de nuevo, obligó a la rusa a ejecutar un esfuerzo por no salir de eje. Mas en esta oportunidad no llegaría su respingo.
Con 11-4, Carolina se gustaba y subió el nivel estético de sus lanzamientos, para deleite de la hinchada. Y cuando arribó a los 10 puntos de brecha (14-4). No cedería su mandato la española y el 19-6 fue el paso previo al festejo colectivo. Con el coro del público propulsando la inercia, la andaluza falló en la red. Sin embargo, la visitante le devolvió el favor y el punto postrero llenó de lágrimas a un deportista de pelaje irrepetible. Corrió a abarazar a su familia entre el graderío. Había vuelto a coronarse como la mejor de Europa.
"Desde que me he levantado esta mañana me he dicho a mí misma disfruta de este día, va a ser el último que juegues aquí delante de tu gente, disfruta de esta final y lo he hecho y por eso estoy feliz", declaró una jugadora que hizo historia al superar la marca de tres europeos concatenados que poseía la danesa Camilla Martin. Y explicó el gtrabajo mental realizado tras su discreto juego exhibido en semis: "He cambiado, he disfrutado más y he ido a por todas".
"No puedo describir la emoción que siento por dentro", proclamó antes de desgranar que consesuó con su equipo que el principal elemento sobre el que trabajar era "el control de mis emociones en un escenario nuevo para mí". Ahora, con este oro, se visualiza volviendo a la pelea por el número 1 del mundo. Pero, todoa su tiempo: "Ojalá que sea (este sentimiento) el más largo de mi vida, porque quiero disfrutar mucho más de toda este gente tras una semana increíble".